La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 111
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Capítulo 111: Multitareas
Emily terminó unos bocetos mientras esperaba que él viniera a la cama. Se sentó en su escritorio en pijama, temiendo lo que esto podría hacerle a Byron. A medianoche, había completado todo el trabajo que iba a hacer, pero él todavía no había salido de su despacho.
Se metió en la cama y empezó a leer un libro. Cuando volvió a mirar el reloj eran las tres de la madrugada. Poco después se quedó dormida, con sueños inquietos que la atormentaban. Se despertó momentáneamente cuando Byron le besó la mejilla al meterse en la cama. Debía de ser muy tarde, o muy temprano, ya que un atisbo de la luz gris azulada del amanecer teñía la habitación.
En el desayuno, ambos estaban cansados y optaron por gofres, que eran fáciles de meter en la tostadora.
Byron no se molestó en afeitarse, y parecía aturdido, aunque un poco sexi.
—Ni siquiera quiero hablar de Teddy —dijo con cansancio mientras se sentaban a la mesa.
—Eso es un error —dijo Emily—. Asumes que te está usando por dinero, pero no puedes saberlo con certeza. ¿Y si de verdad quería tener este reencuentro contigo, y entonces pasó algo y necesitaba el dinero con mucha urgencia?
—Siempre necesita dinero —replicó Byron, tomando un gran sorbo de café—. Me doy cuenta de cuándo la gente se me acerca porque quiere usarme por mi riqueza. Tuve esa sensación con Teddy. Debería haberme dejado llevar por mi instinto, pero la ilusión me hizo creer que de verdad podría importarle.
—Tal vez deberías hablar con él —dijo Emily.
—Sabía que ibas a defenderlo —suspiró él—. Pero ni siquiera lo conoces. La verdad es que nunca ha sido un padre para mí. Ni antes ni ahora. Sería mejor para todos que nos olvidáramos de él por completo.
—Entonces, ¿no vas a darle el dinero?
—No lo sé.
El tema parecía afectarle tanto que Emily no insistió más. Esperaba que darle algo de tiempo para pensarlo le hiciera cambiar de opinión. Seguro que no podía seguir enfadado con Teddy para siempre.
Al menos su vida laboral le trajo buenas noticias cuando Katie volvió de sus vacaciones y empezó su trabajo como asistente administrativa.
—¡Londres fue increíble! —exclamó Katie con entusiasmo mientras subían juntas a la oficina principal—. Te puedes hacer una foto dentro de una concha marina gigante, como Afrodita en ese cuadro.
—¡Parece que te lo pasaste genial! —dijo Emily.
—¡Pero estoy emocionada por empezar a trabajar! ¡Mi primer trabajo de adulta para una empresa de verdad! —chilló—. ¿Me he pasado? Vale, puedo calmarme.
Emily sonrió mientras la juvenil exuberancia de Katie le reconfortaba el corazón. —Me alegro de que estés entusiasmada con el trabajo.
Llegaron a la oficina principal y Emily le presentó al equipo. El joven elegantemente vestido de la recepción se levantó y le estrechó la mano a Katie, pero hubo una sensación extraña entre ellos; ambos reaccionaron como si le estuvieran dando la mano a un sapo.
—Este es Spencer, mi recepcionista —dijo Emily. Spencer siempre era puntual y muy preciso en el desempeño de sus funciones. Con su rostro dramático y anguloso, era casi lo bastante guapo como para ser modelo. Emily no estaba segura de por qué Katie había tenido una reacción tan extraña con él.
Katie y Spencer intercambiaron una conversación cortés, pero Emily seguía sintiendo que la extraña sensación seguía ahí. Luego, se dirigieron al despacho de la encargada y Emily le presentó a la gerente de su oficina principal, Michelle. Esta vez, por suerte, no hubo ninguna rareza.
—Michelle hace todo el trabajo duro para que yo pueda concentrarme en diseñar nuevos estilos —dijo Emily—. Y tú la ayudarás con tareas diversas, como contestar al teléfono, la entrada de datos y la organización.
—Sin problema —dijo Katie con orgullo—, organicé mis esmaltes de uñas por los colores del arcoíris.
—Lo harás genial —dijo Michelle, sonriendo. Parecía que a ella Katie también le resultaba tan adorable como a Emily.
Después de presentar a su protegida al resto del equipo, Emily la llevó al pequeño despacho donde iba a trabajar.
—¡Tengo mi propio despacho! —exclamó Katie.
—Sí, teníamos el espacio, así que más vale aprovecharlo —dijo Emily.
—Gracias, Emily. No te fallaré. —Katie se sentó en su nuevo escritorio, radiante de felicidad.
—¿Estarás bien trabajando con el equipo? —preguntó Emily.
—Sí, ¿por qué?
—Es que parecías desconfiar un poco de Spencer.
—Sí… —Katie bajó la voz para que no la oyeran—. Me dio una sensación extraña. ¿Estás segura de que es de fiar?
—Sí, estoy bastante segura —dijo Emily—. Nunca ha fallado antes y tiene una gran ética de trabajo.
—Bueno, quizá no sea nada —dijo Katie—, pero le echaré un ojo por ti.
—Creo que tus tareas habituales deberían mantenerte lo bastante ocupada.
—¡Soy multitarea!
Emily se rio. —De acuerdo, pero no hagas ninguna locura.
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