La nieve que cae en el desierto - Capítulo 61
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61: Capítulo 60: Culpa 61: Capítulo 60: Culpa Hakeem caminaba por los corredores del palacio, escoltado por Bajir.
Aunque su rostro se mantenía sereno, por dentro lo atravesaba una inquietud cada vez más densa.
La conversación con Phineas le había dejado más preguntas que certezas, pero al menos le había dejado algo en claro: No mentía.
No fingía.
Y lo que ahora germinaba en su interior, tenía que tratarse con cuidado.
—¿Qué fue lo que descubrieron?
—preguntó mientras se acercaban al ala del harén.
—La doctora concluyó su análisis.
No se trató de un veneno, sino de una reacción alérgica.
El té estaba contaminado con nueces —respondió Bajir —.
La reacción fue grave e incluso pudo haber sido letal.
Hakeem frunció el ceño.
—¿Freya es alérgica a las nueces?
—Sí.
Y al parecer, no mucha gente lo sabe.
Solo quienes la atienden directamente.
«Entonces no fue un accidente.», penso Hakeem —Quiero que investigues en secreto —le ordeno por lo bajo—.
No solo a las demás concubinas.
También al personal del harén.
Sirvientas, cocineros, incluso guardias.
Alguien dejó que ese té se contaminara y quiero saber quién.
Pero que nadie se entere de esta pesquisa, ¿entendido?
—Entendido, mi señor —asintió Bajir.
Hakeem respiró hondo y se preparó para ingresar.
Al entrar a los aposentos de Freya, la encontró sentada junto al ventanal, aún algo pálida, pero repuesta.
—Majestad —murmuró ella, haciendo una leve reverencia al verlo.
—No es necesario —le dijo Hakeem, alzando una mano—.
¿Cómo te sientes?
—Mejor… aunque preocupada —respondió Freya con voz suave, acomodándose sobre los cojines—.
Que Phineas esté suelta después de lo ocurrido y con los antecedentes que tiene… Hakeem la miró con el ceño fruncido.
Sabía que Freya no era malintencionada, pero hablaba desde el miedo, no desde la lógica.
—¿Estás sugiriendo que repitió lo de Dorean?
—preguntó en voz baja, con un dejo de incredulidad—.
¿Que te envenenó a propósito?
Freya sostuvo su mirada, aunque con cierta vacilación.
—No lo sé.
Pero no esperaba… que volviera a pasar algo así en su presencia.
Fue demasiada coincidencia.
—Phineas no tuvo nada que ver —replicó él—.
El té ya estaba contaminado antes de que ella se acercara.
Esto fue una reacción alérgica, no un envenenamiento.
Y si esto fue un ataque, fue dirigido a ti.
Por alguien que conocía tu alergia.
Freya guardó silencio, mordiéndose el labio inferior.
Su expresión osciló entre la incomodidad y la culpa, pero no bajó la vista.
—Solo pensé que… si llegabas a confiar demasiado en ella, tal vez no verías el peligro a tiempo.
—Y yo que creí que podía confiar en contarte su historia sin que la juzgaras —dijo Hakeem con rudeza—.
Te lo conté porque necesitabas saber con qué clase de rumores te ibas a encontrar en Dorean.
Porque te corresponde como representante de esta corte saberlo.
No para que la trataras así, encerrándola en una celda ante la más mínima sospecha.
El silencio que siguió fue más frío que incómodo.
Freya desvió la mirada, respirando hondo.
Tal vez entendía.
Tal vez no.
Pero para Hakeem el daño ya estaba hecho.
Había expuesto a Phineas al contar su historia a Freya, esperando protegerla, y en su lugar, sucedió todo lo contrario: la expuso al escrutinio.
Finalmente, él habló de nuevo, más calmado.
—Te pido que no difundas lo que ocurrió.
Alguien está detrás de esto, y necesito que crean que fue un accidente.
Si el culpable se siente seguro, será más fácil atraparlo.
Freya asintió con lentitud, sin mirarlo.
—Descanse, concubina —añadió Hakeem antes de abandonar la habitación, con el corazón más cargado de lo que había entrado.
Caminó por los pasillos del harén, mientras la inquietud lo carcomía por dentro.
No dejaba de pensar en Phineas.
En la forma en que lo miró cuando le dijo que estaba exonerada.
En su sonrisa leve pero segura, esa que se había ganado su respeto desde el primer día.
Y sin embargo, él la había traicionado al confiar en Freya, creyendo que la comprendería.
Al final la había condenado.
Fue por él que terminó en una celda, bajo sospecha y humillada.
Si la concubina la inculpó, fue porque él mismo le había contado lo ocurrido en Dorean.
Ese pensamiento le dejaba un sabor amargo que no conseguía tragar.
Sintió la necesidad de ir a disculparse, de explicarle todo… pero, al mismo tiempo, temía su enojo.
Temía que ya no pudiera confiar en él.
Mientras reflexionaba, una sirvienta pasó junto a él, cargando una bandeja de frutas.
Hakeem alzó una mano para detenerla, casi por impulso.
—Disculpe —dijo.
La Dama dejó la bandeja con cuidado en una repisa y se inclinó con respeto.
—¿En qué puedo servirle, mi señor?
Hakeem dudó un segundo, incómodo.
Se llevó una mano al cuello, carraspeó.
—Necesito… un consejo.
La sirvienta lo miró, claramente sorprendida, pero con una amabilidad intacta.
—No sé qué clase de consejo podría ofrecerle yo, mi señor, pero intentaré serle de ayuda.
Él esbozó una sonrisa tensa.
—Es sobre una joven —confesó.
—¿Se trata de una concubina?
—Algo así —respondió Hakeem, bajando la mirada, avergonzado por sentirse tan expuesto—.
Quiero pedirle perdón a esa persona.
Pero no sé… qué debería llevarle.
¿Qué se le ofrece a una dama en una ocasión así?
Él no entendía por qué estaba haciendo esto.
Por qué le importaba tanto.
Pero la verdad era que jamás se había sentido así antes.
La sirvienta reflexionó un instante, llevándose un dedo al mentón.
—Creo que una disculpa sincera será más que suficiente si de verdad viene del corazón —respondió, con esa sabiduría simple que suelen tener quienes escuchan más de lo que hablan—.
Pero si desea ofrecerle algo simbólico… podría ser un brazalete de rodonita.
Es una piedra que representa la reconciliación, la compasión y el perdón.
Hakeem quedó impresionado por la respuesta.
—Muchas Gracias.
Su consejo ha sido más valioso de lo que imagina.
La sirvienta se inclinó con elegancia.
—Me honra con sus palabras, mi señor.
Y sin más, tomó su bandeja y siguió su camino dejando a Hakeem solo en el pasill, pero ahora con una sonrisa leve y esperanzada encendiendo su rostro.
Pensando que, tal vez, todavía podía enmendar su error.
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