La nieve que cae en el desierto - Capítulo 36
- Inicio
- Todas las novelas
- La nieve que cae en el desierto
- Capítulo 36 - 36 Capítulo 35 Más preguntas que respuestas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
36: Capítulo 35: Más preguntas que respuestas 36: Capítulo 35: Más preguntas que respuestas Hakeem fue el primero en moverse.
Cruzó la puerta sin dudar, pero cuando Kou lo siguió, su voz lo detuvo, cortante.
—Espera aquí.
Este se detuvo de inmediato.
No objetó nada, simplemente inclinó la cabeza en señal de reconocimiento y cerró la puerta tras él.
Por su parte, Hakeem avanzó hacia la cama, donde Phineas yacía inmóvil.
Su respiración era tranquila, su expresión relajada, como si simplemente estuviera dormida.
La doctora, que estaba de pie junto al lecho, inclinó la cabeza con respeto.
—Saludos al sultán.
Hakeem dirigió una mirada severa.
—Puede dejar las formalidades de lado.
Ahora dígame cómo está.
La doctora asintió con rapidez.
—No encontré ninguna anomalía en su estado.
Su pulso es estable, su temperatura normal.
No hay signos de enfermedad o intoxicación.
Parece…
que simplemente está dormida.
—¿Eso significa que despertará?
La doctora entrelazó las manos con expresión prudente.
—Por lo que puedo determinar, sí.
Pero no sé cuánto tiempo tomará.
Lo único que podemos hacer es esperar.
—Entiendo.
Gracias por su trabajo.
Pueden retirarse.
La doctora y sus asistentes hicieron una reverencia antes de salir.
Por un momento, el silencio llenó la habitación.
Hakeem se quedó de pie junto a la cama, observando a Phineas.
Su respiración seguía tranquila, su expresión serena.
Pero verla así, inmóvil, como la primera vez que llegó a Ak’tenas, le provocaba una extraña sensación de desasosiego.
—Despierta pronto…
—susurró en voz baja.
Entonces, un leve aleteo interrumpió sus pensamientos.
Giró el rostro justo a tiempo para ver a Nubia colarse por la ventana, moviéndose con la misma agilidad con la que solía hacerlo.
La Fenhari saltó sobre la cama sin importarle la presencia de Phineas y se sentó con la cola enroscada alrededor de su cuerpo.
—Mi señor te busca —anunció con su tono impasible—.
Te espera en tu despacho.
Antes de que pudiera reaccionar, Nubia se giró y salió por la ventana de un salto, desapareciendo tan rápido como había llegado.
Hakeem parpadeó, sorprendido.
Aquello no era normal.
Aksha nunca llegaba sin avisar.
Algo no estaba bien.
Reaccionó de inmediato.
Se apresuró a salir del cuarto y, al cruzar la puerta, miró a Kou.
—Quédate aquí y cuídala.
Kou simplemente asintió, sin hacer preguntas.
Sin perder más tiempo, Hakeem se alejó por el pasillo rápidamente.
Sus pasos resonaron en el mármol del pasillo, apresurados y certeros.
Atravesó las galerías del ala este del palacio sin detenerse a saludar a nadie, sin responder a las miradas inquisitivas de los sirvientes que se apartaban al verlo pasar.
Al doblar en uno de los corredores que conducía a la parte más alta de la torre sur, el aire comenzó a tornarse más fresco, más seco.
Era sutil, pero inconfundible: la señal de que “él” ya estaba allí.
Abrió la puerta de su despacho y se encontró con una escena que no esperaba.
Aksha estaba de pie frente al librero, girando distraídamente un globo terráqueo que estaba allí como simple adorno.
Sus dedos pequeños daban golpecitos en la superficie mientras observaba el objeto con curiosidad.
Por un instante, la imagen le resultó casi absurda.
Un dios de cientos de años, capaz de recorrer planos desconocidos para los mortales, entreteniéndose como un niño con un simple globo terráqueo.
Hakeem soltó una risa por lo bajo.
Aksha se giró de inmediato, alejándose un par de pasos del librero.
Aclaró su garganta y tomó una postura firme, intentando recomponer su seriedad, aunque el leve bochorno en su cara lo delataba.
Se cruzó de brazos, pero su mirada se desvió un instante hacia el globo que aún giraba lentamente, como si no pudiera evitar seguir su movimiento hipnótico.
—No esperaba que llegaras tan rápido —comentó con un tono neutro, pero sus orejas se movieron sutilmente, como si intentara captar alguna emoción en el ambiente.
Hakeem cerró la puerta tras de sí con suavidad, sin dejar de observarlo.
—¿A qué se debe tú visita?
—preguntó mientras se acomodaba en la silla de su escritorio.
Aksha lo observó con sus ojos esmeralda y respondió con su habitual tono tranquilo: —Al parecer, tú y esa niña tienen algún tipo de conexión psíquica.
Hakeem frunció el ceño, tratando de entender el significado de aquella afirmación.
—¿Con “niña” te refieres a Phineas?
—Sí —respondió Aksha, ladeando levemente la cabeza—.
Tanto ella como tú parecen haber olvidado que rezaron por mi presencia.
—Es cierto —admitió—.
Recé para invocarte…
pero en realidad lo hice porque era ella quien quería contactar contigo.
Aksha no dijo nada, solo lo observó con atención, como si ya supiera lo que iba a decir a continuación.
—Perdió el conocimiento en el jardín —continuó Hakeem, frunciendo el ceño—.
Aún no ha despertado.
Es una lástima…
ella quería hablar contigo y ahora ni siquiera puede hacerlo.
El dios esbozó una leve sonrisa.
—Pero ya hablé con ella.
Él lo miró con sorpresa.
—¿Qué?
—La razón por la que colapsó en el jardín fue por mí —explicó con calma—.
Transporté su mente a otro lugar para poder hablar sin interrupciones.
—¿Eso significa que está bien?
—Sí.
Su cuerpo solo necesita un poco más de tiempo para que su mente vuelva a asentarse por completo.
Los hombros de Hakeem se relajaron.
No pudo evitar soltar un suspiro de alivio ante tal noticia, aunque su curiosidad despertó de inmediato.
—¿De qué hablaron?
—Te enterarás cuando ella despierte —fue la única respuesta de Aksha.
Hakeem exhaló, decepcionado.
No esperaba que Aksha respondiera de inmediato, pero aún así, la falta de información lo decepcionó un poco.
—Supongo que no tiene sentido insistir —murmuró.
Aksha no respondió.
En cambio, cambió de tema con la misma indiferencia de siempre.
—También, a partir de ahora, Nubia dejará de servirte a ti y pasará a servirle a ella.
Hakeem no tuvo problema con la declaración; después de todo, Nubia nunca fue realmente suya.
Siempre había respondido a Aksha.
—Está bien.
Si es tu decisión, la respeto.
Pero…
¿por qué el cambio tan repentino?
Aksha inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Recuerdas por qué ordené que Nubia se quedara contigo?
La pregunta lo tomó por sorpresa, pero no tardó en hallar la respuesta.
—Para estabilizar el poder que obtuve cuando me diste el ojo…
—murmuró, su mirada se agudizó mientras comprendía lo que Aksha insinuaba.
Su mente conectó las piezas y su expresión facial se volvió más seria.
Miró al dios con intensidad, como si ya supiera la respuesta.
—Estás en lo correcto —afirmó Aksha, con su usual tono sereno—.
Pronto, Phineas pasará por el mismo proceso.
Hakeem frunció el ceño.
—¿Qué tipo de pacto hiciste con ella?
—lo interrumpió sin pensarlo.
—Ninguno.
Esa respuesta solo logró confundirlo más.
—¿Entonces…?
—El pacto que hizo ella no fue conmigo —confesó Aksha con calma—.
Fue con otra deidad.
Hakeem sintió cómo su mente se enredaba aún más en aquel asunto.
Si Phineas no había hecho un pacto con Aksha, entonces…
¿con quién?
Su instinto le decía que insistiera, pero la mirada del niño era impenetrable, inmutable.
Sabía que no obtendría más respuestas de las que ya le había dado.
Suspiró, resignado.
—¿Cuándo despertará?
—Cuando su mente y su cuerpo estén en armonía nuevamente —respondió girando levemente el rostro hacia la ventana, como si el viento le susurrara algo—.
No tardará mucho.
Aksha no dijo nada más.
Simplemente se giró y se marchó, convirtiéndose en arena que se esfumó en el viento, dejando más dudas que certezas.
El aire en la habitación se sintió más pesado en su ausencia.
Hakeem suspiró, apoyando los codos en el escritorio y pasando una mano por su rostro.
Su mente repasaba todo lo que Aksha le había dicho.
Una deidad diferente.
Un pacto del que no sabía nada.
Phineas atravesando el mismo proceso que él.
Demasiadas incógnitas y ninguna respuesta concreta.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com