La nieve que cae en el desierto - Capítulo 30
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30: Capítulo 29: Contrarreloj 30: Capítulo 29: Contrarreloj Lars avanzó por los pasillos con pasos sigilosos pero firmes, su mente nublada por la furia.
No tenía un plan claro, solo sabía que no podía marcharse sin descubrir quién había hecho sufrir a Nora.
Cuando giró en un recodo oscuro, una figura emergió de las sombras con la misma naturalidad con la que el viento se desliza entre las grietas.
—Ah, qué sorpresa —dijo Hui Wei con su característica sonrisa ladeada—.
Me preguntaba cuánto tardarías en aparecer.
Lars reaccionó de inmediato, desenvainando su espada y apuntándola directamente a la garganta del hombre.
—Dime quién lo hizo —espetó, su voz apenas un susurro cargado de ira contenida—.
¿Quién torturó a Nora?
Hui Wei ni siquiera parpadeó.
Su expresión permaneció inmutable mientras respondía con calma: —Yo.
Lars sintió que su sangre hervía.
Apretó los dientes y presionó más la hoja contra la piel de Hui Wei, lo suficiente para que un leve hilo de sangre resbalara por su cuello.
—¿Por qué?
—Porque era necesario —respondió Hui Wei sin titubear—.
Tu hermano me ordenó que lo capturara con vida, pero nunca dijo en qué condiciones debía entregarlo.
Lars sintió que su mano temblaba sobre el mango de la espada.
Hui Wei lo notó y su sonrisa se ensanchó.
—¿Y ahora qué, príncipe?
—susurró—.
¿Vas a matarme?
Lars apretó la empuñadura con más fuerza.
—Debería.
—Pero no lo harás.
—Cállate.
—No tienes el coraje para matar.
El temblor en su mano se intensificó.
Sabía que tenía razón.
Sabía que, a pesar de la rabia que le quemaba el pecho, no podía hacerlo.
Y Hui Wei también lo sabía.
Hui Wei inclinó levemente la cabeza, sin apartar la vista de Lars.
La espada seguía apuntándole, pero su expresión era de pura indiferencia, como si la situación le divirtiera más que preocuparle.
—Voy a hacerte un favor, príncipe —dijo con tranquilidad—.
Te daré la oportunidad de escapar.
Lars entrecerró los ojos, sin aflojar su agarre.
—¿Por qué harías eso?
—Porque, para ser honesto, no estoy interesado en ti —respondió Hui Wei con ligereza, como si estuviera hablando del clima—.
No eres mi objetivo.
Lars no bajó la guardia.
—¿Y quién sí lo es?
Hui Wei esbozó una sonrisa.
—Tu hermana.
El estómago de Lars se hundió.
—¿Qué estás diciendo…?
—Que Caesar ya sabe que la princesa Phineas se encuentra atravesando el desierto de Ankarà —le confesó con una calma inquietante—.
Así que… esto se ha convertido en una carrera contra el tiempo.
Lars sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Mientes.
—Puedes creer lo que quieras —se encogió de hombros—.
Pero si yo fuera tú, no perdería tiempo aquí.
Por primera vez, Lars bajó la espada, pero no porque confiara en Hui Wei, sino porque comprendía el peso de sus palabras.
Si lo que decía era cierto, Phineas estaba en peligro, y si Caesar la alcanzaba primero… —¿Por qué me dices esto?
—preguntó con desconfianza.
Hui Wei lo observó con una mirada afilada, como si estuviera evaluándolo.
—Tal vez solo quiero ver qué harás con la información —dijo con una sonrisa enigmática—.
Después de todo, esto apenas comienza.
Lars apretó los puños, su mente ya trazando el próximo movimiento.
No podía quedarse ahí.
No podía perder más tiempo.
Se volvió sin responderle a Hui Wei y se internó en la oscuridad de los pasillos, su única certeza era que debía moverse rápido.
Esa noche, bajo el manto de sombras que cubría Dorean, tomó una decisión: haría lo que fuera necesario para alcanzar a su hermana antes que Caesar.
No podía permitirse otra pérdida.
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