La novia a la fuga del multimillonario - Capítulo 97
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Capítulo 97: Un descanso de Hollywood
Emily llegó a casa de su cita y fue a buscar a su prometido. Él estaba ocupado en el despacho de casa, pero ella sospechaba que solo se estaba escondiendo de ella. Llamó a su puerta.
—¿Sí? —dijo él con irritación.
—Los perros quieren salir a pasear —dijo Emily.
—Estoy algo ocupado.
—Han dicho que quieren ir contigo.
—¿Ah, sí? —Byron levantó la vista del ordenador, casi sonriendo.
—Sí, hace un siglo que no los paseamos los dos juntos y necesitan hablar con ambos.
Byron se preparó bastante rápido, lo que era una buena señal de que él también quería hablarlo para poder superarlo.
Caminaron por la playa, soltando a los perros para que chapotearan en el agua.
—Vale, ¿de qué querían hablarnos los perros? —preguntó Byron.
—Sobre lo que pasó —empezó Emily—, me doy cuenta de cómo debió de parecerte. Estás fuera de la ciudad unos días y, de repente, tu prometida está por ahí con un tipo que no conoces de nada. Entiendo que eso cause celos.
—Sí, exacto —dijo Byron—. Pero ahora me doy cuenta de que fue una casualidad.
—Entonces, confías en mí, ¿verdad?
—Por supuesto que confío en ti —dijo él—, solo espero que sepas lo que haces.
—¿Qué se supone que significa eso? —exclamó Emily.
—Vi cómo te miraba. Creo que a veces no eres consciente de lo atractiva que les pareces a los hombres. Los pillo mirándote fijamente todos los días y apenas te das cuenta.
—Oh… —Emily se sonrojó—. Pero Carter es solo un amigo. Un amigo de un amigo, en realidad. Para ser sincera, una vez estuve colada por él, pero hoy en día no puedo tomarlo en serio. O sea, ya lo conociste…
—Sí. —Los labios de Byron se curvaron en una leve sonrisa—. Parece un poco fanfarrón. Pero a las chicas les gustan ese tipo de tíos.
—A esta chica no —dijo Emily, tomando su mano con vacilación.
—Lo sé —respondió él—. Siento haber sido tan celoso.
Él la besó, y esta vez el hielo se había derretido por completo. Sus labios se sentían cálidos y acogedores. Emily se alegró de que confiara en ella y le resultó fácil perdonar sus celos, ya que ella misma había estado secretamente celosa un par de veces.
El día siguiente fue sofocante, y toda la población de la ciudad deambulaba por las playas y las calles en busca de bebidas frías o un poco de sombra.
Emily decidió salir a por un helado a una cafetería que estaba a un corto paseo de su estudio de arte. Pidió una bola de avellana en un cono de barquillo y se relamió los labios anticipando el capricho.
Justo cuando se disponía a disfrutarlo, sonó una campanilla y una nueva clienta entró en la cafetería. Era una mujer de pelo largo y oscuro. Llevaba gafas de sol, pero Emily la reconoció.
—¿Nova? —dijo.
—Oh, hola…, eh, Emily. —Nova pareció reconocerla también, aunque casi había olvidado su nombre—. ¿Qué haces por aquí?
—Refrescándome un poco.
—Ja, ja, buena esa —dijo Nova, acercando una silla a su lado—. Por si te preguntas qué hago en la ciudad, estoy celebrando el éxito de mis películas con un muy necesario descanso. Volviendo a mis raíces y todo eso.
—Eso es… bueno —dijo Emily, sintiéndose un poco incómoda. Aunque de las dos, por alguna razón, sentía que Nova era la que estaba más rara. La actriz no se mostraba tan serena o segura como Emily la había visto en el estreno. Se preguntó si Nova tendría algún plan con respecto a Byron que la hubiera traído de vuelta a Vancouver. Eso explicaría por qué estaba tan nerviosa cerca de su prometida.
Charlaron un rato sobre los lugares de interés locales y Emily tuvo que volver pronto al trabajo.
—Quería ver a Byron mientras estuviera en la ciudad —comentó Nova mientras se despedían—, ¿quizá deberíamos quedar los tres?
—Sí, estaría bien —dijo Emily. Parecía un gesto amistoso que disipó un poco sus sospechas. Pero si la verdadera razón del regreso de Nova era ver a Byron, tendría que vigilarla. Puede que no fuera tan malvada como el payaso que interpretaba en la película, pero Nova parecía una mujer bastante astuta.
Emily sintió que a ella misma le habría venido bien un descanso de Hollywood, solo que ahora Hollywood había venido a ella.
Estaba feliz por Byron por el éxito de sus dos películas y asombrada de su suerte de que El Vampiro del Espacio Exterior se cancelara después de estancarse cada vez más en los problemas de preproducción. Sin embargo, deseaba que no se centrara tanto en esas películas que lo vinculaban a Nova.
Cuando llegó a casa, Byron ya estaba preparando la cena. Últimamente, después de su reciente pelea, había estado tan cariñoso y atento que ella se sintió mal por pensar que podría volver a caer bajo el hechizo de Nova.
Byron esperaba que su salida no fuera demasiado rara para Emily. Sabía que iba a ser rara para él.
Pero intentó no dejarse intimidar por la idea de que su prometida y su exnovia estuvieran juntas en una salida. Quería volver a ver a Nova, y a ella parecía no importarle que los tres pasaran el rato juntos.
Por suerte, Nova tomó las riendas de la conversación y lo manejó todo con elegancia. Byron se sintió bastante apuesto, caminando con una mujer hermosa en cada brazo. Nova lucía su figura con un vestido de verano de estampado floral, mientras que Emily se veía genial con una blusa blanca y una falda rosa.
Caminaron por el muelle, y Nova charlaba sobre incidentes divertidos en el plató de Drollery Mortal.
—… ¡y ahí estaba yo, cubierta de maquillaje de payaso, intentando pedir un taco! —concluyó otra de sus historias.
—¡Vamos al Museo de Ciencias! —dijo Emily al divisar el globo metálico gigante posado sobre el famoso edificio de aspecto futurista.
—Vale —dijo Byron—. ¿Has estado allí, Nova?
Byron se dio cuenta de que Emily se sentía dejada de lado en la conversación y que probablemente por eso quería hacer algo más activo en lugar de dejar que Nova siguiera parloteando.
Nova parecía estar esforzándose demasiado por ser divertida e ingeniosa. Él nunca lo habría pensado antes, pero casi sospechaba que ella intentaba llamar su atención y revivir su romance.
—Eh…, no, nunca he estado —dijo, aunque no parecía muy entusiasmada.
—No tenemos por qué ir si no te apetece —dijo Emily—. Solo era una idea.
—No, no pasa nada —estuvo de acuerdo Nova—. Es curioso cómo uno puede crecer en esta ciudad y no ver nunca sus lugares más famosos.
El Museo de Ciencias fue una buena idea, ya que ayudó a distraer a todos de su extraña situación. Había dispositivos de alta tecnología y exhibiciones interactivas. En la sala de Ilusiones y Rompecabezas, Emily se enfrascó en resolver un puzle geométrico. Mientras tanto, Nova le hizo una seña a Byron para que se acercara a una de las ilusiones ópticas.
—No es lo que parece si lo miras de cerca —dijo Nova—. Se parece mucho a lo que pasó con esas películas que produjiste, ¿no?
—¿Ah, sí? —preguntó Byron, completamente confundido. El patrón en espiral de la ilusión parecía girar si lo miraba fijamente durante el tiempo suficiente.
—Siento haberte acusado de intentar sabotear el estudio —dijo Nova, con su hermoso rostro de repente cerca del de él. Intentaba hablar en voz baja para evitar que Emily la oyera, lo que levantó aún más las sospechas de Byron.
—No pasa nada —dijo él. Todavía se sentía un poco mal por haberse llevado el mérito del éxito de las películas, cuando todo había sido obra de ella.
—Nunca debí dudar de tu agudo instinto para los negocios —continuó Nova, clavando sus ojos oscuros en los de él con seriedad—. Ahora lo entiendo, querías que probara con una gama diferente de papeles y sabías que tendría éxito. Lo hiciste todo por mí, con la esperanza de que volviéramos a estar juntos.
Hubo un tiempo en que había soñado con un momento como este, pero ahora ya no quería volver con Nova. Todavía la quería en su vida, como amiga. Pero su conciencia empezaba a remorderle seriamente, así que tenía que ser sincero.
—Nova, lo siento —declaró él—. Tenías razón la primera vez: elegí esas películas porque eran las peores que se me pudieron ocurrir. Quería sabotear el estudio. Quería que fracasaras.
Nova soltó un jadeo. —No, no lo dices en serio.
—Sí, lo digo en serio. Ahora me siento mal por ello, y por eso he decidido contarte la verdad. Espero que puedas perdonarme.
—¡Lo sabía! —dijo Nova, olvidándose de bajar la voz.
Se alejó a grandes zancadas y, cuando Byron estaba a punto de llamarla, ella dijo: —¡No me sigas!
Algunas personas se le quedaron mirando mientras se iba. —¿Esa era Nova Summers? —preguntó alguien. Un murmullo emocionado llenó la sala.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Emily, acercándose a él.
—Te lo contaré luego —dijo Byron—. Vámonos de aquí.
Demasiada gente los miraba con curiosidad, y a Byron no le apetecía ser el centro de atención. Se preguntó si Nova no volvería a dirigirle la palabra nunca más. Odiaría perderla por completo. No era tan desgarrador como su ruptura, pero aun así dolía.
—¿Crees que quiere volver contigo? —preguntó Emily cuando salieron del edificio con aire acondicionado a la luz del sol.
—No lo sé —mintió él—. De todas formas, ahora es poco probable.
Se sintió mal por mentir, pero no quería que Emily se sintiera amenazada. Estaba claro que no había ningún riesgo de que él eligiera a Nova en lugar de a ella.
—¿Por qué? —preguntó Emily.
—Le he contado lo de las películas —dijo Byron, entrecerrando los ojos ante el sol demasiado brillante—. No podía seguir atribuyéndome el mérito de haber impulsado su carrera.
—¿Por eso se fue?
—Sí.
Emily pareció aliviada. Byron quería decirle que solo le interesaba Nova como amiga, pero probablemente no tenía sentido hacerlo, a menos que Nova lo perdonara.
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