Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La nieve que cae en el desierto - Capítulo 8

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La nieve que cae en el desierto
  4. Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 Reclusión
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

8: Capítulo 8: Reclusión 8: Capítulo 8: Reclusión Por un momento, el silencio en la habitación fue abrumador.

Nora se ruborizó, sorprendida por la respuesta, mientras Hui Wei observaba la escena con una expresión inescrutable, aunque parecía divertirse con la incomodidad de Phineas.

Caesar no se inmutó.

Solo abrió la bolsa en su mano y la dejó caer al suelo, desvelando el contenido de la misma.

—Oh —murmuró Hui Wei con interés, cubriendo su boca con la manga de su túnica—.

Bayas de belladona.

¿Sabían que en pequeñas dosis son un analgésico?

Pero en gran cantidad…

—hizo una pausa dramática—.

es un veneno mortal.

Nora frunció el ceño, su cuerpo se tensó de inmediato.

—Esto es un error —dijo Phineas, dando un paso adelante—.

Mi medicina…

no, yo nunca…

—¿Nunca qué, hermana?

—Caesar la interrumpió—.

¿Nunca las tuviste en tu poder?

¿Nunca supiste lo que contenían?

¿O nunca pensaste que alguien las encontraría?

El golpe de sus palabras la dejó sin aire.

Phineas miró las bayas esparcidas en el suelo, la acusación clara en los ojos de su hermano.

—Tú…

crees que yo…

—Su voz se quebró antes de poder terminar la frase.

Caesar entrecerró los ojos.

—Dímelo tú.

¿Cómo llegaron estas bayas al vino que ingirió nuestro padre?

El silencio que siguió se sintió como una condena.

Caesar no se movió cuando la mano de Phineas rozó su mejilla, pero su mirada permaneció fría, impenetrable.

Ella sintió un nudo en la garganta, sus ojos vidriosos al borde del llanto.

—Tú no eras así, Caesar —susurró, su voz quebrándose—.

¿Qué te pasó?

Primero las marcas que le hiciste a Lars y ahora esto…

El ceño de su hermano se frunció apenas, pero no respondió.

Phineas dio un paso más, ignorando la tensión en el ambiente.

Sus dedos temblaban al recorrer la línea de su mandíbula, como si intentara encontrar en su piel algún vestigio del hermano que recordaba.

—¿Dónde está ese hermano gentil que tanto amo?

Por un instante, creyó ver la duda en sus ojos.

Pero fue efímero.

Caesar tomó su muñeca con rudeza y apartó su mano.

—Ese hermano maduró, algo que tú, al parecer, no has hecho —respondió con frialdad—.

No entiendes la gravedad del asunto, Phineas.

A partir de este momento, serás encerrada a la espera de un veredicto.

—¡Eso es ridículo!

—saltó Nora, dando un paso adelante—.

¡La evidencia en su contra es circunstancial!

—Se equivoca, Sir Nora —replicó Caesar, inmutable—.

La evidencia es suficiente.

Sin apartar la vista de su hermana, hizo una señal chasqueando los dedos.

Los guardias entraron de inmediato.

—Lleven a su alteza la princesa a su habitación —ordenó con voz firme—.

A partir de este momento, estará confinada allí.

Tendrá custodia día y noche, y las visitas están totalmente prohibidas.

Los soldados se movieron con eficiencia.

Nora tensó la mandíbula y llevó la mano a la empuñadura de su espada, su cuerpo estaba listo para el combate.

—No lo hagas —le susurró por lo bajo Phineas.

Nora giró el rostro hacia ella, con los ojos llenos de furia y frustración.

Pero ella negó con la cabeza, levantando una mano para detenerlo.

Sabía que un solo movimiento en falso podía costarle la vida a su amigo.

Con un suspiro tembloroso, enderezó la espalda y dirigió una última mirada a su hermano.

—Estás cometiendo un error, Caesar.

Él no respondió.

Simplemente desvió la mirada.

Los guardias la rodearon y la escoltaron fuera de la sala.

Antes que las puertas se cerrasen, observó una sonrisa maliciosa por parte de Hui Wei.

Sin duda disfrutaba de la situación.

Una vez recluida, las lágrimas cayeron sin cesar sobre sus manos temblorosas mientras abrazaba sus propias rodillas en la soledad de su habitación.

La imagen de Caesar antes de partir a la guerra de conquista se reproducía en su mente como un eco cruel de lo que fue.

Aquel día, él la abrazó con fuerza, haciéndole una promesa: “Volveré sano y salvo, Phineas.

No tienes que pasar noches llorando por mí.” Había amor en esos ojos, un amor protector que la reconfortaba.

¿Dónde estaba ahora ese amor?

¿Qué cambió en él esos dos años de ausencia?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo