La nieve que cae en el desierto - Capítulo 84
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84: capítulo 83: Samsara 84: capítulo 83: Samsara Aksha dejó escapar un suspiro que pareció llevar consigo el peso de todos sus siglos vividos, y con un leve movimiento de su mano, invocó a Samsara.
De entre la bruma surgió una figura femenina imponente, de cabellos dorados que caían como cascada y ojos tan luminosos como el sol.
—Vaya… —dijo la diosa con una sonrisa tranquila—.
Pasaron siglos desde la última vez que me invocaste, mi niño.
—Mi forma será la de un niño, pero yo no lo soy —respondió Aksha con sequedad.
Samsara dejó escapar una risita ligera.
—Cuando tú naciste —dijo con suavidad— yo ya tenía milenios de existencia.
Así que, ante mis ojos, siempre serás un niño.
Extendió los brazos hacia él en un gesto que había repetido innumerables veces a lo largo de los siglos.
—Ven, dame un abrazo.
Ha sido demasiado tiempo.
Aksha volvió a suspirar y negó con la cabeza.
—No te traje a este espacio para revivir viejos tiempos.
Te traje aquí para que me des explicaciones.
La diosa bajó lentamente los brazos y ladeó el rostro con un dejo de decepción.
—Veo que, al fin, te reuniste con aquella niña.
Tardó más de lo que pensaba en encontrarte.
Aksha no perdió tiempo y fue directo al punto.
—¿Qué tipo de misión tienes planeada para ella?
—No lo sé —respondió Samsara con calma.
Aksha frunció el ceño de disgusto.
—¿Cómo que no lo sabes?
Tú hiciste el pacto con ella.
—Es que lo dejé todo en manos de las tejedoras —dijo la diosa—.
.
Ellas se encargaron de hilar el destino y la misión de esa niña en este mundo, entrelazando su historia con hilos que ni siquiera yo puedo ver completamente.
Nadie, salvo ellas, conoce cuál será su verdadero destino o qué desafíos enfrentará.
Aksha dio un paso hacia adelante, su mirada se volvió más dura.
—¿Por qué hiciste eso?
Samsara lo miró con una sonrisa melancólica y, al mismo tiempo, cargada de ternura.
—Porque cuando ella se presentó ante mí para pedir mi favor, lo supe.
Supe en ese instante que, si existía alguien en todos los mundos capaz de cambiar tu destino, de romper las cadenas que te atan a este lugar, sería ella.
Todo lo que hago, mi niño, lo hago por ti.
—¡Ya no me trates más como un niño!
—estalló Aksha, su voz resonando como un trueno.
Bajó la mirada para evitar la de la diosa, sus puños temblaban— ¡Siempre intentaste cubrir el rol de mi madre, pero déjame decirte que no lo eres!
Samsara intentó mantener su sonrisa, aunque en sus ojos se notaba la herida profunda que esas palabras habían causado.
—Lo sé perfectamente —dijo con una suavidad que hizo que Aksha sintiera una punzada de culpa—.
Pero le prometí a tus padres que te protegería… y así seguiré haciéndolo.
No importa que tú me odies.
Al escuchar la palabra odio, Aksha levantó la mirada de golpe, dándose cuenta de lo hirientes que habían sido sus palabras.
—Yo no te odio… —dijo en voz baja—.
Simplemente estoy cansado de que intervengas constantemente en mi destino, de que tomes decisiones por mí como si fuera incapaz de hacerlo.
Ya decidí cuáles van a ser mis cartas finales en este juego contra él, y espero que esta vez respetes mi decisión.
—¿Con cartas te refieres a esas dos almas que salvaste en el desierto?
—preguntó Samsara.
Aksha asintió.
—Pues espero de todo corazón que ellos sean realmente tus mejores cartas —respondió la diosa, y por primera vez en milenios, Aksha pudo escuchar miedo en su voz—.
Porque dudo mucho que vuelvas a tener otra oportunidad como esta.
La primera vez te arrebató a tus padres, la segunda fue tu libertad… y en esta ocasión, lo más probable es que sea tu existencia.
—Soy consciente de eso —dijo Aksha con firmeza—.
Pero si no quiero estar atrapado el resto de mi existencia aquí, tengo que arriesgarme a ir en su contra.
Samsara se acercó a él con pasos lentos y lo abrazó con una fuerza desesperada, como si quisiera protegerlo de todo el dolor del universo.
Aksha, sin embargo, permaneció inmóvil, sin corresponder.
—Él ya me arrebató a mis dos hijos… no soportaría que hiciera lo mismo contigo —susurró contra su cabello—.
Por eso, cuando llegue el momento final, cuando todo parezca perdido, estaré de tu lado.
No te enfrentarás a él solo.
Te lo prometo.
Cuidate mi niño.
El cuerpo de Samsara comenzó a desvanecerse lentamente, disolviéndose en bruma dorada.
Y antes de que desapareciera por completo, Aksha murmuró en voz baja: —Tú también…cuídate.
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