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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 60

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  4. Capítulo 60 - 60 Capítulo 59 Exonerada
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60: Capítulo 59: Exonerada 60: Capítulo 59: Exonerada Phineas y Hakeem ingresaron al comedor.

La mesa estaba siendo preparada con gran esmero y rapidez.

Los sirvientes colocaban manteles limpios, vajilla de porcelana y bandejas humeantes con aromas que llenaban todo el salón.

Ambos tomaron asiento, Hakeem en la punta de la mesa y Phineas a su lado, y en pocos minutos comenzaron a desplegar el banquete.

La primera entrada fue una sopa caliente con albóndigas de cordero, cuyo olor era suculento.

—Come tranquila —dijo Hakeem con tono amable—.

No hay apuro.

Ella asintió y tomó la cuchara entre sus manos, sorbiendo los primeros bocados.

—Estoy al tanto de lo sucedido en el harén.

Phineas se detuvo al instante.

Su cuchara quedó suspendida en el aire mientras lo observaba.

Sus ojos se llenaron de tensión.

No habló, pero su mirada decía todo.

Tenía miedo Él lo notó de inmediato y se apresuró a tranquilizarla —No te preocupes —dijo con suavidad—.

Aún no he hablado con Freya.

Apenas me enteré, vine primero hacia ti…

Quiero escuchar tu versión primero.

Ella bajó la mirada, volvió a posar la cuchara sobre el plato, pero no dijo una sola palabra.

Solo asintió con un leve movimiento de cabeza.

En ese momento comenzaron a llegar más platos: arroz con azafrán, cordero horneado con miel y frutos secos, verduras asadas, pan recién hecho y frutas frescas.

Ante ese despliegue, Hakeem se incorporó y dio una orden al personal: —Gracias por el servicio.

Pueden retirarse todos.

Ya no necesitamos nada más.

Uno a uno, los sirvientes se retiraron del comedor con reverencias silenciosas.

Cuando quedaron solos, Hakeem volvió a sentarse.

—Come sin apuro.

Esperaré a que termines para hablar.

Phineas intentó sonreír, y reanudó su comida, esta vez con algo más de confianza.

El almuerzo transcurrió en un silencio pesado, pero no incómodo.

Hakeem tenía la cabeza apoyada en una mano, y mientras la observaba comer, no podía evitar pensar en todo lo que debía estar sintiendo.

Había algo en la manera en que sostenía los cubiertos, en cómo evitaba su mirada, en cómo forzaba pequeños gestos de normalidad.

No hacía falta que dijera nada.

Él sabía.

Sabía que por dentro estaba dolida, y se pensamiento lo hizo sentirse culpable.

Cuando Phineas terminó de comer, dejó la servilleta sobre la mesa con delicadeza.

No levantó la vista de inmediato.

Se quedó unos segundos en silencio, como si estuviera ordenando sus pensamientos.

Luego, tomó aire con suavidad y lo miró.

—Gracias por el almuerzo —dijo en voz baja.

—No tienes nada que agradecer —respondió —.

¿Estás lista para hablar?

Ella asintió con firmeza, aunque en su mirada aún había un leve temblor.

—Sí.

Es hora de que sepas lo que sucedió.

Hakeem mantuvo su expresión tranquila mientras ella comenzaba su relato.

—Estaba dando clases a la concubina Freya… sobre Dorean.

Protocolos, costumbres y esas cosas.

Todo transcurrió sin problemas.

Al finalizar la última lección, me invitó a tomar el té en el jardín del harén y acepté.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Todo estaba en calma, hasta que ella dio el primer sorbo de té.

De pronto, comenzó a toser, con fuerza, como si algo se le hubiese atorado.

Luego le costaba respirar.

Yo me levanté de inmediato, asustada.

Pensé que iba a morir ahí mismo… Volvió a callar.

Sus dedos jugueteaban con el borde del mantel, nerviosos.

—¿Y?

—la instó Hakeem con tono suave, pero atento—.

¿Qué más pasó?

—También… —dudó—.

También algo extraño sucedió.

Él la observó con atención, sin interrumpir.

—Sentí un calor en las manos.

Como si una energía… algo que no sé cómo explicar… recorriera todo mi cuerpo.

Era cálida, vibrante, como un torrente que no podía contener.

Y cuando creí que Freya no lo lograría, la toqué.

Solo apoyé mis manos sobre ella… y entonces volvió a respirar.

El color volvió a su rostro.

Fue como si esa energía hubiera fluido desde mí hacia ella.

Un silencio pesado llenó la sala.

Hakeem la miró en silencio un momento más, y con gentileza sonrió.

Fue un gesto leve, pero sincero.

—Gracias por contarme todo —dijo—.

Puedes quedarte tranquila.

Creo en tu palabra.

Sé que eres inocente.

Phineas levantó la vista, sorprendida por la facilidad con que lo había dicho.

Por lo seguro que se oía.

—¿Cómo puedes estar tan seguro… si aún no escuchaste la versión de la concubina Freya?

—Porque estuve observándote durante todo tu relato.

Cada gesto, cada pausa, cada emoción en tu voz.

Puedo dar fe que no mentiste en ningún momento.

Ella lo miró, sin saber bien qué responder.

—Y además… —agregó, con una mirada de preocupación—.

Estaba a la espera que algún poder sobrenatural se manifestase en ti.

Phineas lo miró, desconcertada.

—¿Esperabas que algo así ocurriera?

Él asintió.

—No sabía cuándo… ni cómo.

Pero sí.

Lo esperaba.

La vez que te desmayaste en el jardín, Alem se presentó ante mí.

Me dio a entender que pronto, tú manifestarías algún poder.

—Yo no sabía que algo así iba a suceder —susurró—.

Solo… lo hice.

Lo sentí.

—Lo sé —respondió él con calma—.

Y eso es lo que más me preocupa.

Porque si ya comenzó a manifestarse, lo próximo será aún más intenso.

Hizo una pausa antes de continuar: —Phineas, necesito que seas completamente honesta conmigo a partir de ahora.

Todo lo que sientas.

Todo lo que cambie en ti.

Porque si ese poder sigue despertando… hay muchos que querrán usarlo.

O destruirlo.

Él más que nadie entendía por lo que pronto atravesaría la joven frente a él, después de todo, pasó por las mismas circunstancias.

Phineas lo miró con una expresión de miedo.

—Entonces… ¿Qué debo hacer?

Hakeem sostuvo su mirada con firmeza.

—Lo primero, es que sepas que no estás sola en esto.

Lo segundo… es que vamos a encontrar la forma de ayudarte a comprender ese poder.

Pero antes, tengo que hablar con Freya.

Necesito confirmar si fue envenenada, y en caso de serlo saber el porqué.

Si fue un intento de atentado o un accidente… Phineas guardó silencio por un instante.

Bajó los ojos, pensativa, y luego alzó el rostro nuevamente.

—No entiendo nada de lo que está pasando —admitió con franqueza—.

Pero… lo que sí entiendo, es que debo confiar en ti.

Le dedicó una sonrisa leve, aunque segura.

Sus ojos volvieron a brillar, y eso fue algo que no pasó desapercibido para Hakeem, quien le devolvió el gesto, feliz de volver a ver ese brillo.

Por un momento ambos se quedaron así, mirándose en silencio, como si existiese una conexión profunda entre ambos.

Pero el instante fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose con cuidado.

Era Bajir, asomándose con expresión grave.

—Mis disculpas por la intromisión, mi señor —dijo con una leve reverencia—, pero lo requieren con urgencia en el harén.

Al parecer, han surgido indicios que podrían esclarecer lo sucedido con la concubina Freya.

—Gracias, Bajir.

Iré enseguida.

Se levantó de la mesa, y antes de girarse hacia la salida, volvió a mirar a Phineas.

—Si lo deseas, puedes volver a tu habitación.

Estás exonerada de toda acusación.

Ella abrió los labios, quizá para agradecerle, pero no logró articular palabra.

Él le dedicó una última mirada, antes de abandonar la sala.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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