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La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 37

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37: ¿Siquiera va a aparecer?

37: ¿Siquiera va a aparecer?

Emily llegó temprano al evento benéfico y vio que Sylvia ya estaba allí con algunos empleados de la empresa.

La madre de Byron estaba impecable con un vestido azul medianoche de tirantes finos y el pelo recogido en un moño glamuroso.

Estaba dando instrucciones de última hora a todo el mundo cuando vio a Emily.

—¡Bien hecho!

—dijo Sylvia—.

Estoy gratamente sorprendida.

Emily decidió seguirle la corriente, ya que era el mejor cumplido que iba a recibir.

Estaba bastante orgullosa del vestido que había hecho con solo unos días de antelación.

Era de un material brillante de color gris plateado y sus líneas se ceñían a su figura con ligereza y gracia.

—Pensé que Byron vendría contigo —dijo Emily, nerviosa—.

¿Dónde está?

—No lo sé, fue a buscar un sándwich.

—Tiene a docenas de personas sirviéndole en todo.

Hasta su perro tiene peluqueros y nutricionistas y Dios sabe qué más, ¿y necesitaba salir él mismo a buscar un sándwich?

—Dicho así, la verdad es que parece sospechoso —murmuró Sylvia—.

No me pongas nerviosa.

Estoy segura de que aparecerá.

Emily respiró hondo.

Por suerte, ya habían sacado los aperitivos en grandes bandejas, y devoró unos cuantos canapés.

Había de queso crema y salmón, así como una preparación vegetariana de pimientos rojos ahumados y berenjena que estaba deliciosa.

—¿Qué estás haciendo?

—dijo Sylvia, acercándose con gesto severo—.

Deja algo para los invitados.

—No he comido tantos —protestó Emily.

Agarró un cóctel de otra bandeja.

—¡Y no te emborraches!

—le advirtió Sylvia.

—No puedo evitarlo —se quejó Emily.

Ya estaban llegando algunos invitados y Byron no aparecía.

—Vamos a saludarlos —dijo Sylvia, agarrando a Emily del brazo.

Fue bueno distraerse con conversaciones triviales mientras pasaba el tiempo.

Media hora después, la mayoría de los invitados ya socializaban en el gran salón y había llegado la hora oficial de inicio del evento.

Emily y Sylvia se dirigieron al frente de la sala para comenzar sus discursos de introducción, y Byron seguía sin aparecer por ninguna parte.

Nervioso, Byron fue a una cafetería sencilla no muy lejos de donde vivía.

No era el tipo de lugar que soliera visitar.

Estaba harto de quedarse en casa o en la oficina, y sintió que allí podría relajarse y despejar la mente, ya que era muy poco probable que nadie que conociera apareciera ni muerto por ese lugar.

Pidió un sándwich y se sentó en una de las sillas de plástico.

No había crecido con miles de millones de dólares en su cuenta bancaria, y la mayoría de la gente lo consideraba un hombre hecho a sí mismo.

Sin embargo, sabía que era afortunado en muchos sentidos.

Su madre ya tenía un pequeño negocio cuando él era niño y le enseñó mucho sobre cómo dirigir una empresa.

La mayoría de la gente no recibía tanto apoyo de sus padres, ni siquiera una base financiera humilde pero sólida para empezar.

Observando a los clientes habituales de la cafetería, pensó en que si alguno de ellos se viera afectado por la misma devastadora enfermedad, no tendrían el lujo de faltar al trabajo como él.

Emily tenía razón, debía hacer esto para ayudar a los demás.

Pero temía que su vida fuera a cambiar de formas que ni siquiera había imaginado.

Cuando llegó el sándwich, se lo dio a un hombre sin hogar que estaba sentado fuera de la cafetería.

De repente, Byron se dio cuenta de que había perdido la noción del tiempo.

Corrió a casa para ponerse su atuendo elegante y luego fue al Hotel Grandcliff, donde su público lo esperaba.

Entró en el vestíbulo del hotel y caminó hacia el gran salón donde se celebraba el evento.

Sonriendo, saludaba a todos los que se le acercaban.

Su mamá lo fulminaba con la mirada desde el estrado, al igual que Emily, que parecía una diosa con su vestido plateado.

Quizá valiera la pena si con ello podía hacerla feliz…

Subió los escalones con ligereza y se acercó al micrófono, sonriendo para tranquilizar a las dos mujeres que parecían listas para matarlo.

—Bienvenidos todos —dijo—.

Quisiera empezar agradeciendo a las dos damas que han organizado este evento: mi madre, Sylvia, y mi novia, Emily.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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