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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 1 El precio de un sí quiero
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1: 1 | El precio de un “sí, quiero” 1: 1 | El precio de un “sí, quiero” Elsa Dicen que el olor de las rosas es el más romántico del mundo.

Mentira.

Para mí, el olor de miles de rosas rojas rodeando un altar de piedra fría solo significa una cosa: muerte.

O algo muy parecido.

—Mantén la espalda recta, Elsa.

El mundo entero está mirando —susurró una voz gélida a mi lado.

No necesitaba que me lo recordara.

Podía sentir miles de ojos clavados en mi nuca.

Ojos que no parpadeaban.

Ojos que, en la oscuridad de la noche, brillaban con un matiz carmesí que me recordaba que yo era la única criatura en este jardín cuyo corazón todavía latía.

Mi nombre es Elsa Croft.

Hace una semana, mi mayor preocupación era si mi jefe en la galería de arte me daría el fin de semana libre.

Hoy, visto un vestido de encaje que cuesta más que mi vida y estoy a punto de casarme con un monstruo.

Bueno, técnicamente es un príncipe.

Pero en este mundo, los términos son intercambiables.

—¿Elsa?

—La voz de Kaelen Thorne volvió a sonar, esta vez más cerca de mi oído.

Su aliento no era cálido, pero tampoco helado.

Era como una brisa de otoño que te eriza la piel.

—Estoy bien —mentí, apretando el ramo de flores hasta que los tallos me pincharon las palmas.

Miré hacia adelante.

El jardín del palacio Vrykolakas parecía un sueño sacado de una pesadilla victoriana.

Lámparas de gas flotaban en el aire sin soporte alguno, bañando la escena con una luz anaranjada y trémula.

Los pétalos de rosa cubrían el suelo como una alfombra de sangre fresca.

Y frente a mí, estaba él.

Kaelen no parecía un novio.

Parecía un conquistador que acababa de reclamar su botín.

Su traje era negro impecable, pero lo que dominaba todo era esa capa roja sobre sus hombros, sujeta por broches de oro que brillaban con una intensidad obscena.

Tenía el cabello oscuro peinado hacia atrás, revelando unos rasgos tan afilados que podrías cortarte solo con mirarlo.

Era hermoso.

De esa forma destructiva en la que un incendio forestal es hermoso mientras consume todo a su paso.

—Es hora —anunció el Sumo Sacerdote, un hombre tan pálido que su piel parecía pergamino transparente.

El ritual no fue como las bodas que ves en las películas.

Aquí no hubo anillos de oro.

Kaelen dio un paso hacia mí, rompiendo mi espacio personal.

Su altura me obligó a inclinar la cabeza hacia atrás.

De cerca, pude ver los tatuajes que subían por su cuello, perdiéndose bajo la mandíbula.

Eran runas antiguas que parecían vibrar bajo su piel.

—Sabes por qué estás aquí —dijo él, con una voz tan baja que solo yo pude escucharla.

No era una pregunta.

Era un recordatorio de mi condena.

—Porque soy tu medicina —respondí con amargura.

Sus ojos, oscuros como el abismo, se entrecerraron.

Por un segundo, creí ver un destello de algo que no era frialdad.

¿Culpa?

No, los vampiros no sentían eso.

—Eres mi salvación, Elsa.

Y yo soy tu cárcel.

Acepta el trato.

Extendió su mano.

En su palma descansaba una pequeña daga de plata.

Mi respiración se aceleró.

El contrato de sangre era la razón por la que mi familia seguía viva.

Si yo decía que sí, mis hermanos tendrían comida y seguridad para siempre.

Si decía que no…

bueno, probablemente ni siquiera llegaría a la salida del jardín.

Tomé la daga.

Mi mano temblaba, pero hice un corte rápido en mi dedo índice.

Una gota de sangre roja y brillante brotó de inmediato.

El aire en el jardín cambió de golpe.

Escuché cómo los invitados —los cientos de vampiros aristócratas— inhalaban al mismo tiempo.

Para ellos, mi sangre olía a un festín prohibido.

Para Kaelen, mi sangre olía a supervivencia.

Él tomó mi mano.

Sus dedos eran largos y fuertes.

Llevó mi dedo herido a sus labios y, sin apartar la vista de mis ojos, bebió.

Un escalofrío me recorrió la columna.

No dolió.

Fue una sensación eléctrica, un tirón en lo más profundo de mi pecho que me decía que, a partir de ese momento, algo de mí le pertenecía a él.

Y algo de él se había anclado en mí.

—Mía —susurró contra mi piel.

—Tuya —respondí, aunque las palabras me supieron a ceniza.

El sacerdote levantó las manos.

—El vínculo ha sido sellado.

La Novia de Sangre ha reclamado su lugar.

Príncipe Kaelen, puede besar a su esposa.

El mundo pareció detenerse.

Kaelen me rodeó la cintura con un brazo de hierro.

De repente, mis pies dejaron de tocar el suelo.

Me levantó en vilo, sosteniéndome como si no pesara nada, mientras su otra mano se enredaba en mi nuca, asegurándose de que no pudiera escapar.

Y entonces, me besó.

No fue un beso tierno.

Fue un reclamo.

Sus labios eran firmes y exigentes, marcando territorio frente a toda su corte.

Fue el beso de un hombre que se estaba ahogando y acababa de encontrar aire.

Por un instante, el odio y el miedo desaparecieron, reemplazados por una oleada de calor que no esperaba sentir.

Mi cuerpo traidor se arqueó hacia él, mis manos buscaron sus hombros, aferrándome a la tela pesada de su capa.

A mi alrededor, los aplausos estallaron, pero sonaban lejanos, como si estuviéramos bajo el agua.

En ese beso, sentí la maldición de Kaelen: una oscuridad fría que intentaba devorarlo desde adentro.

Y sentí mi propia sangre respondiendo, luchando contra esa oscuridad.

Cuando finalmente se separó, me mantuvo en sus brazos, cargándome al estilo nupcial.

Sus ojos ya no eran negros; tenían un anillo dorado alrededor de la pupila.

Estaba saciado.

Por ahora.

—Bienvenida al infierno, princesita —me dijo al oído con una sonrisa que no llegó a sus ojos.

Me llevó a través de la multitud, pasando por los arcos de rosas que ahora me parecían las rejas de una jaula dorada.

Los invitados se inclinaban a nuestro paso, pero sus miradas me decían la verdad: no me veían como su reina.

Me veían como un frasco de cristal lleno de un elixir precioso que estaban deseando romper.

Entramos en el castillo, dejando atrás el jardín.

Los pasillos eran inmensos, decorados con mármol negro y estatuas de guerreros olvidados.

El silencio aquí era absoluto, roto solo por el eco de los pasos de Kaelen.

—Puedes bajarme —dije, tratando de recuperar mi dignidad.

—No hasta que estemos en nuestras habitaciones —respondió sin detenerse—.

Hay ojos en todas partes, Elsa.

Si quieres sobrevivir aquí, debes parecer devota a mí.

Deben creer que estamos locos el uno por el otro.

—¿Incluso si es una mentira?

Él se detuvo frente a una puerta doble de madera tallada.

Me miró fijamente, y por primera vez, noté lo cansado que se veía realmente, a pesar de su poder.

—En este palacio, las mentiras son lo único que te mantiene vivo.

Aprende a amar la ficción, esposa mía, porque la realidad empezará a sangrar mañana por la mañana.

Kaelen empujó las puertas, revelando una habitación iluminada por el fuego de una chimenea gigante.

Me dejó en el suelo con cuidado, pero no se alejó.

Se quedó allí, observándome bajo la luz mortecina, mientras yo me daba cuenta de que la boda solo había sido el prólogo.

La verdadera batalla empezaba ahora, en la intimidad de una habitación donde el príncipe no necesitaba fingir que era un caballero.

Me toqué el cuello, sintiendo el pulso acelerado.

Mi sangre seguía cantando por el contacto de sus labios.

Estaba atrapada en una red de seda y colmillos, y lo peor de todo no era que Kaelen fuera un monstruo.

Lo peor era que, cuando me besó, una parte de mí no quiso que se detuviera.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gianna_Viteri_2804 ¡Hola lectores!

Espero que este comienzo les haya dejado con ganas de más.

¿Qué creen que pasará en la noche de bodas?

¿Podrá Elsa mantener su corazón a salvo o Kaelen lo reclamará igual que reclamó su sangre?

No olviden dejar sus piedras de poder (Power Stones) y comentar qué les pareció el capítulo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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