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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 45

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  4. Capítulo 45 - 45 Capítulo 44 Fenhari
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45: Capítulo 44: Fenhari 45: Capítulo 44: Fenhari El silencio se acomodó entre ambos, tenso pero distinto.

La ansiedad que segundos atrás había oprimido a Phineas comenzaba a disiparse, aunque sus piernas aún temblaban por la repentina descarga de emociones.

Hakeem mantuvo las manos sobre sus hombros un momento más, hasta que ella, con un suspiro frágil, asintió en señal de que estaba bien.

Con cuidado, ambos se incorporaron y retomaron asiento, esta vez con menos distancia entre ellos.

El silencio que quedó tras la agitación anterior fue largo, denso, casi extraño.

Hakeem observó a Phineas con detenimiento, midiendo sus reacciones, mientras sus manos se movían con calma por el escritorio, deslizándose hacia una hoja que descansaba sobre la madera desde antes de que ella entrara.

—Hay algo más que debes saber.

Phineas levantó la vista, sus ojos púrpura encontrándose con la mirada de él, expectante.

El sultán giró la hoja, mostrándole el escudo real impreso en el encabezado: el sello imperial de Dorean.

—Hace un par de días llegó esta invitación.

La ceremonia de coronación…

ya tiene fecha —explicó—.

Caesar asumirá el trono dentro de dos meses.

Sintió que el suelo volvía a tambalear bajo sus pies.

El nombre de su hermano le provocó una punzada en el pecho.

—¿Entonces… todos ya saben que…?

—intentó preguntar, sin reunir valor para terminar la frase.

Hakeem negó suavemente.

—No —respondió—.

Para el pueblo de Dorean, sigues allí.

Sigues encerrada, bajo custodia en el palacio.

No han revelado tu huida.

Phineas lo miró, sorprendida, incapaz de ocultar la inquietud en su rostro.

—¿Y Lars?

—Aún no han logrado encontrarlo.

Según mis informantes, no salió del imperio…

sigue en Dorean.

El silencio se volvió aún más pesado, envolviendo la habitación con una sensación asfixiante.

El pecho de Phineas se oprimió.

Saber que su hermano aún permanecía allí, atrapado en el mismo lugar que ella dejo atrás, solo hacía que su decisión se afianzará más.

—No pienso volver a Dorean —murmuró con firmeza, levantando la mirada hacia él—.

Al menos, no todavía.

Mi único destino es Azhara.

Ese era nuestro punto de encuentro…

si Lars logra salir de la ciudad, es allí donde irá.

Hakeem se recargó contra el respaldo de su silla, cruzando los brazos.

—Azhara…

—repitió, en voz baja.

Por unos segundos, el despacho quedó sumido en un profundo silencio, roto únicamente por el sonido tenue del viento que rozaba las cortinas.

—Entonces será una carrera contra el tiempo —añadió Hakeem finalmente—.

Caesar no me invitó por simple cortesía.

No lo hace para celebrar.

Lo hace para avisar que está al tanto de tu estadía aquí…

y eso significa que sus planes ya están en marcha.

La conversación fue interrumpida por un sonido suave: un golpecito ágil contra la puerta.

Al girar la cabeza, Phineas vio una pequeña figura escurrirse hacia dentro, deslizándose con la misma ligereza que una sombra.

Sus grandes orejas se movían con alerta, y sus ojos amarillos se posaron en ella, curiosos.

En cuestión de segundos, la fénec trepó ágilmente a su regazo, acomodándose con total confianza sobre sus piernas.

Phineas, que aún seguía con la mente en la conversación, no pudo resistirse al instinto de acariciarla.

Sus dedos se deslizaron por su suave pelaje, y sin darse cuenta, terminó frotando su mejilla contra la suya, sintiendo una inesperada calma que contrastaba con todo lo caótico en su mente.

Hakeem, que había permanecido en silencio observando la escena, no pudo evitar soltar una breve y sincera risa al verla actuar con tanta naturalidad.

—¿Qué es tan gracioso?

—preguntó Phineas, apartándose apenas, con las mejillas ligeramente enrojecidas.

—Ver esa expresión tuya…

—respondió él, con un brillo cálido en la mirada—.

Fue adorable.

No creí que tuvieras ese lado tan infantil.

Phineas bajó la mirada, sintiendo cómo la vergüenza se arremolinaba en todo su cuerpo.

—¿Es tuya?

—preguntó, intentando recuperar algo de compostura.

—No exactamente —contestó, volviendo a su tono tranquilo—.

Ella no es un animal común.

Se llama Nubia, es una fenhari.

Phineas quedó sorprendida.

Había oído hablar de aquella raza híbrida, mitad caninos, mitad humanos, pero nunca había visto uno de cerca, y mucho menos en su forma animal.

—Una fenhari… ¿es una esclava?

—las palabras se le escaparon naturalmente.

El ambiente cambió sutilmente, pero de forma clara.

La mirada de Hakeem perdió todo rastro de suavidad.

Ahora era sombría, y su respuesta fue seca y firme: —No.

En Ak’tenas, la esclavitud está prohibida.

Phineas se tensó al ver aquella expresión tan distinta en su rostro.

Era la primera vez que lo veía con esa mirada, y entendió que sus palabras habían tocado una fibra sensible.

—Lo siento… —susurró, desviando la mirada.

—No tienes porqué disculparte —aclaró él, ahora con un tono más suave—.

Es normal pensar eso, considerando que la mayoría de su raza es tratada así fuera de estas tierras.

La fénec, ajena a todo, se acomodó una vez más contra ella, dejando escapar un pequeño bostezo.

—¿Y por qué no muestra su forma humana?

—preguntó Phineas, acariciando distraídamente el suave pelaje.

—Porque Nubia solo adopta su forma humanoide cuando lo considera necesario —explicó Hakeem—.

Aunque, a partir de ahora, estará contigo.

Así que tendrás la oportunidad, en algún momento, de verla en su forma humanoide.

Phineas lo miró, sorprendida.

—¿Conmigo?

Hakeem asintió.

—Sí.

Estará a tu lado.

No solo para acompañarte, también para velar por ti.

Puedes confiar en ella.

Phineas bajó la mirada hacia la pequeña criatura en su regazo, que parecía dormitar tranquila, y no pudo evitar sonreír.

Ahora tenía una nueva compañera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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