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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 6 Determinación
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7: Capítulo 6: Determinación 7: Capítulo 6: Determinación El vapor impregnado con hierbas relajantes flotaba en el aire, envolviéndola en una sensación de tranquilidad momentánea.

Se dejó despojar de sus ropas sin resistencia, sintiendo cómo la tela caía con suavidad antes de sumergirse en el agua tibia.

Las manos expertas de las doncellas comenzaron a lavarla con esponjas impregnadas en aceites aromáticos.

Phineas cerró los ojos, dejando que el calor aliviara la tensión de su cuerpo, permitiendo que su mente se desconecte, aunque sea unos segundos.

Cuando salió de la bañera, las doncellas la envolvieron en toallas suaves y perfumadas antes de ayudarla a vestirse.

Le pusieron un vestido sobrio, de telas ligeras que caían sin apretar su cuerpo, dándole una sensación de libertad.

No tenía ánimos de adornos ni de corsés ajustados.

Solo quería respirar.

Con pasos lentos, la guiaron hasta una mesa donde una selección de aperitivos estaba dispuesta con delicadeza.

Frutas frescas, panecillos dulces, infusiones humeantes… Pero lo único que atrajo su atención fue la figura de Lars, que la esperaba con una tetera en mano.

—Ven, come algo —insistió su hermano con suavidad, sirviéndole una taza de té.

Phineas se sentó frente a él y tomó la taza entre sus manos.

El aroma de la infusión era reconfortante, pero cuando intentó probar bocado, su cuerpo reaccionó de inmediato.

Un espasmo recorrió su estómago y sintió una arcada ascender por su garganta.

Dejó el trozo de budín apenas mordido sobre el plato y apartó la mirada.

—Perdón… —susurró, avergonzada—.

No puedo.

Lars la observó en silencio por un momento, pero no dijo nada.

La comprendía.

No la presionaría.

El té en su taza humeaba, llenando el aire con su aroma herbal.

Phineas lo sostuvo entre sus dedos, buscando algo en qué aferrarse antes de soltar la pregunta que tanto quería hacer.

—¿Hablaste con Caesar?

La expresión de Lars se ensombreció.

Su mandíbula se tensó, y por un momento, su semblante se encorvo.

Phineas supo al instante que algo no estaba bien.

—Sí, hablé con él.

Pero… hay algo raro en su actitud que…

Phineas se inclinó hacia adelante, sus dedos se crisparon sobre la mesa.

—¿Tú también te diste cuenta?

—preguntó con un hilo de urgencia en su voz.

Lars asintió lentamente.

—Sí…

Ayer, cuando lo fui a increpar por no haber acallado las acusaciones contra ti, su reacción me sorprendió.

Yo creí que se disculparía o que diría que ya tenía todo resuelto, pero en lugar de eso… —hizo una pausa, como si revivir el momento le resultara difícil—, me miró furioso y me dijo que no interviniera.

Phineas quedó helada.

Caesar siempre había sido protector con ellos, especialmente con ella.

La sola idea de que no estuviera haciendo nada para defenderla era ya aterradora, pero que reaccionara con ira hacia Lars… eso era aún peor.

Fue entonces cuando notó algo en su hermano.

Al inclinarse levemente, vio unas marcas rojizas asomándose por el cuello de su camisa.

—Lars… —susurró con el ceño fruncido.

Se levantó y, antes de que él pudiera reaccionar, llevó sus dedos hasta su piel, rozando las marcas con suavidad.

Lars se tensó, pero no se apartó.

—¿Caesar te hizo esto?

—preguntó en voz baja, casi temiendo la respuesta.

Lars tardó un momento en contestar.

Finalmente, exhaló y asintió.

—Sí.

Lars apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que Phineas se pusiera de pie de golpe y golpeara la mesa con fuerza.

El sonido de la porcelana al volcarse, el té derramándose sobre el mantel, y la brusquedad de su hermana lo alarmaron.

—¿Phineas?

Él se alarmó cuando la vio dirigirse apresurada hacia la puerta.

—Voy a hablar con nuestro hermano —respondió sin detenerse, su tono afilado, decidido.

Lars se puso de pie y la sujetó del brazo; presionó lo suficiente para hacerla girar hacia él.

—Espera.

No puedes ir así.

—¡No puedo quedarme sentada como si nada!

—exclamó, con el pecho agitado por la furia—.

¡Que me ignore, que me trate como a una extraña, eso lo puedo soportar!

¡Pero no que te haga esto, Lars!

Su hermano bajó la mirada por un instante, como si no quisiera admitir lo que le había sucedido, pero no aflojó su agarre.

—Piensa antes de actuar.

Caesar no es el mismo.

No sé qué lo ha cambiado, pero…

—Se detuvo, tragando saliva—.

Lo que vi en sus ojos ayer no parecía nuestro hermano.

Phineas sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero aun así decidió no detenerse.

—Entonces, más razón aún para hablar con él.

Con un movimiento rápido, se soltó de su agarre y salió de la habitación, ignorando el llamado de Lars.

Su corazón latía con fuerza, impulsado tanto por la ira como por la determinación.

No podía quedarse de brazos cruzados después de lo que había visto.

Sus pasos resonaron con fuerza en los pasillos, apenas prestando atención a los sirvientes que se apartaban a su paso.

Después de todo, su cabeza estaba fija en una sola cosa: enfrentar a su hermano.

Al llegar a las escaleras principales, bajó demasiado rápido, sin notar que la tela de su vestido se enganchó con la punta de su zapato.

Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo perdió el equilibrio y cayó hacia delante.

Cerró los ojos con fuerza, anticipando el impacto contra el mármol frío… pero en lugar de eso, algo firme y cálido amortiguó su caída.

Aturdida, abrió los ojos y se encontró con un par de ojos afilados observándola con evidente diversión.

Hui Wei estaba debajo de ella, con una expresión relajada y una sonrisa que parecía disfrutar de su incomodidad.

—Vaya, princesa —murmuró, arqueando una ceja—.

Si querías lanzarte a mis brazos, podrías haber avisado antes.

Phineas sintió cómo el calor subía a su rostro al darse cuenta de la posición en la que estaba: sentada sobre él, con sus manos apoyadas en su pecho.

—¡Lo siento!

—exclamó, completamente roja—.

No fue intencional.

Intentó levantarse de un salto, pero en su torpeza solo logró apoyarse más en él.

Hui Wei soltó una suave risa.

—¿Siempre es así de torpe o fue un intento de llamar mi atención?

Phineas apretó los dientes y se levantó de un salto, sacudiéndose la falda del vestido como si quisiera borrar la escena de su memoria.

—¡No fue así!

Juro que se trató de un accidente.

—Oh, claro, claro —asintió él, sin borrar la sonrisa.

Luego, se incorporó con una agilidad casi felina, sacudiéndose el polvo de la túnica—.

Aunque debo admitir que fue un accidente bastante encantador.

Ella cruzó los brazos y lo fulminó con la mirada, intentando ignorar el calor persistente en sus mejillas.

—¿Qué haces aquí, señor Hui Wei?

Él inclinó la cabeza, como si analizara si responder o seguir divirtiéndose a su costa.

Finalmente, metió las manos en los pliegues de su túnica y dijo con aparente despreocupación: —Digamos que vine a ver cómo se desarrollan las cosas en la corte de Dorean.

Y al parecer, no me equivoqué al suponer que sería interesante.

Phineas frunció el ceño, sospechando que había mucho más detrás de sus palabras de lo que dejaba entrever.

—Y usted, ¿a dónde iba con tanta prisa como para desafiar las leyes de la gravedad?

—Voy a ver a mi hermano Caesar.

La sonrisa de Hui wei se volvió más afilada.

—Ya veo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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