La nieve que cae en el desierto - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 Capítulo 77 Posesividad
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78: Capítulo 77: Posesividad 78: Capítulo 77: Posesividad Desde su trono dorado, Hakeem observaba con aburrimiento el salón de banquetes.
Este brillaba bajo la luz de los candelabros suspendidos, entre cortinas de seda, columnas talladas y el murmullo constante de las voces.
Sonaban laúdes, las copas se entrechocaban, y los perfumes flotaban en el aire como hechizos sutiles.
Y, aún así, nada de eso le importaba.
Fue solo hasta que vio a Phineas ingresar por la puerta principal que su interés aumentó.
«Creí que no vendría» pensó, mientras en su rostro se dibujaba una sonrisa.
Sonrisa que no tardó en desdibujarse al ver que Kou ingresó, no solo junto a ella, si no que también cargaba con la chalina que le había dado a Phineas.
A su lado, Bajir —siempre atento— inclinó ligeramente la cabeza hacia él, sin dejar de mirar al frente.
—Ahora entiendo por qué no traía su chalina ceremonial cuando regresó —dijo por lo bajo.
Hakeem carraspeó suavemente y desvió la mirada con un gesto vago, como si no hubiera escuchado nada.
Bajir soltó un suspiro.
—Usted sabrá, mi señor —murmuró, y luego alzó una mano sutilmente para llamar a uno de los guardias.
Cuando este se acercó, le indicó en voz baja—: Ve y recupera la chalina.
Esa prenda es propiedad del sultán.
Antes de que el guardia se alejara, Hakeem añadió, con un tono bajo: —Y también dile que me espere en mi despacho cuando el banquete termine.
El guardia asintió, y se alejó con rapidez entre los invitados, fundiéndose en la multitud.
Hakeem permaneció en silencio, con la barbilla descansando sobre su mano y la mirada perdida en la pista, donde las bailarinas giraban en sinfonía con la música.
Sin embargo, en el instante en que sus ojos encontraron la figura de Phineas danzando, su interés se reavivó con una intensidad que lo sorprendió.
Había en sus movimientos una energía salvaje que contrastaba con el recato con el que solía comportarse, un brillo que despertaba algo en él.
Pero entonces, su mirada se desplazó hacia un punto cercano: Kou, inmóvil, observándola como si el resto del salón hubiera desaparecido, con una devoción que hizo que la mandíbula de Hakeem se tensara.
Frunció apenas el ceño, un gesto casi imperceptible, antes de volver a reclinarse en su asiento.
Desde allí, lo observó sin apartar la vista, apoyando la mejilla contra su puño, con una ligera sonrisa tranquila e inalterable dibujada en los labios, aunque por dentro ardía una llama de posesividad que prefería ignorar.
Entonces, vio al guardia que anteriormente le había dictado la orden, acercarse a Kou y susurrarle al oído.
El joven parpadeó, como si el hechizo que lo mantenía inmóvil se rompiera, y se volvió levemente en dirección al trono.
Sus miradas se cruzaron por un instante.
Hakeem sostuvo la suya con calma, sin dar indicio alguno de lo que pasaba por su mente.
Lo vio beber de un solo trago una copa de vino, limpiarse la boca con el dorso del brazo y, acto seguido, avanzar hacia Phineas y extenderle la mano.
Ella aceptó el ofrecimiento, y ambos comenzaron a bailar.
Desde su trono, siguió cada paso con una atención que rayaba en la obsesión: la manera en que Kou colocó su mano en la cintura de la joven, el modo en que la guiaba con un cuidado casi reverente, las miradas cargadas de electricidad que se cruzaban entre ellos y esa breve inclinación de rostro que sugería algo más que un simple acercamiento.
Hizo que los dedos de Hakeem se cerraran en un puño.
No necesitó ver más.
Para sorpresa de Bajir y los escoltas, Hakeem se incorporó, descendiendo del trono y avanzando entre la multitud.
Los invitados, al notarlo, se apartaban a su paso , bajando las voces y la cabeza, sintiendo la tensión que emanaba de su figura.
Colocó una mano firme sobre el hombro de Kou.
El joven se tensó y giró la cabeza para encontrarse con su mirada, que brillaba con una intensidad peligrosa.
—Disculpa que interrumpa tu baile —le dijo Hakeem a Phineas, con voz engañosamente tranquila—, pero necesito hablar con tu acompañante.
Es sobre un tema importante.
¿Verdad Kou?
—añadió, apretando apenas el hombro del joven.
Kou asintió, separándose de Phineas con cierta incomodidad.
Sin embargo, antes de que pudiera decir nada más, Hakeem vio cómo su mirada se desviaba y su cuerpo comenzaba a tambalearse.
Un segundo después, el joven yacía desvanecido en sus brazos.
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