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La nieve que cae en el desierto - Capítulo 91

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  4. Capítulo 91 - 91 Capítulo 90 Recordando viejos tiempos
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91: Capítulo 90: Recordando viejos tiempos 91: Capítulo 90: Recordando viejos tiempos Aksha, incapaz de contenerse, imitó la misma posición de Aron y, con un gesto sutil de sus manos, utilizó sus poderes para llevar el alma de Lotte a su espacio.

Esta vez no creó ilusiones de prados verdes, ni cielos falsos: era el mismo lugar, solo que en otro plano, uno en el que podían estar ellos dos solos.

Lotte apareció entonces, recostada en el pequeño regazo de Aksha.

Después de todo, en ese plano el dios ocupaba el lugar de Aron.

Ella abrió lentamente los ojos y, al reconocerlo, sus labios se curvaron en una sonrisa cálida.

—¿Por qué sonríes?

—preguntó Aksha desde su desconcierto.

—Porque sabía que eras tú quien me salvó —respondió ella con suavidad.

Él soltó un suspiro largo, cargado de cansancio.

—No creí que tendría que hacerlo tan pronto.

Lotte dejó escapar una breve risa, ligera como un suspiro.

—Eres una insensata… —murmuró Aksha, desviando la mirada—.

No debería hacerte gracia haber estado en esa situación.

—Lo siento —se disculpó ella, con una sonrisa aún en los labios, manteniendo la mirada fija en él, como si pudiera ver a través de todas sus máscaras—.

Es que… al oírte así, recordé los viejos tiempos.

Aksha guardó silencio unos segundos antes de preguntar: —¿Te encuentras bien?

—Sí —respondió Lotte con serenidad—.

En vidas anteriores he estado en situaciones mucho peores.

Pero… —bajó un poco la mirada— extrañamente, mi cuerpo reacciona de forma involuntaria a veces.

Cuando me sujetaban, por ejemplo… podría haber escapado usando las habilidades de defensa que recuerdo de mi otra vida.

Y, sin embargo, me quedé paralizada.

Aksha la observó con atención, sin rastro de burla ni juicio.

—Eso sucede porque tu cuerpo y tu mente son las de un niño, mientras que tu alma, tu verdadera conciencia, es la de un adulto.

—Su voz se tornó más grave, pero también paciente—.

Necesitas trabajar para que ambos se equilibren, para que tu cuerpo y tu espíritu puedan estar en armonía.

Lotte levantó los ojos hacia él, intrigada.

—¿Y cómo puedo lograrlo?

El dios respondió sin dudar: —Primero, debes recuperar tu fuerza física.

—Hizo una pausa, observando la nevada que continuaba cayendo a su alrededor—.

Luego llegará lo más difícil: una jornada de entrenamiento mental y meditación.

Solo entonces tu cuerpo obedecerá a todo lo que tu alma recuerda.

—¿Me ayudarás?

—preguntó ella.

Aksha unió su dedo índice con el pulgar y, sin previo aviso, lo soltó contra la frente de Lotte con un pequeño golpe seco.

Ella dio un respingo y se incorporó de inmediato del regazo del dios, llevándose la mano a la frente.

—¡¿Por qué hiciste eso?!

—reclamó, frunciendo el ceño.

—Porque ya te entrené una vez… y fue un suplicio —respondió él, fingiendo seriedad.

—No mientas —replicó ella con firmeza, aún frotándose la frente—.

Tú te la pasaste bien mientras me entrenabas.

Aksha arqueó una ceja, desconcertado.

—¿Quién te dijo eso?

Lotte lo miró directo a los ojos, con una sonrisa traviesa.

—No lo niegues.

Tus acciones te delataban.

Aksha bufó con fastidio fingido y apartó la vista.

—Como sea.

En esta ocasión no podré ayudarte.

Estarás por tu cuenta.

Lotte infló las mejillas en un puchero evidente, pero al cabo de unos segundos suspiró con resignación.

—Está bien… —admitió, aunque su tono dejaba claro que no estaba del todo conforme.

El silencio entre ambos se extendió unos instantes, interrumpido solo por el susurro de la nieve que seguía cayendo.

Lotte bajó un poco la mirada, y su voz sonó más suave, casi tímida.

—No quiero parecer abusiva… después de que me salvaste.

Aksha la observó con desdén aparente, pero intrigado en el fondo.

—¿Y ahora qué quieres?

Lotte levantó los ojos hacia él, con expresión seria y determinada.

—Un favor.

Quiero que protejas a mis dos compañeros… los que bajaron por el acantilado.

Raze y Fāng —¿Por qué debería hacerlo?

—Porque te lo estoy pidiendo yo.

—Respondió con una sonrisa radiante que iluminó su rostro Por un instante, esa sonrisa quebró la coraza del dios.

Aksha apartó la mirada, incómodo, como si lo cegara más que el propio sol.

—Tienes un talento… irritante —murmuró.

Lotte inclinó un poco la cabeza, aún sonriendo.

—¿Entonces lo harás?

Él suspiró, resignado.

—No prometo nada… pero los vigilaré.

La sonrisa de Lotte se amplió, y sin pensarlo, se inclinó un poco más hacia él.

—Gracias, Aksha.

Él reaccionó al instante: la expulsó de su plano y se trasladó al interior de las ruinas de Khurshid, temiendo lo que Lotte despertaba en él.

Se apoyó contra la pared de tierra con una mano mientras se cubría la boca con la otra.

«A partir de ahora tengo que evitarla», pensó, sintiendo cómo un calor indeseado le recorría el rostro.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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