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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 64

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  4. Capítulo 64 - 64 Capítulo 63 ¿Cual es tú historia
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64: Capítulo 63: ¿Cual es tú historia?” 64: Capítulo 63: ¿Cual es tú historia?” Raze Darcy siempre había creído que la información más valiosa no se encontraba en las palabras, sino en los silencios incómodos.

Y el hombre que ahora tenía frente a él —Aron Farrell, según su propia presentación— tenía muchos.

Demasiados.

No era común que un mercenario empuñara la espada con tanta precisión, ni que mantuviera una postura tan recta incluso después de haber sido desarmado y humillado.

Menos común aún era que un mercenario sintiera vergüenza por ello.

Raze no dijo nada por un momento.

Lo observó con atención, como si su sola presencia pudiera disolver las capas que llevaba puestas.

Lo había visto venir.

No al hombre en sí, sino a la amenaza.

Fang siempre lo detectaba primero, pero ahora que lo tenía enfrente, ese “Aron Farrell” le resultaba tan curioso.

—Agradezco que hayas accedido a conversar —dijo finalmente, en tono educado, mientras se acomodaba las mangas—.

No todos lo hacen después de intentar atraparme.

Fāng, tras él, permanecía inmóvil como una estatua, pero alerta.

Su mirada nunca se alejaba de Aron.

—Dígame, joven Aron —continuó Raze, con una media sonrisa—.

¿Qué exactamente te contaron de mí para querer atraparme?

El sol seguía su ascenso sobre los techos terrosos de Dhal, y el callejón donde se encontraban olía a desechos.

No era el escenario que Raze consideraba digno de una conversación entre caballeros.

Frunció ligeramente la nariz.

—Este lugar es… encantador, pero creo que podemos encontrar algo más presentable —comentó, girando sobre sus talones—.

¿Le parece si continuamos en otro sitio?

Nora, ahora bajo el nombre de “Aron”, asintió con un gesto seco, y sin decir una palabra más, comenzó a seguirlo.

Fang caminaba por detrás, como una sombra que no proyectaba ruido ni intención.

Unos minutos después, ingresaron a una taberna local.

Estaba lejos de ser elegante, pero al menos no olía a desperdicio humano.

Tenía sombra, bancos de madera firme y una clientela lo suficientemente distraída como para no prestar atención a ellos.

Se acomodaron en una mesa contra la pared.

Raze, con naturalidad, se volvió hacia Aron.

—¿Desea alguna bebida en particular?

—No.

—Entonces… tres chai —pidió Raze al mozo—.

Que estén fuertes.

Y con canela, si es posible.

El mozo se retiró y los dejó a solas.

La brisa entraba desde una ventana abierta, agitando ligeramente los mechones de cabello suelto de Raze.

—Ahora sí —dijo, cruzando una pierna sobre la otra—.

Continuemos.

Aron lo miró con la misma expresión inexpresiva que tuvo desde el comienzo, aunque Raze creía distinguir un leve matiz de resignación en su rostro.

—No escuché nada sobre ti —dijo finalmente—.

Solo vi tu retrato en un cartel de “se busca”.

Acepté la misión por la recompensa.

Eso fue todo.

Raze se quedó inmóvil.

Por un momento, no dijo nada.

Parecía que algo dentro suyo se resquebrajaba levemente, como si acabaran de pisarle el ego.

—¿En verdad no oíste de mí…?

—preguntó, casi incrédulo—.

¿Del gran Raze Darcy?

Aron frunció el ceño.

—No.

Todo lo que sé de ti está… —sacó el cartel del abrigo y lo extendió sobre la mesa— …aquí.

Él lo tomó apresuradamente entre los dedos, lo alisó y comenzó a leerlo.

Su ceño se fue frunciendo progresivamente.

—¡¿Espía?!

—exclamó con indignación—.

¡¿Me dieron ese título insignificante?!

Aron lo miró aún más confundido.

—¿Acaso no lo eres?

—preguntó.

—¡Por supuesto que no!

—replicó, ofendido—.

Soy arqueólogo e historiador.

Recolecto información, historias, símbolos, lenguajes perdidos… Viajo por todos los continentes para recuperar el legado olvidado de los pueblos antiguos.

¡Eso no me hace un espía!

Aron suspiró.

Apoyó un codo sobre la mesa y murmuró, sin siquiera alzar la voz: —En resumidas cuentas, eres un espía.

Raze abrió la boca para protestar… y luego cerró los labios, cruzando los brazos con indignación.

Fāng bajó la mirada, como si contuviera la risa.

El mozo regresó con tres tazas humeantes de chai.

Las colocó con cuidado sobre la mesa, una frente a cada uno.

Raze asintió con una sonrisa leve y tomó la suya entre las manos, dejando que el calor de la cerámica le templara los dedos.

Fāng, en silencio, llevó la suya a los labios, mientras Aron hizo lo mismo sin decir palabra.

Los tres bebieron al unísono, en una coreografía extrañamente armoniosa.

El primer trago fue cálido, especiado y para Raze, lo bastante digno como para dar inicio a una charla más seria.

—Ahora que estamos un poco más cómodos —dijo, dejando la taza sobre la mesa—.

Me intriga algo, joven Aron… ¿Cuál es su historia?

Aron alzó la vista apenas, sin sorprenderse.

Raze inclinó la cabeza, como quien formula una pregunta genuina, pero con ojos que buscaban más que una respuesta simple.

—Dime ¿Cómo se pasa de ser un caballero… a un mercenario que caza por monedas?

El joven tardó unos segundos en responder.

—Mi lealtad estaba con el antiguo emperador —dijo finalmente, con voz neutra—.

Una vez que murió… ya no sentí la necesidad de seguir en la orden.

Dio un sorbo más de chai, corto y limpio.

—Así que deserté.

Raze entrecerró los ojos, analizándolo.

La respuesta sonaba lógica, pero no convincente, intuía que había algo más.

Pero al final asintió con una sonrisa superficial, fingiendo que aceptaba la explicación.

—Una decisión pragmática —comentó, con tono amable—.

Aunque tengo la sensación de que hay algo más ahí.

—No lo hay —respondió de inmediato, con la misma firmeza con la que alguien cerraría una puerta.

Raze lo observó unos segundos más, y luego levantó las manos en señal de tregua, sin perder la compostura.

—Muy bien, muy bien… no insistiré.

Dio otro sorbo a su taza, dejó que el silencio se acomodara unos segundos en la mesa, y luego preguntó con ligereza: —Entonces dime… ¿Cuánto dinero necesita para ignorar mi captura?

Aron suspiró.

—No tienes que pagarme nada —dijo, con la mirada clavada en su taza—.

A pesar de todo, todavía conservo parte de los valores que juré defender como caballero, y no puedo llevar ante la justicia a alguien que no ha cometido ningún crimen.

Raze alzó una ceja, genuinamente sorprendido.

—¿Lo dices en serio?

Aron continuó: —Con tu captura, hubiese llegado al monto que necesitaba.

Esa es la verdad.

Por eso acepté la misión.

Pero… Ya no me importa tener que hacer dos encargos más para lograrlo.

—¿Y para qué necesita ese dinero?

Porque, dependiendo de su respuesta, puedo dárselo yo mismo sin necesidad de persecuciones ni violencia.

El joven mercenario se levantó despacio, sin brusquedad, pero con decisión.

—Es para llegar a Azhara e iniciar una nueva vida —miró a Raze con expresión firme —.

Pero no voy a aceptar tu caridad, aún mantengo mi orgullo.

Dio media vuelta, dispuesto a marcharse.

Pero entonces, una mano se cerró suavemente sobre su brazo.

—¿Y si no es caridad?

—dijo Raze— ¿Y si te contrato?

Aron lo miró sorprendido.

Raze le sonrió.

No con burla, sino de emoción, como quien acaba de encontrar algo interesante.

—Estás buscando ir a Azhara.

Y yo… digamos que ahora estoy buscando a alguien que sepa blandir la espada y me ayude a cruzar parte de Ankarà.

—Ya tienes un guardaespaldas —dijo Aron, lanzando una mirada breve a Fāng, quien seguía bebiendo su chai con tranquilidad—.

¿Para qué me quiere en realidad?

—Mis circunstancias han cambiado —explicó—.

Desde que mi cara aparece en esos carteles, ya no soy simplemente un viajero más.

Soy una recompensa ambulante.

Y si esa noticia llegó al desierto, le puedo asegurar que más de un grupo de bandidos va a querer probar suerte.

Aron no respondió, pero su expresión parecía decir: “Es probable.” —Confío plenamente en Fāng —añadió, girando levemente la cabeza hacia su compañero—, pero no pienso cargar todo el peso de mi seguridad sobre sus hombros.

No sería justo.

Además… si voy a atravesar Ankarà, necesitaré más que fuerza.

Necesitaré alguien con instinto de supervivencia.

Él joven lo miró en silencio por unos segundos.

La desconfianza seguía ahí, tensa y quieta, pero ya no tan cerrada como antes.

—¿También se dirige a Azhara?

—preguntó finalmente, con voz baja, sin apartar los ojos de él.

—No exactamente —respondió—.

Pero el lugar al que voy está muy cerca.

Y si vuelve a sentarse, con gusto le mostraré la ruta.

Verá que esto puede ser beneficioso para usted también.

Dudó un momento, pero luego de un suspiro, Aron volvió a ocupar su lugar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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