La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 131
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Capítulo 131: Una chaqueta de boda especial
—Necesitaré su firma aquí, por favor —dijo Katie.
Estaban pidiendo una gran cantidad de tela nueva para la nueva línea masculina, y Emily lo aprobó, confiando en que Katie sabía lo que hacía. Como todo había sido idea de Katie, Emily le permitió tomar las riendas del proyecto.
Uno de los mejores preparadores de modelos de la ciudad estaba poniendo a Carter al día, mientras Emily y su equipo de diseñadores aportaban ideas para la nueva línea de ropa. Decidió llamarla Freerange Rider para reflejar el espíritu independiente de Carter. El estudio bullía de energía y todo el mundo estaba entusiasmado con la expansión a esta nueva línea.
—¿Cómo va la batalla por la supremacía? —preguntó Emily—. ¿Quién va ganando? ¿Carter, el motero rebelde con una carrera mediocre, o Brandon, el brillante hombre de negocios con el…? ¿Acaso tiene alguna debilidad?
—No lo parece —dijo Katie, haciendo girar un bolígrafo en la mano—. Quizá es que aún no las he encontrado. Todavía no he decidido quién va ganando, pero es divertido trabajar con Carter. He asistido a su entrenamiento y es un modelo estupendo.
—¡Lo sabía! —exclamó Emily.
Estaba deseando ver a Carter en una sesión de fotos, pero por ahora lo que más le apetecía era ir a casa y relajarse en el sofá.
Se olvidó de lo cansada que estaba cuando llegó a casa y vio la mesa puesta para dos, con un par de esbeltas velas rojas encendidas. Byron estaba cocinando algo que olía a chocolate y canela, y se le hizo la boca agua.
—Espero que no te importe que hoy empecemos por el postre —dijo él, dejando sobre la mesa un pastel en forma de corazón.
—¿Que si me importa? —rio Emily, eufórica—. En absoluto.
No sabía cuál era la ocasión… Mientras admiraba el pastel en forma de corazón con su cobertura de chocolate cubierta de frutos secos y virutas de colores, Emily se dio cuenta de repente de que hacía exactamente un año que se habían conocido por primera vez, en una noche lluviosa como aquella.
—¿Es esto… nuestro aniversario? —preguntó.
—¡Exacto! ¿Lo habías olvidado?
Se deleitó con la mirada de adoración de Byron mientras él le ponía las manos a ambos lados de la cintura. —No lo olvidé —dijo ella—, pero no recordaba la fecha exacta en que nos conocimos. Así que ya hace un año que nos conocemos…
—Un año marca una gran diferencia, ¿verdad?
A Emily le costaba comprender lo mucho que había cambiado su vida. No podía haber sabido que pedir ayuda a un desconocido en un momento de desesperación la llevaría a encontrar al amor de su vida.
—Podríamos tomar primero el pastel y luego ir a Mangiamo —ofreció él.
—Me parece una idea genial. —A Emily le alegró que no repitieran su primera cita al pie de la letra. Empezar por el pastel fue una gran inspiración.
—¿Está bueno? —preguntó Byron, observándola atentamente mientras probaba el primer bocado.
—Señor Pomeroy, ¡se ha superado! El chocolate es tan negro y cremoso, y la canela… mmm… Debo decir que tengo suerte de tener a un hombre que es tan bueno en la cocina… como en la cama.
—Tengo suerte de tenerte. —Byron le limpió lentamente una mancha de chocolate de los labios con el dedo. Un escalofrío de deseo recorrió su cuerpo—. Me salvaste la vida.
—Y tú me salvaste a mí —replicó ella—, de tener miedo a acercarme a nadie.
Al llegar a Mangiamo, recibieron una cálida bienvenida de Amadeo y del personal habitual.
—¡Todavía juntos después de un año! —dijo Amadeo, negando con la cabeza—. Esto debe de ser algo especial. Y tengo una comida especial preparada para ustedes dos.
Volver a estar en el restaurante le trajo recuerdos, y Emily se alegró de verdad de que estuvieran en una situación muy distinta a la de hacía un año. Para empezar, ya no tenía que huir de Josh por la ciudad.
—Se me olvidó preguntarte qué tal el día —dijo Byron mientras se deleitaban con los deliciosos platos de pasta que los chefs habían creado especialmente para su aniversario.
—La ropa de hombre es muy divertida de hacer —dijo Emily—, y de hecho me ha dado una idea. ¿Y si te diseño un traje para nuestra boda?
Byron se animó al oír hablar de su boda. A veces sospechaba que él pensaba que ella no se lo tomaba en serio, aunque sí lo hacía, pues de lo contrario no habría aceptado el compromiso en primer lugar.
—Eso sería genial —empezó él—, pero hay un problema… Ya tengo un traje de novio, o al menos una chaqueta.
—¡No puede ser! No me digas que has estado preparando en secreto nuestra boda todo este tiempo.
—En realidad, ha sido mi madre. Estoy a punto de compartir contigo un importante secreto familiar… —Byron estaba tan solemne que ella supo que tenía que estar bromeando—. Hay una chaqueta que perteneció a Ludwig van Beethoven y que se ha transmitido de generación en generación.
—Eso es bastante genial —dijo Emily.
—Mi abuelo se casó con ella puesta, y a Sylvia se le ha metido en la cabeza que yo también debería casarme con ella.
—¿No medía como un metro cincuenta y siete?
—¿Mi abuelo? —dijo Byron, fingiendo estar ofendido.
—No, Beethoven.
—Medía un metro sesenta y dos según algunos —señaló Byron.
—Sigue siendo mucho más bajo que tú. —Emily frunció el ceño, divertida—. ¿Vas a parecer que llevas la chaqueta de un niño?
—Dios, espero que no. En realidad, no he visto esa chaqueta desde que era un niño. Pero Sylvia es muy firme en este punto.
—Ya veremos eso… —dijo Emily.
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