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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 7 Acusación
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9: Capítulo 7: Acusación 9: Capítulo 7: Acusación Phineas hizo una reverencia rápida antes de girarse para seguir su camino.

Continuó caminando con pasos firmes, impulsada por la marea de emociones que se rebalsaba en su interior.

Sin embargo, una sensación extraña la invadió cuando notó que alguien caminaba detrás de ella al mismo ritmo.

Se detuvo de golpe y se giró bruscamente.

Allí estaba Hui Wei, sonriéndole con esa expresión despreocupada que la irritaba.

—Parece que nos dirigimos al mismo destino, princesa —dijo él con tono juguetón.

Phineas entrecerró los ojos.

—Parece que sí —respondió con incomodidad antes de seguir avanzando.

Al llegar a la gran puerta de la oficina de Caesar, dos guardias cruzaron sus lanzas frente a ella, bloqueando su paso.

—Su majestad se encuentra en una reunión y no debe ser interrumpido —declaró uno de ellos con voz firme.

Phineas enderezó su postura y apretó los puños.

—Soy Phineas Enoch Valentine, princesa de Dorean, y les exijo que me dejen entrar a esa oficina.

—Lo sentimos, alteza —dijo el otro guardia sin ceder—, pero sus órdenes fueron claras.

Frustrada, insistió, pero los soldados no se movieron ni un centímetro.

Su postura era firme.

No la dejarían entrar.

Entonces, sin más preámbulos y rompiendo con toda etiqueta formal, dio un paso adelante y alzó la voz: —¡Caesar, estoy aquí y no me iré hasta verte!

Su grito resonó por el pasillo, dejando a los guardias visiblemente tensos.

A su lado, Hui Wei soltó una risa divertida y se cruzó de brazos, observándola con diversión.

—Debo admitirlo, princesa, tienes carácter —comentó con una sonrisa burlona.

La cara de Phineas se tornó de un rojo intenso al escuchar aquel comentario, pero se obligó a mantener la compostura.

No podía darse el lujo de mostrarse avergonzada en ese momento, no cuando estaba a punto de enfrentar a su hermano.

Fue entonces cuando la puerta de la oficina se abrió, y los guardias se hicieron a un lado.

Frente a ellos apareció Luka, el secretario de su hermano, con una expresión tensa y poco amigable.

Phineas intentó moverse para entrar, pero Luka interpuso un brazo frente a ella.

—Lo siento, princesa, pero no puede ingresar.

Phineas frunció el ceño y, sin hacerle caso, estiró el cuello para mirar dentro de la habitación.

Lo que vio la dejó helada.

En el interior, Nora tenía agarrado a Caesar por el cuello de su camisa con una expresión feroz.

A su alrededor, varios soldados lo apuntaban con sus espadas, listos para atacar.

—¡Nora!

—gritó, apartando con brusquedad el brazo de Luka y entrando en la habitación sin dudarlo.

Se interpuso entre ambos, separándolos de golpe—.

¡¿Qué haces?!

Cuando sus miradas se encontraron, sintió un miedo paralizante.

Sus ojos estaban rojos, llenos de una ira incontenible.

Algo no estaba bien.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda mientras volteaba lentamente hacia su hermano.

Caesar, siempre tan expresivo, siempre dejando que sus emociones se reflejaran en su rostro con facilidad… ahora, no mostraba absolutamente nada.

Su mirada era fría, su postura rígida, como si se hubiera convertido en una estatua.

—Quiero que todos, a excepción de sir Nora, mi hermana y el enviado extranjero, se retiren.

Los guardias intercambiaron miradas.

Algunos parecían dudar en acatar la orden, pero nadie se atrevió a desafiar al emperador, no hasta que Luka dio un paso adelante.

—Pero, su majestad… —¡Dije que se retiren!

—rugió Caesar, su voz retumbando en las paredes de la estancia.

Phineas sintió cómo el aire se volvía denso.

No estaba acostumbrada a verlo perder la paciencia con tanta facilidad.

Luka bajó la cabeza con evidente incomodidad antes de hacer una leve reverencia.

—Como ordene, su majestad.

Los soldados abandonaron la habitación en silencio, cerrando la puerta tras ellos.

Ahora solo quedaban Phineas, Nora, Hui Wei y Caesar.

Un incómodo silencio se instaló entre ellos.

Phineas tragó saliva y miró de nuevo a su hermano.

Seguía inmóvil, inexpresivo, con los puños apretados a los costados.

Algo estaba terriblemente mal.

—Caesar…¿qué está pasando?

—preguntó con cautela.

Él no respondió de inmediato.

En su lugar, su mirada se posó en Nora, quien permanecía en guardia, sin soltar la empuñadura de su espada.

Al ver que su hermano no respondía decidió preguntarle a su amigo.

—Nora… dime qué está pasando.

Este suavizó la mirada al encontrarse con los ojos de Phineas, pero solo por un instante.

Como si aquel gesto de preocupación fuera una debilidad, pero su expresión volvió a endurecerse cuando miró de nuevo a Caesar.

—Vamos, su majestad —lo instó, su voz tensa—.

Dígale a la princesa lo mismo que me ha dicho a mí.

—¿Decirme qué?

Caesar suspiró y se pasó una mano por el cabello.

—Phineas Enoch Valentine —su voz sonó firme, con la autoridad de un rey—.

Se te acusa de conspiración contra la corona.

Phineas sintió como si el suelo bajo sus pies se desmoronara.

—¿Qué?

Nora frunció el ceño y avanzó un paso.

—¡¿Está hablando en serio, su majestad?!

—Tan en serio como esta situación lo amerita —respondió Caesar sin apartar la vista de su hermana—.

He recibido un informe detallado.

Y sobre todo, hay una evidencia clave que te vincula con los responsables de la muerte de nuestro padre.

—Eso es… eso es ridículo —balbuceó, buscando desesperadamente el rostro de su hermano en busca de alguna señal de duda, de algo que le indicara que esto era solo un malentendido.

Pero su expresión seguía siendo la misma: fría, distante.

Caesar se dirigió a su escritorio y de allí agarró una bolsa de tela violeta, la cual sostuvo frente a todos.

—Dime, Phineas —su voz resonó en la habitación—, ¿reconoces esto?

El corazón de Phineas latió con fuerza al ver aquella bolsa.

Claro que la reconocía.

Era suya.

Tragó saliva y asintió, sintiendo un calor incómodo subirle al rostro.

—Sí… —murmuró, sin entender a dónde quería llegar su hermano.

—¿Y qué contiene?

—insistió Caesar.

Ella apretó los labios y apartó la vista, sintiendo la vergüenza instalarse en su pecho.

—Es… es mi medicina —confesó en voz baja—.

La tomo cuando estoy en mi período.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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