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La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 56

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56: Un largo camino de nuevo 56: Un largo camino de nuevo La nieve crujía bajo los neumáticos del coche mientras el BMW subía y bajaba por los picos de las montañas.

Emily conducía, dejando que Byron admirara las hermosas montañas y los árboles de hoja perenne, todos resplandecientes con coronas de blanco.

Emily estaba cada vez más convencida de que su depresión se había agravado con el invierno y la tensión repetitiva del trabajo.

Y como no tenía tiempo para unas vacaciones de verdad, decidieron hacer una escapada rápida de fin de semana a las montañas.

Supo que el viaje estaba surtiendo efecto cuando Byron empezó a cantar con ella «Mundo de Malvaviscos».

Antes había estado de un humor bastante sombrío, pero ahora estaba disfrutando del trayecto y contando chistes.

Tras unas horas de viaje, pararon frente a la cabaña de Byron, situada cerca de una estación de esquí.

Por fuera, tenía el aspecto de un chalé suizo, con vigas de madera de color marrón oscuro y un balcón.

Dentro, había una chimenea y los muebles parecían elegantes y modernos.

Fueron a cenar al pueblo cercano y luego se relajaron junto a la chimenea bebiendo chocolate caliente.

Al día siguiente lo pasaron esquiando por las pistas.

Hacía un sol increíble, y la nieve producía millones de destellos brillantes.

Emily sintió que el ánimo de ambos se había levantado.

La escapada iba tan bien que Emily temía tener que volver a la ciudad en solo dos días.

Contempló pensativa el paisaje montañoso.

—¿Estás bien?

—preguntó Byron.

Estaba sentado en un gran sillón, hojeando un libro sobre la fauna local, pero era evidente que no estaba demasiado absorto en él.

Emily no se había dado cuenta de que él había notado su sutil cambio de humor.

Se había acostumbrado a ser sensible a los estados de ánimo de Byron, pero parecía que él había llegado a conocerla con la misma profundidad.

—Sí —dijo—, solo pensaba que se está tan bien aquí que no quiero volver.

—Quedémonos aquí —ofreció él.

—Ojalá pudiera, pero tengo que volver con mis alumnos —dijo Emily—.

Lo que no me apetece nada es seguir con mis líneas de moda.

—Dijiste que no podías vivir sin ellas —le recordó Byron.

—Es verdad, pero también son un dolor de cabeza.

—Creo que estás siendo demasiado dura contigo misma —dijo Byron—.

Empezar tu propio negocio es todo un reto.

Es un camino largo y sinuoso.

—Contigo todo es un camino largo —se burló ella, pero se acercó y se sentó en su regazo.

—Pero esto lo digo muy en serio.

—Lo dice el hombre que se hizo multimillonario a finales de la veintena.

—Tuve suerte —dijo, acariciándole el brazo de forma tranquilizadora—, y monté tres negocios que fracasaron antes de pillarle el truco.

Comparada conmigo, a ti te está yendo extremadamente bien, tanto con el estudio de arte como con las líneas de moda.

—Vale, te creo —dijo Emily, inclinándose para besarlo.

Sus labios eran suaves y tentadores, rodeados por una barba incipiente y áspera que le arañaba la cara de forma provocadora.

Los besos empezaron siendo suaves y dulces, pero fueron ganando en pasión hasta que Emily quedó jadeando en busca de aire.

Byron la guio hasta la suave alfombra junto a la chimenea, donde se tumbaron, estimulados por el calor de las llamas y el tórrido deseo que sentían el uno por el otro.

Emily se olvidaba al instante del resto del mundo cuando estaba entre sus brazos.

Lo anhelaba cada vez más mientras Byron se quitaba la ropa y la ayudaba a quitarse la suya rápidamente.

Él parecía fuerte e indómito bajo la luz primigenia del fuego, aunque Emily se preguntó si acaso sería posible domarlo.

Sus manos trazaron los contornos de su cuerpo, y su mirada recorrió su piel suave con adoración.

Cuando sus ojos se encontraron de nuevo con los de ella, él dijo: —Te quiero.

Emily casi ahogó un grito, abrumada por el torbellino de sensaciones y por lo que él había dicho.

Su corazón palpitaba como una llama danzante, intentando escapar y entregársele.

No parecía que él esperara una respuesta, demasiado absorto como estaba contemplando su rostro con ternura mientras el fuego crepitaba como cientos de tambores diminutos.

—Yo también te quiero —dijo Emily, y a medida que sus cuerpos se acercaban, pudo sentir el corazón de él latir más deprisa junto al suyo.

Él se inclinó para besarle los labios de la forma más dulce que ella había experimentado jamás, y su cuerpo se fundió con el de ella, moviéndose juntos en un ritmo perfecto.

El fuego fue menguando, pero mientras la noche caía alrededor de la cabaña, Emily solo sintió calidez y luz en los brazos del hombre que amaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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