La nieve que cae en el desierto - Capítulo 81
- Inicio
- Todas las novelas
- La nieve que cae en el desierto
- Capítulo 81 - 81 Capítulo 80 Shunsu
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
81: Capítulo 80: Shunsu 81: Capítulo 80: Shunsu —Lo suponía —dijo Raze en voz baja.
Se acomodó cerca del fuego, y el resplandor de las llamas iluminó las líneas de preocupación en su rostro.
Tras un instante de silencio, prosiguió: —Escucha bien.
Lo que tienes a tu lado no es un niño común.
Lotte pertenece a una raza milenaria conocida como los Shunsu.
Hoy en día están al borde de la extinción… pero en su tiempo se los consideraba herederos de los extintos cambiaformas.
Aron lo miró intrigado, mientras el pequeño seguía pegado a él, como si encontrara seguridad en esa proximidad.
—¿Cambiaformas?
—preguntó, su voz estaba cargada de una curiosidad genuina.
—Sí —continuó Raze, sus palabras medidas y cuidadosas—.
Veras, a diferencia de nosotros, los Shunsu nacen sin un sexo definido.
Su anatomía es ambigua mientras son niños, y así permanecen hasta alcanzar la mayoría de edad.
Entonces, en un ritual, ellos mismos eligen a qué sexo pertenecer… hombre o mujer.
Antiguamente los cambiaformas eran seres mágicos que podian tomar cualquier aspecto, ya sea femenino, masculino, incectos, animale u objetos.
Por eso se cree que los Shunsu estan relacionados de alguna manera con ellos.
Hizo una pausa para suspirar, y su voz adquirió un tono grave: —Como verás, Lotte aún no ha pasado por ese rito.
Por eso todavía no tiene un sexo asignado.
El fuego crepitó en silencio.
Aron desvió la mirada hacia Lotte, viendo al pequeño con nuevos ojos.
—Entonces… ¿cómo debo tratarle?
—preguntó en voz baja, con genuina preocupación por hacer lo correcto.
Raze no dudó en responder con tranquilidad: —Como tratarías a cualquier otra persona.
No importa que sea diferente… nadie merece ser reducido por su peculiaridad.
Guardó un breve silencio antes de añadir, con un matiz más personal en la voz: —Es lo mismo que hice con Fāng desde el día en que lo conocí, y nunca hemos tenido problemas.
Giró la cabeza hacia su compañero y le dedicó una sonrisa sincera.
Aron quedó sorprendido.
Sus ojos fueron del uno al otro antes de preguntar con cautela: —Fāng, ¿tú también eres un Shunsu?
El aludido levantó la mirada hacia él, con esa calma enigmática que siempre lo rodeaba.
—Así es —respondió con naturalidad—.
¿Nunca notaste nada extraño en mi aspecto físico?
Aron vaciló, repasando recuerdos en su mente.
Ahora que lo pensaba, había algo en los rasgos de Fāng, una serie de rasgos que no encajaba completamente en las categorías que conocía.
Al final asintió lentamente.
—Ahora que lo mencionas… sí.
Había algo en ti que no lograba encajar del todo, pero nunca supe qué era.
Fāng arqueó una leve sonrisa, apenas un gesto fugaz que se desvaneció enseguida.
Raze volvió a tomar la palabra: —Si bien Fāng ya es adulto, su sexo sigue siendo ambiguo.
Eso ocurre porque nunca realizó su rito de elección.
Aron frunció el ceño.
—¿Y por qué no?
Raze bajó la mirada al fuego, como si las llamas lo ayudaran a ordenar los recuerdos dolorosos.
—Durante generaciones, los Shunsu fueron perseguidos y esclavizados.
Sus comunidades se disolvieron, separándose para dificultar que los encontraran.
Esa dispersión no solo redujo drásticamente su población… también provocó que mucha de la información sobre sus costumbres se perdiera.
Entre ellas, el ritual de asignación.
El silencio se hizo pesado en la cueva, roto solo por el chisporroteo de la leña y el distante aullido del viento nocturno.
Raze prosiguió: —Una de las razones por las que decidí viajar por el mundo fue precisamente esa: recuperar ese conocimiento perdido.
No solo por Fāng, sino también para ayudar a los Shunsu a reencontrarse, a tener la oportunidad de reproducirse y evitar que desaparezcan para siempre.
Aron lo miró fijamente, y en su voz hubo un dejo de verdadero respeto.
—Es una causa noble, Raze.
Tras un instante, añadió con cautela, aunque temía la respuesta: —Pero dime… ¿por qué los persiguen con tanta saña?
Raze inspiró hondo.
—Por su linaje.
Alrededor de ellos siempre circuló un mito peligroso.
Se dice que en su sangre aún quedan vestigios de aquella magia antigua que poseian los cambiaformas.
Según las leyendas, quien posea un Shunsu… o incluso parte de su cuerpo, recibirá buena fortuna.
Hay quienes creen que podrían alcanzar la vida eterna si se beben su sangre.
Aron lo escuchaba con el ceño fruncido, cada palabra le pesaba más que la anterior.
El horror de lo que implicaban esas creencias se asentaba en su estómago como plomo.
—Por eso los cazan, los esclavizan y les hacen todo tipo de atrocidades —continuó Raze, su mirada fija en las llamas—.
Lotte es un ejemplo claro y doloroso.
Seguramente alguien le cortó la lengua con la creencia absurda de que así obtendría buena suerte.
Aron bajó la mirada hacia el niño, que seguía acurrucado junto a él, aparentemente ajeno a la conversación pero probablemente consciente de que hablaban de su sufrimiento.
Una punzada de rabia le atravesó el pecho.
Apretó los dientes, conteniendo el impulso de maldecir en voz alta.
—Pero tranquilo, joven Aron —lo tranquilizó Raze con voz más suave—.
Cuando lleguemos a Ak’tenas, él podrá ser libre, ya que allí la esclavitud está prohibida.
Aquel reino es el paraíso para aquellos que buscan ser libres.
El fuego iluminaba los ojos del pequeño, y Aron, con decisión, sujetó suavemente al niño de los hombros y lo obligó a mirarlo a los ojos.
—Juro ante ti, como caballero, que te llevaré a salvo hasta Ak’tenas.
Allí serás libre, y nadie volverá a hacerte daño.
El niño abrió los ojos con sorpresa, como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.
Pero lentamente, las facciones de Lotte se suavizaron y, por primera vez desde que Aron lo conocía, una cálida sonrisa iluminó su rostro como el amanecer después de una larga noche.
Entonces, con mano temblorosa pero decidida, tomó la de Aron y, con la yema de su dedo, trazó lentamente una palabra sobre su piel áspera.
«Gracias.» El corazón de Aron dio un vuelco, y en ese gesto silencioso pero cargado de significado, entendió la magnitud de la confianza que aquel pequeño había depositado en él.
En el silencio de la cueva, sellado por el crepitar del fuego y la promesa de un futuro mejor, supo que su viaje había encontrado un segundo propósito.
Ahora no solo debía encontrar a Phineas, si no también proteger a Lotte.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com