La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 74
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74: Superstición 74: Superstición Byron encontró el momento oportuno para acercarse a Pam en la cena de ensayo de la boda.
El restaurante estaba lleno con docenas de personas del cortejo nupcial y todo el mundo deambulaba alrededor de la mesa, hablando con primos y amigos a los que no veían hacía mucho tiempo.
Mientras Emily se ponía al día con unos amigos de Toronto, Byron fue a sentarse al lado de Pam.
—¿Puedo hacerte una pregunta en confianza?
—Creo que ya sé cuál es tu pregunta —dijo Pam—, y has venido a la persona adecuada.
Se apartaron para sentarse en un rincón de la sala en una mesa pequeña.
—He notado que a Emily nunca le gusta precipitarse con el compromiso —empezó Byron—, pero últimamente me pregunto si está lista para más.
La pillé mirando vestidos de novia por internet.
Y contigo, su mejor amiga, casándote, quizá se decepcionaría si no le propusiera matrimonio.
Pero, al mismo tiempo, no quiero hacerlo si no está preparada.
—Vaya, piensas las cosas de más casi tanto como Mike —comentó Pam.
—¿Puedes culparme?
—replicó él, alzando los brazos en un gesto de derrota—.
Es una situación muy confusa.
—Vale, la cosa es así —dijo Pam con calma—.
A Emily siempre le ha encantado su libertad.
Es como un mustang salvaje que no quiere ser domado.
Necesita ser libre.
Por desgracia, el primer chico con el que salió en el instituto fue…
¿adivinas quién?
—¿Josh?
—preguntó Byron.
Su rabia por el acosador se reavivó.
—Din, din, din.
¡Correcto!
—dijo Pam.
—No lo sabía —murmuró Byron.
Ahora entendía por qué Emily era tan huidiza.
Su primera relación debió de hacerle creer que los hombres no respetaban su libertad y que querrían enjaularla de alguna manera.
Le dolía el corazón por ella porque probablemente nunca había podido disfrutar de una relación normal, divertida y comprometida sin miedo a ser perseguida sin descanso.
—¿Crees que nunca querrá casarse?
—preguntó Byron con desolación.
—Ha llegado hasta aquí —dijo Pam—.
Nunca pensé que viviría con alguien después de solo unos meses de salir.
Obviamente, eres muy especial para ella.
—¿Entonces podría haber una oportunidad?
—preguntó, inclinándose hacia delante, pendiente de cada una de sus palabras.
—Si vas a proponerle matrimonio —dijo Pam lentamente—, sé muy, muy cuidadoso.
Tienes que asegurarte de hacerle saber que las cosas no cambiarán, que no te vas a convertir de repente en la «bola y cadena» de su existencia.
Necesita su propio espacio, su propia carrera.
—Por supuesto —dijo Byron—.
Nunca intentaría quitarle eso.
—Entonces puede que seas el indicado —dijo Pam, guiñándole un ojo amistosamente.
Durante los días siguientes, Byron fue especialmente atento y tierno con Emily.
Ella había pasado por mucho debido a que el acosador la perseguía constantemente, y él quería mejorar su vida.
No importaba si no podían casarse ahora.
Esperaría pacientemente hasta que ella estuviera lista, si es que ese día llegaba.
El día de la boda de Pam finalmente llegó.
Byron se había pasado toda la noche de fiesta con Mike y sus amigos y se despertó con una resaca monumental en la suite del hotel que habían alquilado para asegurarse de que nadie condujera borracho a casa.
Había sido toda una despedida de soltero y, en lo que a Byron respectaba, la mejor parte de la boda ya había terminado.
Llamó a la puerta de la habitación de Mike.
—Oye, ¿Mike?
Probablemente deberíamos irnos.
No oyó respuesta alguna, y abrió la puerta solo para asegurarse de que Mike seguía vivo.
Mike estaba sentado al borde de la cama en una pose pensativa.
—¿Qué pasa?
—preguntó Byron.
—Estaba pensando…
Pam me diría si estuviera embarazada, ¿verdad?
—Claro que lo haría —dijo Byron con falsa confianza.
Quizá se lo diría, con el tiempo.
—Pero creo que quizá lo está, y no me lo dice.
Byron cerró la puerta para que los demás no pudieran oírlos.
Esto se estaba descontrolando.
—¿Cómo sabes que está embarazada?
—preguntó Byron, con la mayor naturalidad posible.
—Solo tengo un presentimiento…
—dijo Mike—.
Es raro, lo sé.
—Esto va a sonar aún más raro —dijo Byron—, pero puede que no vayas desencaminado.
—Quieres decir que…
¿de verdad está embarazada?
—Se suponía que era un secreto.
Byron sintió que se estaba metiendo en un lío, pero se sentía mal por saberlo y no decírselo al padre.
—¿Cómo es que tú lo sabes y yo no?
—preguntó Mike con recelo.
—Emily.
—¡Claro!
¿Así que es verdad?
—Sí, pero no puedes decirle a nadie que te lo he dicho yo.
—¿Estás de broma?
—Mike se levantó y se puso a dar vueltas por la habitación—.
Tengo que ir a hablar con Pam.
—No, no hagas eso —objetó Byron—.
No quería que lo supieras hasta después de la boda.
Pensó que podrías ponerte demasiado nervioso.
—¿Por qué iba a ponerme nervioso?
Este es el día más feliz de mi vida, ahora por dos razones.
Mike salió disparado de la habitación, pero Byron lo agarró del brazo.
—¡No!
No vayas.
Da mala suerte ver a la novia antes de la boda.
—Eso es solo una superstición —objetó Mike, forcejeando para soltarse—.
¿No crees en ese tipo de cosas?
—Sí, sí que creo.
Mi primo fue a hablar con su novia justo antes de la boda, y ella lo plantó.
Te lo digo yo, es algo real.
Aunque Byron no creía del todo que trajera mala suerte, pensaba que tenía sentido, ya que era probable que la gente se peleara cuando abundaban los nervios prematrimoniales.
—De acuerdo.
—Mike dejó de intentar soltarse y respiró hondo un par de veces—.
Quizá le envíe un mensaje.
No, puede que no lleve el móvil encima.
Ve tú y díselo.
Quiero que sepa que lo sé, y que la quiero muchísimo.
—Se lo dirás cuando la veas —dijo Byron en tono tranquilizador—.
Es mejor no agitar las aguas antes de la boda.
—No, quiero que lo sepa antes de que nos casemos —insistió Mike.
—Está bien, iré yo —dijo Byron.
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