La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 119
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Capítulo 119: La búsqueda
Ya era demasiado tarde para que le devolvieran el dinero de su vuelo, que no salía hasta la tarde siguiente, pero a Emily no le importó perderlo. En su lugar, reservó el próximo vuelo disponible a Vancouver, que saldría a la mañana siguiente. Tenía que volver con Byron, y a su empresa, lo antes posible.
Lo siguiente que hizo después de cambiar la fecha del vuelo fue intentar llamar a Byron. Si él había visto ese horrible correo electrónico, ella tendría mucho que explicar…
El tono de llamada sonó una, dos y varias veces, pero entonces saltó el buzón de voz. Emily intentó llamarlo de nuevo, por si no le había dado tiempo a coger el teléfono, pero no contestó. Era bastante tarde, así que podría estar durmiendo.
Emily intentó llamar a Sylvia a continuación, pero ella tampoco contestaba. Emily suspiró, pensando que probablemente esto era lo que Ruby quería: que entrara en pánico. Decidió dormir bien esa noche para fastidiar a la malvada malhechora.
Por la mañana, sintiéndose bastante descansada y optimista, intentó llamar a Byron y a Sylvia de nuevo, pero ninguno de los dos contestaba. Esto ya era un poco más preocupante. ¿Se habían olvidado de sus teléfonos o estaban en medio de algún tipo de emergencia?
Emily desistió de intentar llamarlos, ya que tenía que irse al aeropuerto. No quería dejar a Teddy, a su familia y el ambiente sereno de su granja, pero prometió que volvería pronto.
Mientras esperaba su vuelo, Emily intentó hacer algunas llamadas más. Incluso llamó al conductor de la limusina de Byron, pero este le informó de que no había necesitado sus servicios en los últimos días, así que no había visto a Byron desde hacía bastante tiempo.
Ahora Emily empezaba a ponerse nerviosa. El vuelo entero a Vancouver pareció durar una eternidad, y no paraba de moverse en su asiento, incapaz de comer o beber nada de lo que le ofrecían.
Cuando el vuelo aterrizó, Emily cogió un taxi y fue directa a casa, pero, tal como temía, no había nadie. Decidió llamar a Fred. Como agente de seguridad, quizá él supiera algo.
—No podría decirte exactamente dónde está Byron… —dijo Fred—. Pero puedo darte una ubicación aproximada de su BMW.
Emily no podía creer que por fin hubiera un avance. —¿De verdad? Eso sería increíble.
—Le puse un rastreador por si alguna vez lo robaban —dijo Fred con orgullo—. Dame un momento… Vale, está más o menos en la intersección de la Autopista 16 y el Camino Rural 102, un lugar extrañamente rural. Quizá esté pasando algo raro.
La dirección le sonaba a Emily. —Creo que no pasa nada, en realidad. Gracias, Fred. ¡Eres un campeón!
Comprobó la dirección y, tal como sospechaba, estaba muy cerca del Refugio de Animales de Susie y Angie, el que Byron había montado hacía poco como regalo para ella. Parecía que se había preocupado para nada.
Emily estaba impaciente por verlo. Se puso su ropa de montar, se subió a la moto y fue directa a la granja.
Cuando llegó, la escena que vio fue como sacada de un sueño, tanto del tipo sexi… como del extremadamente raro.
Los caballos y las cabras estaban en el pasto, mientras Byron hacía algún tipo de modificación en la granja. Vestido con vaqueros y una camiseta, estaba subido a una escalera usando un taladro eléctrico en la viga de madera del alero. Sylvia esperaba abajo, sosteniendo un comedero para pájaros. Cuando Byron introdujo un gancho de metal en el agujero que había perforado, Sylvia le pasó el comedero y él lo colgó. Estaba tan concentrado en su trabajo que no vio a Emily acercarse.
Por alguna razón, Sylvia llevaba unos pantalones de chándal de campana y una camiseta de pijama ancha. Era el tipo de atuendo con el que normalmente no verías ni muerta a esa dama tan elegante. Su estilo solía ser impecable, y Emily a menudo se preguntaba si tendría una estilista interna, pero esta vez Sylvia llevaba el pelo recogido en un moño desordenado que apenas se sujetaba con una goma.
—Gracias a Dios que estás aquí —dijo Sylvia al ver a Emily—. Me han reclutado para esta aventura rústica, que no es realmente lo mío.
Byron bajó apresuradamente de la escalera para recibirla, y ella por fin se sintió segura de que él estaba a salvo y se encontraba mejor cuando lo estrechó en un fuerte abrazo. Él olía a fresco, a campo, y Emily no se cansaba de su aroma.
—Estaba tan preocupada —dijo Emily—, no pude comunicarme con ustedes por teléfono. —Abrazó a Sylvia también, aunque la mujer pareció apenas tolerarlo.
—La cobertura aquí es terrible —se quejó Sylvia.
—Anoche también llamé.
—Ah, Byron por fin se decidió a dormir, y apagué su teléfono y el mío para que ambos pudiéramos descansar un poco —dijo Sylvia—. Y de repente, me arrastra hasta aquí a las siete de la mañana para construir comederos para colibríes. Ni siquiera me dio tiempo a cambiarme.
Bueno, eso explicaba su extraño atuendo. Puede que Sylvia fuera fría y despiadada con todo el mundo, pero siempre protegía a su hijo con la feroz determinación de una leona. Incluso sacrificó su rutina de peinado y maquillaje para venir aquí y asegurarse de que él no estuviera solo.
Emily estaba tan aliviada de encontrarlos a ambos allí que casi había olvidado la triste noticia que tenía que dar.
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