La nieve que cae en el desierto - Capítulo 72
- Inicio
- Todas las novelas
- La nieve que cae en el desierto
- Capítulo 72 - 72 Capítulo 71 Parte de tú poder
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
72: Capítulo 71: Parte de tú poder 72: Capítulo 71: Parte de tú poder La música seguía vibrando en el aire cuando Phineas se separó de Kou.
Tal como él le había indicado, se mezcló entre la multitud, en una corriente humana de colores y risas que la arrastraba por las calles iluminadas.
El calor de las lámparas colgantes y el roce constante de cuerpos ajenos se entrelazaban en una marea que por momentos le parecía amable, y en otros, intimidante.
Al principio caminó con seguridad, puesto que recordaba el camino de regreso al carruaje.
Todo parecía estar bien, pero entonces la imagen de Kou apareció en su mente.
«¿Estará bien?», se preguntó.
El recuerdo de su voz tan seria la alarmó: “Sigue bailando.
No mires a tu alrededor.” «¿Y si no puede con ellos?» pensó, «¿Y si llegan más enemigos?».
Su respiración se volvió cada vez más errática, como si el aire de pronto ya no le alcanzase.
«¿Y si sale gravemente herido?» Sintió una punzada en el pecho.
Un calor extraño le subió desde el estómago oprimiéndole la garganta.
Se dio media vuelta, con intención de volver sobre sus pasos, de encontrarlo, de hacer algo para ayudarlo, pero no pudo.
Su cuerpo se paralizó.
El bullicio del festival, que hasta ese momento había sido un murmullo envolvente, se convirtió en una amenaza.
Los tambores ya no eran música, eran estruendos.
Las risas, ahora eran ecos distorsionados.
Las lámparas se volvieron cegadoras, y los rostros… Los rostros a su alrededor comenzaron a deformarse, a desfigurarse.
Algunos se volvían irreconocibles y otros peor aún, familiares.
El hombre de la cicatriz.
La carcajada rota.
Las manos manchadas de sangre.
El mismo grupo de bandidos que la había perseguido y atacado en el desierto… ahora caminaban hacia ella.
—No… —susurró, sin poder moverse.
Una mano la rozó al pasar y sintió el filo del cuchillo, aunque no había cuchillo.
Un grito sonó cerca, o tal vez fue el suyo, no lo sabía.
El cuerpo le falló, la vista se le nubló.
Ella cayó, pero nunca tocó el suelo.
La oscuridad se extendió como una marea.
Phineas jadeaba, con los ojos muy abiertos y el pecho agitado.
A su alrededor, las dunas del desierto se elevaban como montañas.
El cielo era rojo sangre, el sol parecía una herida abierta en el horizonte.
Y frente a ella… La caravana.
Era la misma, la misma con la que huyó de Dorean.
—No… esto no puede estar pasando otra vez… Retrocedió.
Cayó de espaldas.
La arena la tragaba, mientras los gritos volvían a sonar.
Sus manos, cubiertas de polvo, intentaban empujar algo que no estaba allí.
—¡No!
¡Basta, basta!
¡No quiero volver!
¡No quiero…!
—Phineas.
La voz la atravesó como un susurro dentro del pecho.
Se congeló.
Abrió los ojos, y ahí estaba, Aksha.
Parado frente a ella, con la nieve cayendo a su alrededor, aún en el corazón del desierto.
Sus ojos dorados la miraban con tranquilidad.
Su cabello anaranjado danzaba con un viento que no tocaba nada más.
Fue como si su cuerpo lo hubiera estado esperando para poder respirar.
—¿Esto es un sueño?
—Sus labios temblaron.
—No —respondió Aksha con voz serena—.
Esta es tu magia, o más bien, la manifestación de una parte de ella.
Phineas retrocedió un paso.
—¿Qué?
—Tu poder es capaz de crear campos mágicos donde los recuerdos cobran forma.
Donde estamos ahora lo hiciste de manera involuntaria, impulsada por el miedo.
—Entonces… ¿Esto no es una ilusión?
—No exactamente.
Es una réplica fiel de lo que viviste, aquello que tanto te marcó.
Ella tembló, aún seguía en shock.
—Yo no, no quiero este poder.
—Eso ya no es decisión tuya —le aclaró Aksha.
Phineas apretó los puños, con el rostro crispado de angustia.
El desierto ardía a su alrededor, pese a que ya no había enemigos, ni gritos, ni sangre.
Solo un eco de su propio pánico.
—Pero si… si este poder solo sirve para hacerme revivir todo esto ¿de qué me sirve?
Él la miró sin juicio, como si pudiera ver más allá de lo que ella misma comprendía.
—Tu poder no es malo Phineas.
Solo es inmaduro.
Como una semilla, la cual tiene que pasar por todo un proceso para convertirse en una flor.
Ella lo miró, mordiéndose el labio.
La rabia y la tristeza seguían apretadas en su pecho.
—¿Y si en verdad no quiero este poder?
—La magia que ahora crece en tu interior no puede detenerse.
Si te niegas a aceptarla será peor para ti.
Una lágrima corrió por su mejilla.
No intentó ocultarla.
—¿Por qué me haces esto?
—Créeme, yo no fui quien te dio ese poder.
Simplemente fui quien lo activó.
Porque esa magia yacía dormida en tu alma desde antes que nacieras.
Ella cerró los ojos.
Respiró.
El viento del desierto ya no la golpeaba como antes.
Ya no dolía.
—¿Y cómo aprendo a usarlo?
Aksha sonrió.
No con dulzura, sino con un dejo de ironía divina.
—Primero, dejando de temerle y de negarlo.
Phineas, aún temblorosa, abrió los labios para responderle.
Pero Aksha ya había dado un paso hacia ella.
—Inclínate un poco —pidió, levantando una mano muy despacio—.
Soy bajito, ¿no lo ves?
Ella lo miró sorprendida, y entonces, por primera vez en esa noche caótica, sonrió.
—Claro… disculpa —dijo, agachándose para quedar a su altura.
—Esto no será permanente, pero te dará un respiro.
Aksha colocó con suavidad dos dedos sobre su frente.
El contacto era cálido, pero no abrasador; se sentía como la brisa de una tarde de verano.
—¿Qué estás haciendo?
—Sellando parte de tu magia, solo hasta que aprendas a contenerla.
No quiero que la próxima vez termine mal.
—¿Y tú puedes hacer eso así de fácil?
—Si no pudiese hacerlo, entonces no sería un dios.
Phineas dejó escapar una breve risa entre lágrimas, pero entonces algo la golpeó por dentro.
—Kou… —dijo, alarmada—.
¡Tengo que volver!
Él…
él se quedó solo, y si algo le pasó.
—Él está a salvo —le aseguró Aksha—.
Le pedí a Nubia que se encargue.
Ella respiró aliviada.
—Gracias… El dios le sonrió con serenidad y fue entonces que la arena empezó a flotar, girando a su alrededor, como si el aire mismo se plegara a su voluntad.
Y entonces, la oscuridad cayó.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com