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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 87

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  4. Capítulo 87 - 87 Capítulo 86 Khurshid
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87: Capítulo 86: Khurshid 87: Capítulo 86: Khurshid El corazón de Raze latía con fuerza.

Apenas podía contener la emoción que lo embargaba.

—Lo logramos…

—murmuró, y luego su voz resonó con asombro y júbilo—.

¡Llegamos a Khurshid!

Fāng lo observó en silencio, apoyado aún contra la roca, con el brazo sujeto en el cabestrillo improvisado.

A pesar del dolor punzante que le atravesaba el costado, no pudo evitar que una sonrisa cansada le curvara los labios.

Era raro ver a Raze de esa manera, con los ojos encendidos y la voz temblando de emoción.

—Verte así… —dijo Fāng con un hilo de voz, que Raze no llegó a oír —hace que mis fracturas hayan valido la pena.

Raze giró hacia él, todavía con ese brillo febril en la mirada.

Fāng dejó escapar una risa ronca, entrecortada, que el dolor de sus costillas convirtió en un gemido sofocado.

—Pareces un niño que acaba de encontrar su tesoro.

El comentario no tenía burla, sino más bien un dejo de ternura.

Y aunque Raze intentó recomponerse, enderezando los hombros y borrando la sonrisa de su rostro, aquella chispa de maravilla no desapareció por completo de sus ojos.

Raze inspiró profundo, tratando de aplacar la emoción que aún lo embargaba.

—Khurshid… —dijo con orgullo —.

Aquí, entre estas ruinas olvidadas por el tiempo, yacen secretos que el mundo enterró deliberadamente.

Y entre ellos, estoy seguro, las respuestas sobre los Shunsu que hemos buscado durante tanto tiempo.

Fāng, que lo había estado observando con esa media sonrisa indulgente, sintió que su expresión se endurecía de inmediato.

El dolor físico se vio eclipsado por una punzada diferente.

—¿Me estás diciendo que arriesgaste tu vida solo por eso?

—su voz sonó áspera, cargada de reproche—.

¿Por un puñado de respuestas viejas?

Raze se volvió hacia él con un movimiento deliberado, y toda la euforia del descubrimiento se desvaneció de su rostro, reemplazada por una seriedad que hizo que el aire mismo pareciera espesarse.

—No son solo respuestas viejas, Fāng —su voz cortó el silencio como una hoja afilada—.

Son las piezas que faltan de tu historia, de quién eres realmente.

Y no lo hice solo por los Shunsu… Dio un paso hacia él, sus botas resonando contra el suelo cristalizado, y su voz se volvió más grave, más íntima.

—Lo hice porque tú eres un Shunsu, y porque eres la persona más importante que tengo en mi vida.

Las palabras cayeron entre ellos como piedras arrojadas al abismo, y su eco se multiplicó en las paredes cristalinas hasta convertirse en un susurro que parecía brotar de la misma Khurshid.

Fāng sostuvo la mirada de Raze durante lo que pareció una eternidad.

Sus ojos, normalmente tan controlados, revelaron por un instante una tormenta de emociones que luchaban por encontrar forma en palabras.

El silencio se volvió denso, casi palpable, roto únicamente por el goteo lejano del agua filtrándose entre las grietas milenarias y el susurro del viento que se colaba desde las profundidades del abismo.

Finalmente, Fāng dejó escapar un sonido que pudo ser una risa amarga, un suspiro cansado, o quizás ambos a la vez.

—Eres un imprudente… —murmuró, ladeando el rostro hacia las sombras para que la luz azulada de los cristales no revelara demasiado en sus facciones—.

Siempre lo has sido, desde el primer día que te conocí.

No dijo más.

Ni aceptación ni rechazo.

Simplemente apoyó la espalda contra la pared y cerró los ojos, como si el dolor de sus heridas lo obligara a guardar silencio.

Raze lo contempló un momento más, sintiendo cómo la tensión vibraba en su pecho como las cuerdas de un instrumento musical.

Luego, apartó la vista hacia las ruinas que se extendían ante ellos como los restos de un sueño hecho piedra.

La luz de la piedra artefacto que había activado se reflejaba en miles de superficies cristalizadas, creando un caleidoscopio de destellos azules y dorados que danzaban por las paredes como luciérnagas atrapadas en ámbar.

El lugar parecía respirar con vida propia, como si el propio abismo hubiera despertado para presenciar su llegada.

Una certeza férrea se afianzó en el corazón de Raze mientras observaba los pasadizos que se perdían en la penumbra: habían llegado a Khurshid, la ciudad perdida, y sabía que nada volvería a ser igual después de cruzar esos umbrales olvidados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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