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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 57

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  4. Capítulo 57 - 57 Capítulo 56 Latido
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57: Capítulo 56: Latido 57: Capítulo 56: Latido Cuando Kou despertó, sintió un peso leve sobre el hombro y una calidez a su lado.

Abrió los párpados lentamente, aún adormilado, y al girar la cabeza, vio a Phineas dormida, recostada contra él.

Su respiración era tranquila, y su rostro sereno.

Ambos estaban cubiertos por una frazada que no recordaba haber pedido.

Él no se movió de inmediato.

Solo bajó la mirada hacia ella… y, por instinto, apoyó con suavidad la mano en su frente.

Estaba fría, su temperatura parecía haber vuelto a la normalidad.

Sonrió apenas, aliviado, dándole unos toques suaves en la mejilla con la punta de los dedos.

—Señorita — dijo en voz baja—.

Despierta.

—¿Ya es de día?

—preguntó con voz ronca, mientras se desperezaba con un leve bostezo.

Kou levantó la vista hacia las grietas de la pared.

A través de ellas, los primeros rayos de sol comenzaban a filtrarse, marcando líneas doradas sobre la piedra.

—Lo es —respondió.

Ella lo miró y notó lo cerca que estaban.

Al percatarse de que su cabeza seguía pehada a su hombro, se incorporó con cierta torpeza.

—Lo siento… —murmuró, apartándose—.

No fue mi intención… Luego, bajando la voz, agregó: —Anoche, uno de los guardias me dio una manta.

Solo había una.

Pensé que…

tal vez podríamos compartirla.

Hacía frío y… bueno… no quería que tú también pasaras la noche temblando.

Kou la observó en silencio.

Sus palabras eran simples, pero algo en ese pequeño acto de cuidado, le hizo sentir una presión leve en el pecho.

Un latido.

Solo uno.No supo por qué, solo lo sintió.

Desvió la mirada, incómodo por primera vez, y se pasó una mano por la nuca.

—Gracias por preocuparte —dijo, sin saber exactamente cómo sonaba su voz.

Phineas esbozó una sonrisa tímida y se abrazó a sí misma, aún envuelta en parte de la frazada.

No dijeron nada más, porque el silencio entre ellos era reconfortante … hasta que ella volvió a hablar, con voz baja y un dejo de vergüenza.

—Lamento que estés aquí… —dijo sin mirarlo—.

Que estés encerrado conmigo.

Kou desvió la vista hacia la puerta de madera cerrada, luego volvió a mirarla con naturalidad.

—No tienes que disculparte.

Fue decisión mía entrar.

Nadie me obligó.

Hizo una pausa, acomodándose contra el muro.

—Pero quiero saber qué pasó exactamente en el harén.

No me dieron detalles… solo especulaciones.

Phineas bajó la mirada, y por un momento su expresión se cerró.

Jugó con el borde de la manta entre los dedos antes de responder.

—Estábamos tomando té.

Nada fuera de lo normal.

La concubina Freya y yo… hablábamos tranquilamente.

Tomó aire, y la tensión en sus hombros volvió a subir.

—Pero cuando ella dio el primer sorbo, empezó a toser.

Al principio pensé que solo se había atragantado, pero luego… no podía respirar.

Intenté asistirla.

Me acerqué, le hablé.

Y después…

no recuerdo mucho más.

Todo se volvió confuso, creo que me desmayé.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Desperté rodeada de guardias.

Ella me miraba… como si yo fuera un monstruo.

Ordenó que me arrestaran.

Kou frunció levemente el ceño, pero no la interrumpió.

—Supongo que lo hizo por precaución.

O porque…

ya sabe de mí —añadió Phineas, en voz más baja.

—¿Sabe qué?

Phineas lo miró, dudando.

Parecía debatirse entre callar o confiar.

—En otras circunstancias —dijo al fin—, no te lo contaría.

Pero si Freya ya lo sabe, es cuestión de tiempo para que se propague.

Y si vamos a estar trabajando juntos… prefiero que lo escuches de mí.

Se inclinó un poco hacia él.

—Pero prométeme que no vas a decir nada.

Kou la miró por unos segundos.

Sus ojos púrpura brillaban a pesar de la poca luz, en ellos no percibía maldad o falsedad, sino más bien temor.

—Lo prometo.

Phineas asintió y, tras una breve pausa, comenzó a hablar.

—Escapé de Dorean porque me acusan de… de haber envenenado a mi padre, el emperador.

Dejó que las palabras colgaran en el aire unos segundos antes de continuar.

—Fue mi propio hermano mayor quien me señaló como culpable.

Y si no fuera por Lars, mi hermano menor… no estaría viva ahora.

Él me ayudó a escapar.

Él no respondió de inmediato.

La observó con el mismo rostro tranquilo, sin asombro ni juicio.

La conocía poco… pero ese poco bastaba para saber que no era una asesina.

—Vaya historia —dijo finalmente, dejando escapar un leve suspiro—.

Has pasado por mucho.

Phineas bajó la mirada, encogiéndose un poco sobre sí misma.

—¿No estás sorprendido?

—preguntó, con un deje de incredulidad.

Kou negó con la cabeza.

—No —respondió con simpleza— Se identificar a un asesino cuando lo veo, y creeme, se nota que tú no lo eres.

Phineas lo miró y suspiró de alivio, sonriéndole con dulzura.

—Gracias…

por no dudar de mí.

Su sonrisa era cálida, suave… y sincera, haciendo que el corazón de Kou volviera a latir con fuerza.

No era como en batalla, ni como cuando empuñaba su espada.

Era distinto.

Inesperado.

«¿Qué me está pasando?», se preguntó, apartando ligeramente el rostro.

Se aclaró la garganta y desvió la vista hacia la pared.

—No tienes que agradecerme —dijo, más áspero de lo que pretendía—.

Solo dije lo que siento.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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