Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La nieve que cae en el desierto - Capítulo 80

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La nieve que cae en el desierto
  4. Capítulo 80 - 80 capítulo 79 El niño misterioso
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

80: capítulo 79: El niño misterioso 80: capítulo 79: El niño misterioso Catorce días habían transcurrido desde que cruzaron las fronteras de Ankarà, y cada amanecer traía consigo la misma promesa cruel: otro día de viento inclemente que se alzaba desde el corazón del desierto como el aliento de una bestia.

Las ráfagas no conocían piedad, solo esa constancia despiadada que había comenzado a erosionar no solo la piedra y la arena, sino también la voluntad de los viajeros.

El vaivén de los camellos se había vuelto parte de sus rutinas, tanto como el sabor a arena en la boca y la sequedad constante en la garganta.

Cada uno montaba en su propia bestia, salvo el niño rescatado, que viajaba junto a Aron.

El pequeño se aferraba con fuerza a su túnica, sus pequeños dedos agarrados al tejido como si fuera su única conexión con la seguridad.

Aron lo miró de reojo y notó cómo su cuerpo temblaba ligeramente.

Alzó la vista hacia el horizonte y comprendió que no quedaba mucho para que el sol se ocultara.

Las sombras ya comenzaban a estirarse sobre la arena dorada, y una brisa más fresca anunciaba la llegada de la noche desértica.

Sin dudas, el niño tenía frío.

—Deberiamos encontrar un lugar para acampar —dijo, rompiendo el silencio que los acompañaba desde hacía horas.

Raze, que cabalgaba unos metros por delante, se giró y asintió a la sugerencia.

—Tiene razón —respondió, antes de volver la mirada hacia Fāng—.

Escoge tú el sitio.

Siempre has tenido buen ojo para eso.

Fāng no contestó de inmediato.

Solo entrecerró los ojos y examinó los alrededores con la experiencia de quien conoce el desierto.

El viento agitaba su cabello mientras escudriñaba cada formación rocosa.

Tras unos segundos de silenciosa evaluación, señaló hacia lo que parecía una pequeña colina.

—Allí —dijo con voz firme—.

Hay una abertura, parece ser una cueva.

Será el mejor sitio.

Nos protegerá si se levanta una tormenta de arena.

Raze sonrió con aprobación.

—Buen ojo, como siempre.

Sin discutir más, encaminaron a los camellos hacia la dirección indicada.

El trayecto no fue largo, y pronto llegaron a la base de la colina rocosa.

Allí, tal como Fāng había previsto, encontraron una entrada oscura que se abría entre las rocas como una boca en la piedra.

Ataron a los camellos a unas piedras cercanas y entraron en la cueva.

El aire en su interior era fresco y llevaba un aroma terroso que resultaba reconfortante después de una larga jornada bajo el sol implacable.

El eco de sus pasos resonaba suavemente contra las paredes.

Fāng, sin perder tiempo, acomodó ramas secas que había cargado y preparó una pequeña fogata en el centro de la caverna.

Las llamas crepitaron pronto, proyectando sombras en las paredes de piedra y llenando el espacio con su cálida luz.

El niño, que no se había despegado de Aron en todo el viaje, volvió a aferrarse a él y se acurrucó a su lado, acercando las pequeñas manos al fuego con movimientos tímidos.

Aron lo observó en silencio, preguntándose por qué desde el inicio de la travesía aquel pequeño buscaba siempre estar a su lado.

Desde hacía días sentía la curiosidad clavada en el pecho de saber quién era realmente.

Cuando se reencontró con el grupo antes de adentrarse en Ankarà, el niño había aparecido de pronto, sin explicación alguna.

Nadie le dio detalles; solo Raze, con su tono seco y tajante, le dijo que lo llevarían con ellos hasta Ak’tenas, como si no hubiera nada más que añadir.

Aron volvió a mirarlo de reojo y, para su sorpresa, la mirada del niño ya estaba puesta en él.

Una mirada cargada de dolor, de una tristeza tan profunda que parecía no tener fondo, pero también había algo más: una confianza que lo desconcertaba.

Fue entonces cuando, casi sin pensar, le preguntó: —¿Cómo te llamas, niño?

El niño no respondió, limitándose a sostenerle la mirada, inmóvil, como si la pregunta no hubiera existido.

Sus labios permanecieron sellados.

Aron arqueó una ceja y frunció los labios.

—¿Eres tímido y por eso no has dicho palabra en todo el viaje… o es que no sabes hablar?

Antes de que el silencio se prolongara más, Fāng intervino desde el otro lado del fuego.

Su voz fue tan brusca como la revelación que traía.

—No tiene lengua, por eso no habla.

Alguien se la cortó.

Las palabras cayeron pesadas en el ambiente, como piedras sobre agua quieta.

A Aron le hirvió la sangre de rabia.

Apretó el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, y tuvo que hacer un esfuerzo consciente para no maldecir en voz alta.

—¿Cómo pudieron…?

—murmuró, sin poder completar la frase, ahogado por la indignación que le cerraba la garganta.

El niño, en cambio, seguía mirándolo sin apartarse ni un instante, como si la respuesta de Fāng no hubiera cambiado nada.

De pronto, alzó su pequeña mano y la posó sobre la de Aron.

El contacto era cálido, suave.

Con su dedo comenzó a trazar formas torpes pero deliberadas, letras dibujadas con paciencia en la palma áspera del muchacho.

Aron sintió cada trazo.

«L-O-T-T-E.» Éste quedó sorprendido por la simplicidad y a la vez la complejidad de esa comunicación silenciosa.

—¿Lotte?

¿Ese es tu nombre?

El niño asintió con la cabeza, sus ojos brillando con una tímida certeza.

Aron arqueó una ceja, dejando escapar una leve risa incrédula pero no cruel.

—Es un nombre muy extraño para un niño… ¿o acaso eres una niña?

El pequeño se encogió de hombros y agitó la cabeza con un gesto ambiguo, casi como diciendo “no lo sé”.

La expresión en su rostro no mostraba confusión, sino más bien una aceptación tranquila de esa incertidumbre.

Fue entonces cuando Raze, que había escuchado en silencio hasta ese momento, intervino.

—Lo que ocurre es que él no sabe con claridad lo que es.

Aron lo miró fijamente, esperando una explicación más sólida.

Raze sostuvo su mirada con seriedad.

—Dime, ¿te suena el nombre «Shunsu»?

Aron frunció el ceño y negó lentamente.

—No.

Nunca lo escuché.

Raze suspiró, como si esa respuesta confirmara algo que ya sospechaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo