La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 85
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85: La Gran Manzana 85: La Gran Manzana Emily estaba lista para irse de viaje a la Ciudad de Nueva York, ya que un distribuidor le había hecho una oferta seria para promocionar su empresa de diseño.
Emily había reservado los billetes cuando las cosas pintaban peor: Byron se mataba a trabajar y ella necesitaba espacio de la relación.
Era reacia a irse ahora, cuando Byron por fin volvía a la normalidad, aunque él todavía trabajaba bastantes horas y tenía entre manos algún tipo de proyecto secreto.
Por mucho que intentara averiguar de qué se trataba, él guardaba silencio sobre el tema.
Lo único que sabía era que tenía que ver con cupcakes, porque una vez le había oído hacer un pedido a una pastelería.
Aunque no estaba del todo segura de si eso estaba relacionado con el proyecto secreto o solo era por algún evento de trabajo.
Aun así, ir a Nueva York siempre era una perspectiva emocionante.
Aquella ciudad tan a la moda podía ser la clave para dar a conocer sus diseños al mundo.
Aunque siempre estaba ocupado, Byron la dejó en el aeropuerto.
—Ve a ver a tu madre antes de que te repudie por un gato —dijo Emily mientras salía del coche y lo abrazaba para despedirse.
—Sí, señora —dijo él—.
Siento que las cosas hayan estado un poco locas últimamente.
No será así por mucho más tiempo.
—Eso espero —dijo ella con falsa severidad.
Parecía que últimamente ambos habían estado demasiado ocupados para besarse como es debido, a excepción de picos apresurados, pero el beso de despedida que le dio Byron la dejó aturdida.
Todavía le hormigueaban los labios cuando subió al avión.
Unas horas más tarde, el jet aterrizó en Nueva York y ella se dirigió al hotel.
Estaba deseando explorar la ciudad por la mañana.
Sentada en el asiento trasero de un taxi, observó el icónico paisaje urbano, pero también se dio cuenta de que su móvil ya tenía un mensaje de Byron:
Te echo de menos…
Tengo una sorpresa esperándote para cuando vuelvas.
Emily sonrió, preguntándose qué estaría tramando.
Solo podía suponer que Byron quería enseñarle el montaje final de otra de sus películas, y desde luego sería una gran sorpresa que El Vampiro del Espacio Exterior resultara ser una película entretenida, pero al menos sería divertido burlarse de ella.
Ella respondió:
Yo también te echo de menos.
Cuál es la sorpresa.
Un minuto más tarde, recibió una respuesta:
Te va a gustar.
¿Viaje de fin de semana?
Vale, entonces quizá no era El Vampiro del Espacio Exterior.
Ella respondió por mensaje:
¡Suena bien!
A la mañana siguiente, al reunirse con la representante del distribuidor, Emily quedó impresionada por el lujoso y a la vez elegante interior de las oficinas de la empresa.
Todo en esa parte de Nueva York tenía un cierto aspecto pulido y sofisticado.
La mujer, que se presentó como Anita, la directora de adquisiciones de la empresa, vestía un impecable traje de pantalón con el toque justo de joyas de oro a juego.
—Nos gustan mucho tus estilos —dijo Anita—.
Tienes esa vibra relajada de la Costa Oeste que la gente de todo el mundo puede disfrutar.
Espero que no te importe ser una especie de celebridad al representar tus diseños.
Cuando fichamos a un diseñador, queremos mostrar tanto su personalidad como sus marcas.
—De acuerdo, ¿cómo funciona?
—preguntó Emily.
Estaba un poco intimidada, pero ansiosa por empezar.
—Puedes crear una plataforma online publicando vídeos de vez en cuando.
Podríamos incluso organizar algunas entrevistas en programas de televisión.
Si no te da reparo mostrar más de tu personalidad, creo que podría ser un gran paso adelante para ti.
Emily pensó en la situación de su acosador.
No había vuelto a saber de Josh desde aquel mensaje de Navidad del año pasado.
Nunca respondió a su mensaje, pensando que su silencio lo desanimaría.
Pero no bastaba con suponer que se había rendido.
Podría seguir obsesionado con ella y sería capaz de localizarla mucho más fácilmente si se convertía en un personaje público.
Al mismo tiempo, Emily sintió rabia por haberle dedicado siquiera un pensamiento.
No iba a quedarse en un segundo plano solo por él.
Fue solo una vacilación momentánea y, al instante siguiente, aceptó el trato.
Emily pasó el resto del día disfrutando de la ciudad, de sus tiendas y de su panorama artístico.
Cuando regresó a casa, estaba orgullosa de tener un contrato que garantizaría que sus diseños se vendieran a nivel internacional.
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