La novia del Alpha - Capítulo 110
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Capítulo 110: Abriendo [Capítulo de bonificación] Capítulo 110: Abriendo [Capítulo de bonificación] “La expresión de descontento de Damon se acentuó ante la resistencia de Keith, y aumentó su presión.
—He dicho váyete.
—Y yo he dicho que él debería quedarse —replicó Talia a Damon con obstinación—, como si su aura de Alfa no la afectase ni un poco.
Damon estaría impresionado por su tenacidad, si no fuera por el molesto mosquito que de alguna forma no se iba.
Lo único que salvó el cuello de Keith en ese momento fue el hecho de que había cierta distancia entre él y Talia. Si Keith se atrevía a tocarla, Damon eliminaría todas las partes del cuerpo de Keith que entrasen en contacto con Talia.
Damon fulminó con la mirada a Keith, que tropezó para ponerse de pie y la espalda de su camiseta estaba empapada en un sudor frío como si alguien le hubiera echado un cubo de agua.
Los instintos de hombre lobo de Keith lo hicieron dolorosamente consciente de lo cerca que estaba de ser destrozado en pedazos.
—Lo siento, Talia, pero…
Talia estaba molesta con que Keith cediera a la demanda irracional de Damon, pero estaba aún más molesta con que Damon viniera aquí como si el sitio fuera suyo.
¡Podría ser el Alfa de la Manada de Aulladores Oscuros, pero él no es su jefe!
Damon prometió que iría al festival, pero no lo hizo. En lugar de cumplir con su palabra, fue a por otra mujer y luego apareció de la nada, arruinando la poca paz que ella logró crear para sí misma (con Keith y Cinna).
Incluso para alguien tan tímida como Talia, eso fue lo último.
Había terminado de dejarse manejar y humillar.
Talia acudió a la Manada de Aulladores Oscuros para mejorar su vida, pero gracias a Damon, todo se estaba yendo cuesta abajo. En el momento en que progresaba un poco, Damon lanzaba una sombra sobre ella.
A este ritmo, sería mejor si se quedara en ese ático. En realidad, cualquier lugar sería bueno con tal de estar lejos de este Diablo.
—¡De acuerdo! —exclamó Talia.
Recogió la lonchera y el juguete de peluche, y se levantó. Agarró la mano de Keith.
—Vámonos.
Damon no podía creerlo. Apartó con un manotazo la mano de Keith de Talia y la atrajo hacia él.
—¿Y tú a dónde vas?
Talia se alejó de Damon.
—Tú has dicho que Keith debe irse, y yo me voy con él.
—¡Ni se te ocurra! —chilló Damon.
—¿Y qué harás si no te escucho? ¿Vas a azotarme de nuevo? —siseó Talia.
Keith se quedó boquiabierto. ¿Qué acaba de escuchar?”
“Damon miró furiosamente a Keith, cuyas rodillas se convirtieron en gelatina. A este ritmo, el Alfa lo matará de verdad.
Damon se pellizcó la parte superior de la nariz y suspiró irritado antes de volverse hacia Talia —He dicho que él debería irse porque quiero hablar contigo. ¿O te parece bien estar aquí con el entrenador en su escondite para fornicar?
La mente de Keith estaba dando vueltas. ¿Primero Talia lo mete en problemas, y ahora el Alfa Damon? ¿Cómo se ha metido en medio de todo esto (sea lo que sea)?
Talia se detuvo y sus ojos se movieron hacia Keith. —¿Es eso cierto? ¿Aquí es donde traes a las mujeres para…? No pudo terminar.
—No es así —Keith fue rápido en decir.
Keith no tenía idea de por qué lo estaba negando. Pero Talia parecía una novia decepcionada mientras que Damon parecía un padre furioso que descubrió al novio de su hija tratando de meterse en sus pantalones. ¿Y cómo sabía Damon que este era el lugar de encuentro de Keith?
—Nadie necesita tus explicaciones —Damon espetó a través de los dientes a Keith—. Vete, ¿o quieres que te haga?
Keith vio a Damon flexionar los dedos en un puño repetidamente y retrocedió por instinto.
—Solo me preocupaba por Talia —dijo Keith.
—Talia debería preocuparse más de ti que de mí —respondió Damon con brusquedad—. Ahora, lárgate.
Keith vaciló porque no quería dejar a Talia a merced de Damon, pero la verdad era que si Damon quería hacer algo, Keith no podía detenerlo. Además, Talia había dicho que se iba a quedar en la casa de la manada, así que si Damon tenía intención de hacer algo despreciable, podía hacerlo allí sin que nadie se enterara, y no aquí al aire libre.
Tras pensar en sus opciones, Keith comprendió que quedarse no serviría de nada más que para que él resultara gravemente herido.
Keith lanzó una mirada de culpabilidad a Talia y luego se fue apresuradamente.
Talia no podía creerlo. Se agarró a su lonchera y al peluche de cachorro (alias Cinna) y avanzó para pasar junto a Damon.
Damon le bloqueó el camino. —¿Adónde crees que vas?
Talia estaba exasperada. —¿Por qué estás aquí?
—Dijiste que me esperarías. Dijiste que no me dejarías —Toda la rabia había desaparecido de la voz de Damon, dejando solo tristeza que lo hacía sonar como si estuviera rogando.
Talia se dio cuenta de que no solo estaba hablando del festival, sino de la promesa que ella hizo cuando él la llevó al parque de atracciones.
—Dije que no me iría mientras me necesites.
—Te necesito.
Talia negó con la cabeza. —Eso no es cierto.
Damon no lo entendía. —¿Qué te hace decir eso? —preguntó.
Talia tomó un tembloroso aliento, lamentando que la cerveza que bebió no le provocó un mayor aturdimiento. Tal vez si estuviera intoxicada, no le importaría. Si tan solo pudieran desaparecer estos molestos sentimientos irracionales, todo sería mucho más sencillo.
Talia endureció su voluntad y miró a los ojos azul hielo de Damon, que estaban llenos de preguntas.
—No me necesitas, Damon. Si lo hicieras, habrías venido cuando dijiste que lo harías, y no pasarías tiempo con alguna loba que recogiste después del almuerzo —le reveló.
Damon estaba confundido. ¿Cuál loba? —¿Es eso lo que piensas? —preguntó.
—No es lo que yo pienso. Es lo que todos piensan —respondió Talia.
—¿Quiénes son todos? —indagó Damon.
—En cada festival, recoges a una chica y nadie te ve hasta la mañana. ¿Es eso falso? ¿Está todo el mundo mintiendo? ¿Por qué dijiste que volverías? ¿Por qué dijiste que pasarías la noche en la feria conmigo? ¿Por qué hiciste que sintiera que importo? —cuestionó Talia—. ¿No era suficientemente buena la chica a la que recogiste antes? ¿Por qué no recoges a otra y me dejas en paz?
Talia exhaló con frustración. No podía creer que había perdido los estribos y había dicho todas esas cosas.
—Lo siento, Damon. Dije que no me iría, y dije que me quedaría en esa habitación, pero no puedo. No pertenezco allí —dijo con tristeza.
Damon tocó la barbilla de Talia y le inclinó la cabeza para poder ver su rostro.
—¿Y dónde perteneces, gatita? —Damon inquirió.
Talia apretó los labios en una línea. ¿Por qué la llamaba gatita? ¿Por qué estaba jugando con su corazón? ¿Por qué la miraba como si le importase?
—¿Qué quieres de mí, Damon? —preguntó angustiada.
—Estás haciendo la pregunta incorrecta —Damon respondió.
—¿Y qué pregunta debería hacer? —inquirió Talia.
—No se trata de lo que yo quiero. Se trata de lo que TÚ quieres —dijo Damon—. Y se acercó a Talia hasta que estuvieron lo suficientemente cerca para que él pudiera abrazarla.
Talia sintió el calor de Damon rodeándola y su cuerpo firme contra el suyo y su olor… y odió cómo de alguna manera terminó apoyándose en él. ¿Cómo puede ser fuerte e independiente si un abrazo del Diablo es todo lo que necesita para que su determinación se desmorone?
—¿Quieres irte? —Damon murmuró en el pelo de Talia—. No te detendré, gatita, pero primero, necesito que seas honesta contigo misma. ¿Dónde irás? ¿Dónde perteneces? ¿Hay algún sitio en el que te sentirías mejor que aquí?
Talia estaba atónita. Las palabras de Damon eran descabelladas y seguras y… tenía razón.
No tenía un lugar a donde ir, no porque no sabía adónde, sino porque allí, en su abrazo, se sentía como en casa.
“Talia miró a Damon para encontrarse con sus ojos azul hielo. No importa cómo lo pensara, no tenía sentido.
Claro, ella se había enamorado de Damon, pero ¿y él? ¿Por qué se estaba aferrando a ella y alimentando sus esperanzas de que podría haber algo más que su imaginación ilusoria? O ¿realmente es una persona cruel y solamente está jugando con ella?
—¿Por qué estás haciendo esto, Damon? —preguntó en un susurro.
—Porque solo hay una chica que puede llamarse Sra. Blake. Solo tú, gatita.
Talia no lo entendía. —¿Por qué?
—Haces que sonría, no importa cómo haya sido mi día. Tu proximidad me tranquiliza. Haces que no me sienta solo…
Y eso lo hizo. La visión de Talia se volvió borrosa al instante con las lágrimas al ceder la represa que contenía sus emociones.
Esa sensación de no estar solo … ella también la tenía.
Desde que era consciente de su existencia, Talia siempre estuvo sola. En el edificio común al que algunos llamaban el orfanato, y después en el ático. Talia estaba acostumbrada a ello, así debían ser las cosas.
En cambio, cuando estaba con este Alfa que sufre de severos cambios de humor, que le hace sentir todo tipo de emociones que creía que eran solo para que otros las experimentaran, bajo todos esos temores e inseguridades, con la proximidad de Damon y su firme abrazo, Talia no se sentía sola y no lo odiaba. Ni siquiera un poco.
La lonchera y el juguete de peluche cayeron en la hierba al mismo tiempo en que los brazos de Talia se movieron alrededor de Damon para agarrarle la camiseta.
El corazón de Damon se partió porque podía sentir su agitación emocional, pero también estaba un poco contento porque sabía que ella encontraba consuelo en él.
Talia no estaba dispuesta a admitir la fuerza de sus emociones, pero lo necesitaba a él, tal como él a ella, a pesar de que ella no pudiera sentir el vínculo.
Damon cogió a Talia suavemente y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas en la posición de loto antes de colocar a Talia ahí mismo.
La arrulló en sus brazos y se balanceó suavemente mientras esperaba que ella soltara su llanto.
—Está bien, gatita… déjalo salir… —murmuró y Talia lloró más fuerte, liberando toda la frustración e impotencia que había acumulado en su interior a lo largo de los años.
Desde que Damon conoció a Talia, la vio tímida y avergonzada y feliz y expresando muchas otras emociones, pero nunca la vio llorar.
Odiaba cada sollozo que escapaba de sus hermosos labios, sin embargo, sabía que esto era Talia mostrándole su lado vulnerable. Se estaba abriendo a él. Finalmente.
En ese momento, Damon no solo acogió el cuerpo de Talia. También acogió su corazón dolorido y su mente llena de inseguridades, y Damon esperaba poder inculcar en Talia ese sentido de pertenencia que solo se puede experimentar cuando los compañeros están juntos.”
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