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La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 121

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Capítulo 121: Ella cruzó la línea

La jefa de oficina de Emily, Michelle, le había enviado un mensaje para decirle que tenían una nueva recepcionista para reemplazar a Spenser. Emily entró en el edificio y se encontró a una joven sonriente en la recepción.

—Muchas gracias por aceptar el puesto con tan poco preaviso —dijo Emily, presentándose a la nueva empleada.

—¡Gracias a ti por darme trabajo! —dijo la joven. Tenía el pelo rizado y llevaba brackets, lo que la hacía parecer recién salida del instituto—. Le avisaré a Michelle de que estás aquí. Quería saberlo en cuanto llegaras.

—¿Tan mal están las cosas, eh?

—No…, en realidad no —dijo la recepcionista.

Tras charlar un poco más con ella, Emily se dio cuenta de repente de que no solo Michelle, sino todos y cada uno de los empleados de la empresa habían salido al vestíbulo para recibirla.

—¡Bienvenida! —exclamaron.

Emily se sonrojó al ver toda la atención centrada en ella. —Gracias… No teníais por qué. Solo he estado fuera un par de días.

Michelle se adelantó y le dio un abrazo a Emily. Era una mujer bajita con el pelo negro y liso como una tabla, y normalmente no era muy dada a las demostraciones emotivas. —Quería asegurarte que todo va bien —dijo—. A pesar de lo que hizo Spenser, nuestra empresa sigue funcionando, y todos te admiramos como una líder muy competente y ética. Toda esa tontería de los correos electrónicos ha quedado atrás.

—Guau… —Emily miró las caras de todos, viendo que estaban realmente emocionados de verla—. ¡Gracias! Es un detalle muy bonito por vuestra parte.

—¡Además, tenemos galletas! —Katie se adelantó para darle también un abrazo.

—Bueno, ahora me siento bienvenida oficialmente —dijo Emily con una sonrisa—. Llevadme a las galletas.

Tras una divertida pausa para tomar té y galletas con todo el personal, Emily se puso al día de lo sucedido. Se reunieron en el despacho de Michelle para evaluar los daños.

Resultó que la «foto comprometedora» de Emily era solo una distracción. Mientras tanto, Spenser había enviado correos electrónicos a muchos de los distribuidores que vendían las marcas de ropa de Emily y les había ofrecido unos diseños realmente horrendos. Por suerte, el resto del personal estuvo al tanto y se puso en contacto con los distribuidores, diciéndoles que por error habían enviado diseños que aún estaban en las fases iniciales.

—¿Cuántos clientes hemos perdido? —preguntó Emily.

—Ninguno —dijo Michelle—. Todos confían en que sabes lo que haces y están esperando los diseños de verdad.

—¡Oh, Dios mío! ¡Me habéis salvado la vida! Pensé que tendría que empezar de cero…

—Fue Katie quien descubrió el problema primero —dijo Michelle—. Esa chica probablemente acabe siendo Primera Ministra algún día.

Emily se sintió increíblemente aliviada. Se alegró de haberle dado a Katie acceso a la cuenta de correo de la empresa, porque la adolescente había insistido mucho en supervisarlo todo por si Spenser hacía alguna jugarreta.

Ahora quedaba una cosa más por hacer. Emily casi que lo estaba deseando. Fue hasta la tienda de Ruby, esperando que la dueña estuviera allí. Era hora de tener una conversación seria.

La familiar campanilla sonó cuando entró, y vio que no solo estaba Ruby, sino también Spenser. Por lo visto, ahora era empleado de la boutique de Ruby y estaba en medio de una conversación con una clienta. Se detuvo, incómodo, cuando vio entrar a Emily.

—Veo que tu carrera como fotógrafo aficionado y manipulador se ha terminado —comentó Emily, acercándose directamente a él.

La clienta que estaba con él se sintió desconcertada por la situación y se marchó deprisa.

—¿Te importa? —dijo Spenser—. Estaba a punto de venderle esa blusa.

—Pues la verdad es que sí, me importa. Casi arruinas mi relación con mis distribuidores. Y ya ni hablemos del estúpido mensaje que le enviaste a mi prometido.

Ruby salió de detrás del mostrador. —Tienes que admitir que fue una distracción ingeniosa. Cuando me enteré de que mi buen amigo Spenser trabajaba para tu empresa, no pude resistirme… Pero veo que has salido de una pieza. Eso siempre me impresiona de ti.

—No necesito tu admiración, Ruby —dijo Emily.

—¿Y qué hay de esa alianza de la que hablaste antes? —preguntó Ruby—. Has demostrado ser muy resiliente, y estoy dispuesta a unirme a tu empresa.

—¿Ah, sí? —Emily fingió pensárselo un momento—. Es demasiado tarde para eso. Intentaste meterte en mi vida personal, Ruby. Y al hacerlo, cruzaste la línea. No volveré a tener nada que ver contigo. No voy a participar en tus juegos, aunque disfrute viéndote perder. Y si tú o tus compinches volvéis a intentar algo así, te llevaré a los tribunales y te coseré a demandas. No quería jugar esta carta, pero como sabes quién es mi prometido, eres consciente de que tenemos fondos prácticamente ilimitados con los que librar una batalla legal.

—No me das miedo —dijo Ruby, aunque pareció pura fanfarronería.

—Quizá esto debería asustarte —replicó Emily—. Tú y tus ideas sois mediocres. Por eso no puedes triunfar. Si intentaras trabajar en ti misma en lugar de arruinar a los demás, podrías haber llegado a crear algo bueno, pero no es así como funcionas, ¿verdad?

Ruby intentó aparentar calma, pero Emily pensó que por un instante había visto una expresión de reconocimiento y desdicha en aquellos grandes ojos azules.

Parecía que de verdad había dado en el corazón de lo que era Ruby. Satisfecha, Emily se dio la vuelta y salió de la tienda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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