La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 21
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21: Las reglas 21: Las reglas Al día siguiente, Emily no tuvo que esperar mucho para recibir una llamada de su amigo y futuro novio falso.
Tenía la intención de llamarlo en cuanto terminara de desayunar, pero el teléfono sonó a las 9 de la mañana.
—¿Ya me has perdonado?
—La suave voz de Byron le acarició el oído.
—Sí —respondió ella—, y quiero hacer lo del noviazgo falso.
—¿De verdad?
—su voz perdió de repente parte de su brillo profesional y sonó vulnerable por un momento—.
Hablemos de ello.
Te recogeré para almorzar en Mangiamo.
El restaurante italiano estaba lleno de parejas glamurosas y profesionales elegantemente vestidos.
Amadeo, el mismo hombre de mediana edad que los había atendido la última vez que estuvieron allí, pareció aún más feliz de ver a Byron.
Una vez más, le dio un abrazo a su jefe y un cálido saludo a Emily.
Estaba desconcertada por lo cercano que era Byron a su personal, a pesar de todos los artículos que había leído sobre su crueldad y cómo aplastaba a todas las empresas que se interponían en su camino.
Quizá de verdad se preocupaba por la gente que trabajaba para él, pero veía a todos los demás como meras estadísticas de daños colaterales.
—Puede que esto no sea fácil —empezó Byron—, considerando lo que puedo llamar sin temor a equivocarme nuestra atracción mutua.
Sentada a la mesa, frente a él, Emily no podía negarlo.
Era bueno que la mesa los separara, porque estaba tentada de alargar la mano y acariciar los hermosos contornos de su rostro.
Se preguntó qué se sentiría al besarlo.
De repente, se dio cuenta de que Byron estaba diciendo algo, mientras ella estaba completamente distraída por su apariencia divina.
—…así que, ¿quizá te gustaría hacer alguna sugerencia?
—preguntó él.
—¿Sugerencias?
—repitió ella.
—Sobre nuestro nuevo acuerdo.
—Oh, claro —dijo, azorada—.
No, empieza tú.
—De acuerdo —dijo, sonriendo como si supiera que ella había estado admirando su aspecto—.
Empecemos con las muestras públicas de afecto.
¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar?
—Eh…
—Emily no se lo había planteado.
Él le tomó la mano y se la acarició con el pulgar, con un toque ligero y juguetón.
—¿Estaría bien así?
—preguntó él.
Emily asintió, preguntándose cómo iba a poder soportar aquello sin rendirse a su encanto.
—¿Y qué tal los abrazos?
—continuó él.
—Abrazos…
—Emily se aclaró la garganta, nerviosa.
—Tenemos que darles algo a los periodistas de lo que hablar —dijo él, aunque Emily sospechaba que no era la única razón por la que quería acercarse a ella.
—Abrazarnos estaría bien.
—Supongo que besarnos está descartado, ¿no?
—Sus ojos brillaron misteriosamente mientras sus labios se curvaban en una sonrisa pícara.
—Yo…
no he pensado en ello —dijo Emily—.
Un beso en la mejilla podría estar permitido.
—¿Nada de besos en los labios, entonces?
—preguntó.
Toda su expresión parecía decir: «pruébalo, puede que te guste».
Aunque su cuerpo se derretía de deseo, Emily se mantuvo firme en ese punto.
—Nada de besos en los labios.
Amadeo vino a tomarles nota, proporcionando un muy necesitado descanso de la sensual discusión.
Después de que ambos pidieran pizza, reanudaron lo que se estaba convirtiendo en una lista indulgente pero alarmante de cosas que podrían hacer en el futuro.
—Sé que pensarás que esto es demasiado —dijo Byron, con un aspecto más serio—, pero ¿qué tal si duermes en mi casa?
—Pero eso podría llevar a mucho más contacto del que acordamos —dijo Emily, sin estar segura de lo que él tenía en mente.
—No tiene por qué —respondió él.
—¿De verdad crees eso?
—preguntó ella.
Era difícil imaginarse en la misma casa que él sin sentir la tentación de olvidar todas las reglas.
Él pareció casi ofendido.
—Oye, no soy un animal salvaje.
Puedo controlarme.
Emily sonrió, ladeando la cabeza.
—¿Y si yo soy el animal salvaje?
Él sonrió ampliamente.
—Me gustaría mucho ver eso.
—Seguro que sí.
—Ambos se rieron, y Emily se estaba divirtiendo demasiado como para mantenerse cautelosa como había planeado.
—Pero quiero que sepas —dijo Byron, recuperando la seriedad—, que siempre estarás a salvo en mi casa.
—Lo sé —dijo ella—, confío en ti.
Sus labios se entreabrieron un poco, sorprendido.
—¿Así que te lo pensarás?
Emily bebió un largo trago de agua, intentando reducir el calor que le invadía todo el cuerpo.
—Sí.
Quizá estaría bien quedarme a dormir.
—¿Por qué estás tan complaciente hoy?
—preguntó Byron con recelo.
Emily se alegró de poder revelar por fin el motivo, ya que era un buen momento.
—¡Recibí tu carta!
—Así que por fin llegó —comentó él con una leve sonrisa—, la envié por correo ordinario para asegurarme de que tuvieras la experiencia completa.
—Gracias —dijo Emily con sinceridad—, la atesoraré para siempre.
Siempre quise recibir una carta escrita a mano.
Decidió no mencionar que siempre había querido recibir una de un joven atractivo.
—Me alegro de que llegara cuando lo hizo —dijo Byron—, o puede que no me hubieras perdonado el error de ayer.
Pero aun así me gustaría compensártelo.
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