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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52 - 52 Capítulo 51 Primer acercamiento
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52: Capítulo 51: Primer acercamiento 52: Capítulo 51: Primer acercamiento Los murmullos entre los soldados aumentaron.

Algunos se reían por lo bajo, otros cruzaron miradas incrédulas.

Pero Phineas no escuchó nada.

Solo veía la espada frente a ella.

Extendió la mano con cierta vacilación y envolvió con sus dedos el mango de la espada que el espadachín le ofrecía.

Era de un diseño elegante pero sobrio, sin adornos innecesarios: la hoja larga y ligeramente curva brillaba bajo el sol, y el peso del arma se hizo notar apenas la sostuvo.

—Es más pesada de lo que parece… —murmuró.

Él no respondió.

Solo dio un paso atrás y cruzó los brazos, observándola con atención.

Phineas afianzó su postura.

Sostuvo la espada con ambas manos como había visto hacer a los soldados y al propio Kou.

Trató de imitar el equilibrio de pies, el centro de gravedad… pero el metal vibraba levemente en sus manos, traicionando su inexperiencia.

Hizo el primer movimiento, un corte descendente.

El filo no rozó nada, pero el retroceso le hizo perder el equilibrio por un instante.

Dio un paso torpe hacia el costado y recuperó la estabilidad justo a tiempo para no caer.

—Tsk… —chistó con frustración.

Kou no dijo nada, aunque sus ojos la seguían con la misma intensidad de siempre.

El silencio del campo se mantenía.

Algunos soldados observaban con curiosidad, y otros tantos con expectativa.

Ninguno se atrevía a reírse, pero las miradas hablaban por sí solas: ella no parecía hecha para el campo de batalla.

Phineas apretó los dientes y respiró hondo.

—Otra vez —dijo con voz firme.

Elevó la espada.

Esta vez, procuró controlar su respiración, ajustar su fuerza.

El movimiento fue más limpio, pero aún le temblaban los brazos.

—Tu problema no es el equilibrio —comentó Kou al fin—.

Es la tensión.

Estás luchando contra el arma en lugar de moverte con ella.

Ella bajó la espada, jadeando ligeramente.

El sudor comenzaba a bajarle por la frente.

Pero sus ojos no habían perdido el brillo inicial.

Aún tenía esa chispa obstinada encendida.

—Entonces enséñame a moverme con ella —dijo, mirándolo de frente.

Kou suspiró.

—Empieza con lo básico.

Postura.

Respiración.

Corte.

El metal chocando contra el metal, los gritos de los instructores y el zumbido del viento sobre la arena formaban una sinfonía constante en el campo de entrenamiento.

Phineas sostenía con ambas manos la empuñadura de la espada.

El sol ya alto le bañaba el rostro, mientras sus dedos se tensaban con el peso del arma.

—Dioses… esto pesa más de lo que imaginé —se quejó, intentando mantener la postura que Kou le había enseñado hacía apenas unos minutos.

Desde unos pasos de distancia, el joven la observaba.

Con sus brazos cruzados y la expresión seria.

—No intentes dominarla con fuerza —indicó el espadachín—.

Ese tipo de espada no se blande con brutalidad, sino con equilibrio.

Phineas respiró hondo, apretando los labios mientras intentaba corregir su agarre.

—¿Cómo se supone que mantenga el equilibrio si no puedo ni levantarla derecha?

Kou se acercó en silencio.

Phineas apenas lo sintió hasta que estuvo detrás de ella, posicionando sus manos con firmeza y suavidad sobre las suyas.

El contacto la hizo tensarse, y el calor subió de inmediato a sus mejillas.

La proximidad era abrumadora.

Podía percibir el calor que él irradiaba rozando su espalda, y eso la hacía sentir rara.

Pero lejos de ser desagradable, era una sensación reconfortante.

—Así —dijo, guiándola en los movimientos—.

Relaja los hombros.

El centro de tu fuerza está en la cadera, no en los brazos.

Phineas, incapaz de ignorar la sensación de su respiración tan próxima, se obligó a concentrarse en sus instrucciones, dejando que su cuerpo siguiera la guía.

Aun así, el esfuerzo físico comenzaba a pasarle factura: un leve ardor en los músculos, las gotas de sudor cayendo en sus ojos y esa punzada constante en su orgullo.

Kou se apartó luego de corregirla.

—Eso fue mejor.

Pero necesitarás semanas, tal vez meses, antes de que tu cuerpo se adapte.

—Entonces es un “no” a convertirme en caballero esta semana —bromeó ella, soltando un resoplido entre risas.

Por primera vez en lo que iba de su estancia en Ak’tenas, vio a Kou esbozar una sonrisa muy tenue y eso le resultó sumamente cautivador.

—Al menos, ahora sabes lo que te espera.

—Estoy dispuesta a aprender.

Aunque me tiemble todo el cuerpo, no voy a rendirme.

—Entonces volveremos a empezar.

Kou se dio media vuelta, del estante de armas de práctica tomó una espada de bambú, y se la extendió a Phineas.

—Empezaremos con esto.

Hasta que tu cuerpo esté listo para sostener una real.

Ella aceptó el arma con felicidad, sintiendo cómo el peso liviano le devolvía un poco de confianza.

—Gracias.

—Bien, volveremos a empezar desde la primera postura.

Kou se colocó frente a ella, con los pies separados y la postura recta.

—Primero, aprende a pararte.

Nada de eso servirá si tu base es inestable.

Phineas asintió y trató de imitarlo.

Sus pies se acomodaron sobre la tierra blanda, su cuerpo aún un poco tenso, pero más seguro que antes.

—Relaja los hombros.

No estás sujetando un escudo —corrigio —.

Respira.

Siente el peso del arma, deja que tu cuerpo lo acompañe.

Ella obedeció en silencio, repitiendo los gestos una y otra vez bajo su mirada atenta.

El sol se filtraba entre las hojas de los árboles cercanos, y la sombra que la resguardaba parecía estrecharse a medida que el entrenamiento avanzaba.

A unos metros de distancia, Nubia seguía dormitando, mientras Prima observaba en silencio, aunque con una leve sonrisa en los labios.

Por primera vez, Phineas no parecía triste ni enfermiza.

Se veía determinada y feliz.

De pie en el centro del campo de entrenamiento, jadeaba suavemente.

El peso de la espada de bambú en sus manos no era grande, pero el ejercicio la había agotado.

Su postura aún era imperfecta, sus brazos temblaban un poco por el esfuerzo, y su túnica ligera estaba pegada a su espalda por el sudor.

—Una vez más, desde la primera postura.

—indicó Kou

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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