La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 61
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61: ¿Demasiado famoso?
61: ¿Demasiado famoso?
Emily no quería que Byron se enfadara demasiado por ella, así que esperó hasta el día siguiente para enseñarle el mensaje.
Sin embargo, en contra de sus expectativas, no se enfadó.
Estaba furioso.
—¡Ese cabronazo!
Si cree que puede escribirte, lo lleva claro.
Caminaba de un lado a otro de su despacho en casa, y Emily casi temió que fuera a lanzar algo.
—Ni siquiera después de haberlo llevado a juicio parece haber captado el mensaje —se quejó Emily.
—Tienes la orden de alejamiento —dijo Byron—.
Podrías enseñarle este mensaje a la policía.
—¿De qué serviría?
—suspiró Emily—.
No pueden hacer que deje de estar tan delirante.
—Desde luego, no pueden hacer que delire más —masculló Byron.
—Quizá debería haber mantenido un perfil bajo —dijo Emily—.
Ser una diseñadora muy mediática y tener un acosador no son cosas que vayan de la mano.
—No, no puedes pensar así —dijo Byron, frunciendo el ceño—.
No puedes culparte por ser famosa.
No puedes esconderte toda la vida.
Él es quien debería esconderse…, de mí, porque voy a patearle el culo.
—No, no lo harás —dijo Emily.
—¿Crees que no puedo con él?
—dijo Byron, adoptando una pose de boxeo.
—No quiero que te metas en una pelea.
—Caminó por la habitación, intentando calmar su mente y pensar en una solución.
La situación la estaba poniendo nerviosa—.
Quizá debería tomarme una de tus bebidas saludables relajantes.
—¿Lo dices en serio?
—dijo Byron—.
Normalmente las odias.
—Solo por las mañanas.
Es un poco inesperado tomar una en lugar de café.
—Una diminuta sonrisa se formó en sus labios.
—Te prepararé una encantado —se ofreció Byron.
—Gracias —dijo ella, ansiosa por tener una distracción—.
Quizá por fin pueda aprender a prepararla.
Fueron a la cocina, donde Byron le enseñó cómo meter todo tipo de frutas y verduras en la licuadora.
—Solo un toque de espinacas —dijo, guiñándole un ojo—, y luego, si te apetece, un mango.
—Un mango suena delicioso —dijo Emily.
La licuadora zumbó y, unos segundos después, Byron le entregó la bebida.
—Esto sí que está increíble —dijo ella tras dar un sorbo delicioso—.
Me encantaría estar en el trópico ahora mismo.
Espera un momento…, ¿podría ser esa la solución al problema de Josh?
—¿Qué, nos mudamos al trópico?
—preguntó Byron, con cara de diversión.
—Solo necesito escaparme un tiempo —dijo Emily, agarrándose el pelo—.
No puedo con todo esto.
Y tú ya habías hablado de irnos de vacaciones.
¿Quizá deberíamos irnos ahora?
Vio cómo una sonrisa se extendía lentamente por el rostro de Byron.
—¿De verdad lo dices en serio?
—Sí, si tú puedes escaparte.
—No va a pasar nada emocionante a principios de enero —dijo Byron—.
Creo que la empresa puede sobrevivir sin mí una semana o dos.
—Bueno, si la tuya puede, la mía también —resolvió ella.
—Entonces…
¡nos vamos de vacaciones!
—¡Sí!
—Emily hizo un bailecito de alegría en medio de la cocina—.
¡Va a ser muy divertido!
Byron se rio al verla tan eufórica.
—Entonces, ¿cuándo nos vamos?
—preguntó ella.
—¿Cómo de rápido puedes hacer la maleta?
—respondió Byron—.
Probablemente podría conseguir que mi piloto despegara en unas pocas horas.
—¿Tienes una piloto disponible?
—preguntó Emily.
Después de todo lo que había visto, ya no sabía si debía sorprenderse.
—No trabaja exclusivamente para mí, pero bajo las condiciones adecuadas, se la puede convencer para que despegue con poca antelación.
Emily se imaginó a otra mujer atractiva, pero ni siquiera sintió celos, demasiado emocionada por irse de viaje con Byron.
—¿Y adónde vamos?
—preguntó ella—.
¿A Fiyi?
Siempre he querido ir a Fiyi.
—Tengo otra idea, si estás dispuesta a considerarla —dijo él—, hay una pequeña isla en el Pacífico, no muy lejos de Fiyi, de hecho, pero alejada de las multitudes y los complejos turísticos.
—Eso suena bien —dijo Emily—.
¿No me digas que también eres el dueño de toda la isla?
—¡Ja!
Ojalá.
Aunque sí que soy dueño de gran parte de las propiedades inmobiliarias de allí, así que se podría decir que poseo la mitad.
—¡Lo sabía!
Bueno, tengo curiosidad por ver esa isla.
Si invertiste tanto dinero en ella, no puede ser mala.
—Estoy deseando que la veas —dijo Byron.
Su mirada seductora prometía una aventura tropical muy tórrida.
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