La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 13
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- Capítulo 13 - 13 13 El regalo del abismo
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13: 13 | El regalo del abismo 13: 13 | El regalo del abismo Elsa La partida hacia la Cumbre de Sangre estaba programada para el anochecer, pero el ambiente en el palacio Thorne ya no era de preparación, sino de asedio psicológico.
La aparición de ese nuevo Julian, transformado en un juez del Origen, había dejado una mancha de duda en cada rincón de mármol.
Me encontraba en mi habitación, tratando de cerrar el pesado baúl de cuero donde guardaba mis nuevas vestiduras de reina.
El silencio era absoluto, roto solo por el crepitar de las velas.
Kaelen estaba en el consejo de guerra con sus generales, asegurándose de que el castillo permaneciera inexpugnable durante nuestra ausencia.
De repente, un aroma extraño llenó la alcoba.
No era el sándalo de Kaelen ni el olor a lluvia del bosque.
Era un perfume dulce, casi empalagoso, que olía a flores marchitas y a magia antigua.
Mis ojos se clavaron en la mesa de noche.
Allí, donde antes no había nada, ahora descansaba una caja de madera negra tallada con runas que brillaban con una luz azul pálida.
No necesité tocarla para saber quién la había enviado.
—Julian —susurré, sintiendo un escalofrío.
Con cautela, extendí la mano.
El Factor Éter en mi interior vibró, advirtiéndome, pero la curiosidad fue más fuerte.
Al abrir la tapa, no encontré una bomba ni una maldición, sino un espejo de mano de plata envejecida y una nota escrita en un pergamino que parecía hecho de piel humana.
“Para la Ladrona que cree que el amor de un monstruo es suficiente protección.
Mira en este espejo y verás lo que Kaelen Thorne te oculta.
El precio del sacrificio no es el que te han contado.
Te espero en la Cumbre, Elsa.
No llegues tarde a tu propio funeral.” Tomé el espejo.
El cristal no reflejaba mi rostro, sino una escena borrosa de un pasado que no reconocía.
Vi a Kaelen, siglos más joven, arrodillado frente a un altar.
Pero no estaba solo.
A su lado había una mujer cuya belleza era tan radiante que me dolió el pecho.
Tenía el cabello dorado y los ojos del color del cielo.
Kaelen la miraba con una devoción que me hizo sentir como una intrusa en mi propia vida.
—¿Qué estás mirando?
—la voz de Kaelen tronó desde la puerta, haciéndome saltar.
Él estaba allí, con la respiración agitada y la mano en el pomo de la puerta.
Sus ojos se fijaron de inmediato en la caja negra y luego en el espejo que yo sostenía.
En un parpadeo, cruzó la habitación y me arrebató el objeto, lanzándolo contra la pared.
El cristal se hizo añicos, pero las imágenes parecieron flotar en el aire un segundo antes de desvanecerse.
—¡Kaelen!
¿Qué te pasa?
—exclamé, retrocediendo ante la furia que emanaba de él.
—¡Ese objeto está maldito, Elsa!
—rugió, su aura volviéndose tan oscura que las velas de la habitación se apagaron de golpe.
Solo el brillo de sus ojos dorados y mi propia luz blanca nos iluminaban—.
Julian está intentando envenenar tu mente.
No debes tocar nada que venga de él.
—Me mostró algo, Kaelen.
Te mostró a ti…
con ella.
¿Quién era esa mujer?
¿Por qué Julian dice que me ocultas el verdadero precio del sacrificio?
Kaelen me tomó por los hombros, sus dedos apretando con una fuerza que rozaba el dolor.
Me pegó a su pecho, y pude sentir los latidos violentos de su corazón inexistente.
—Ella no es nadie —dijo con una voz que temblaba de rabia y miedo—.
Ella fue parte de una vida que ya no existe.
No permitas que Julian siembre la discordia entre nosotros.
Ahora más que nunca, tu confianza en mí debe ser absoluta.
—¿Cómo puede ser absoluta si me ocultas la verdad?
—lo desafié, intentando soltarme—.
Dijiste que una vez que nos uniéramos, no habría secretos.
Siento tu inquietud cada vez que mencionamos el final de la maldición.
Si yo soy el sacrificio, tengo derecho a saber qué significa eso realmente.
Kaelen hundió su rostro en mi cuello, inhalando mi aroma con una desesperación que me dejó sin aliento.
Sus labios rozaron la marca de mi hombro, y sentí un chispazo de deseo mezclado con amargura.
—El sacrificio no es tu muerte física, Elsa —susurró finalmente, su voz apenas audible—.
Es algo mucho peor.
El Origen no quiere tu sangre; quiere tu esencia.
Si el Éter vuelve a ellos, tú seguirás viviendo, pero…
olvidarás.
Olvidarás tu vida, olvidarás tu poder…
y me olvidarás a mí.
Serás de nuevo una humana ordinaria, y yo volveré a ser el monstruo maldito que se consume en la soledad.
Me quedé helada.
El silencio de la habitación se volvió asfixiante.
Olvidar a Kaelen.
Olvidar la forma en que me miraba, el sabor de sus besos, la conexión que nos hacía imparables.
Ese era el secreto.
Él prefería que el mundo ardiera antes que perder el lugar que ocupaba en mi memoria.
—Es por eso que te he mantenido cerca —continuó él, sus manos bajando por mi espalda con una posesividad febril—.
Soy un egoísta, Elsa.
Prefiero luchar contra los Custodios, contra el Consejo y contra el mismo Origen que vivir un solo día sabiendo que me miras y no sientes nada.
Le devolví el abrazo, enterrando mis dedos en su cabello.
El “Spicy” entre nosotros regresó, pero esta vez teñido de una tristeza feroz.
Sabía que su amor era una cadena, pero en ese momento, no quería ser libre.
—No dejaré que me borren —le prometí, mis labios buscando los suyos en un beso que sabía a hierro y promesa—.
Si intentan llevarse mis recuerdos, les daré un incendio que no podrán apagar.
Kaelen me levantó y me llevó a la cama, sus besos volviéndose urgentes, reclamando cada centímetro de mi piel como si estuviera intentando grabarse en mis células para que ninguna magia pudiera borrarlo.
Fue una unión desesperada, un intento de anclarnos el uno al otro antes de enfrentarnos a la tormenta que nos esperaba en la Cumbre de Sangre.
Horas después, la caravana real se puso en marcha.
Los carruajes negros avanzaban por el desfiladero que llevaba a las Tierras Sombrías, donde se celebraría la Cumbre.
Kaelen estaba sentado frente a mí, con su armadura de gala reluciendo bajo la luz de la luna.
Ya no hablábamos del espejo ni de la mujer del pasado.
Pero el silencio entre nosotros había cambiado; ahora había una grieta, pequeña pero real, que Julian había logrado abrir.
Mientras miraba por la ventana el paisaje desolado, me di cuenta de algo.
Julian no solo quería mi sangre o mi poder.
Quería demostrarme que Kaelen no era el héroe de mi historia, sino el arquitecto de mi cautiverio.
—Llegaremos al amanecer —dijo Kaelen, rompiendo el silencio—.
Los clanes del Mar de Sangre ya están allí.
Y Elsa…
—se detuvo, mirándome con una seriedad mortal—.
Habrá una mujer llamada Lilith.
Ella es la líder del Clan de las Rosas Negras.
Ella…
fue la mujer que viste en el espejo.
El corazón me dio un vuelco.
—¿Estará allí?
—Ella es parte del Gran Tribunal que te juzgará.
No confíes en ella.
Ella cree que el Éter le pertenece por un pacto que mi abuelo hizo hace tres siglos.
Cerré los puños.
Así que el pasado de Kaelen no era solo un recuerdo; era un enemigo activo que me esperaba con los colmillos afilados.
—No te preocupes por Lilith, Kaelen —dije, sintiendo que mi Éter vibraba con una nueva intensidad, una nacida de los celos y la determinación—.
Si ella quiere reclamar lo que es mío, tendrá que aprender que las reinas de hoy no respetan los pactos de ayer.
Kaelen sonrió, una sonrisa oscura y orgullosa.
Se inclinó hacia adelante y me tomó de la mano, besando mis nudillos.
—Esa es mi reina.
La caravana se adentró en la niebla de las Tierras Sombrías.
La Cumbre de Sangre estaba a la vuelta de la esquina, y con ella, el juicio que decidiría si nuestro amor era una salvación o la perdición final para ambos mundos.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gianna_Viteri_2804 ¡El drama ha llegado!
Kaelen finalmente ha revelado el secreto del olvido y hemos conocido la existencia de Lilith, su antigua amante.
La tensión entre Elsa y Kaelen está en su punto máximo mientras se dirigen a la Cumbre.
¿Cómo reaccionará Elsa al conocer a Lilith en persona?
¡Voten con sus Power Stones y dejen sus comentarios para el próximo capítulo!
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