La nieve que cae en el desierto - Capítulo 50
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50: Capítulo 49: ¿Realidad o sueño?
50: Capítulo 49: ¿Realidad o sueño?
La puerta se abrió con suavidad, y la figura de Hakeem apareció en el umbral, envuelta en sombras y luz cálida.
Sus pasos eran pausados, mientras ingresaba a la habitación.
Freya lo esperaba sentada al borde de la cama, vestida únicamente con un delicado conjunto de encaje negro.
Las finas tiras se ceñían a su figura, revelando más de lo que ocultaban.
Había escogido esa prenda con intención: darle un heredero al sultán y asi ascender al trono.
—¿Por qué está vestida así?
—preguntó Hakeem al detenerse frente a ella.
Su único ojo visible, oscuro e insondable, descendió por su silueta con una expresión imposible de leer.
Ella sonrió, confiada.
—Solo quería darle un gusto a mi señor —respondió con voz seductora.
Por un instante, no hubo respuesta.
Luego, con una decisión que la descolocó, Hakeem la empujó suavemente hacia atrás.
Freya cayó entre los cojines con un leve sobresalto.
Su pulso se aceleró.
El corazón le latía con fuerza.
“Por fin”, pensó, excitada.
Lo observó quitarse el parche que cubría su ojo izquierdo, revelando el resplandor dorado de su iris.
Aunque no era la primera vez que lo veía, contemplarlo seguía causándole asombro.
Aquel ojo no parecía humano; era como si en su interior habitara otro tipo de poder.
Hakeem se inclinó sobre ella.
Le sostuvo el rostro con ambas manos, y acercó el suyo al punto de que sus respiraciones se entremezclaron.
Freya entrecerró los ojos, esperando sentir sus labios.
Esperando el roce que daría sentido a su deseo.
Pero el beso nunca llegó.
Solo sintió el peso de su mirada, como si él la estuviera examinando desde adentro, más allá de la piel, más allá del deseo.
Como si algo en ella estuviera siendo visto, leído…
comprendido.
Luego, todo se volvió confuso.
Su mente comenzó a nublarse, como si el tiempo hubiera perdido su ritmo.
El calor en su cuerpo se disolvió en una bruma suave, y en algún momento, el cansancio la venció sin que pudiera resistirse.
Cuando volvió en sí, los rayos del sol se filtraban entre las cortinas.
Las doncellas ya habían ingresado, y se movían con rapidez preparando su atuendo para el día.
Freya se incorporó lentamente.
Hakeem ya no estaba.
Parpadeó.
Se miró a sí misma.
Tocó su propio rostro, buscó algún indicio de lo ocurrido…
pero solo halló silencio y la inquietante sensación de déjà vu.
Tal como aquella primera noche con el sultán … no sabía si realmente había habido intimidad entre ambos.
Y eso era lo que más la perturbaba.
—Señorita… ¿se encuentra bien?
Freya parpadeó.
Solo entonces pareció notar la presencia de las criadas.
Se incorporó con lentitud, cubriéndose con la sábana mientras una punzada incómoda le recorría el pecho.
—¿Qué hora es?
—preguntó, su voz era más débil de lo habitual.
—El sol ya ha salido —respondió una de las jóvenes—.
El desayuno será servido pronto.
Freya asintió con un leve movimiento de cabeza y luego desvió la mirada hacia el espacio vacío a su lado.
Recordaba haberlo visto entrar.
Recordaba cómo se le acercó y le preguntó por su atuendo.
Cómo ella, con voz suave y seductora, había intentado provocarlo.
El modo en que él la había empujado suavemente hacia el colchón.
Cómo le sostuvo el rostro entre sus manos, cómo sus ojos —uno oscuro, el otro dorado— la miraron con una intensidad imposible de describir.
Y luego…Nada.
Un vacío.
—¿Pasó algo…?
—murmuró para sí misma.
Una de las doncellas se acercó para ayudarla a salir de la cama.
—¿Desea que preparemos el baño, señorita?
Freya asintió, aunque seguía sumida en aquella niebla espesa de dudas.No sabía qué pensar.
Mientras se dirigía al baño, dejó escapar un suspiro largo.
Por fuera, mantenía la compostura.
Pero por dentro, una pregunta no dejaba de repetirse, una y otra vez: ¿Realmente ocurrió algo o fue simplemente un sueño?
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