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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 14 Cumbre de rosas negras
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14: 14 | Cumbre de rosas negras 14: 14 | Cumbre de rosas negras Elsa El carruaje se detuvo con una sacudida que me sacó de mis pensamientos.

Afuera, el paisaje de las Tierras Sombrías era una visión de pesadilla y elegancia: un valle rodeado de picos afilados donde la nieve caía negra, como ceniza fría, y en el centro, el Castillo de Hierro, una fortaleza que parecía haber crecido directamente de la roca volcánica.

—Hemos llegado —dijo Kaelen.

Su voz era plana, pero sus ojos dorados escaneaban el exterior con la cautela de un animal que entra en territorio enemigo.

Bajamos del carruaje y el frío me golpeó de inmediato, un frío que no solo calaba en los huesos, sino en el alma.

Kaelen me rodeó los hombros con su pesada capa roja, un gesto de protección que no pasó desapercibido para los cientos de vampiros que ya llenaban la explanada.

Había representantes de todos los rincones del mundo: los Clanes del Desierto con sus túnicas doradas, los del Mar de Sangre con sus armaduras de escamas, y los aristócratas locales, pálidos y esbeltos como agujas de hielo.

Caminamos hacia la entrada principal, flanqueados por la guardia de honor de los Thorne.

La multitud se abría a nuestro paso, pero no por respeto, sino por una curiosidad mórbida.

Murmullos en lenguas antiguas nos seguían como el siseo de serpientes.

—Míralos, Elsa —susurró Kaelen cerca de mi oído—.

Todos esperan que tropieces.

Quieren ver si la “Novia de Sangre” es una reina o simplemente un frasco de perfume que pueden romper.

—Pues se van a quedar con las ganas —respondí, levantando la barbilla.

Mi Factor Éter, alimentado por la cercanía de Kaelen tras nuestra noche de confesiones, latía con una luz blanca que se filtraba a través de la seda de mi vestido, dándome un aura sobrenatural.

Las puertas del Gran Salón se abrieron, revelando una estancia circular presidida por tres tronos elevados.

En el centro, sentado como un espectro, estaba Julian, con su nueva armadura de plata y ojos de cristal azul.

A su izquierda, Lord Silas, representando al Consejo.

Y a su derecha…

A su derecha estaba ella.

Lilith, la líder del Clan de las Rosas Negras, era exactamente como la imagen del espejo, pero mil veces más real y peligrosa.

Su cabello dorado caía sobre sus hombros como una cascada de oro fundido, y su vestido, hecho de pétalos de rosa negra que parecían moverse solos, dejaba al descubierto una piel tan perfecta que hacía que el mármol pareciera tosco.

Sus ojos, del color de un cielo antes de la tormenta, se clavaron en Kaelen con una familiaridad que me revolvió el estómago.

—Príncipe Kaelen —dijo Lilith, su voz era una melodía dulce que ocultaba veneno—.

Has tardado mucho en volver a casa.

Kaelen se tensó tanto que temí que su espada saltara sola de la vaina.

—Este ya no es mi hogar, Lilith.

Y he venido por negocios de la corona, no por nostalgia.

Lilith soltó una risa ligera y luego giró su mirada hacia mí.

Me escaneó de arriba abajo con una mezcla de desprecio y una curiosidad científica que me hizo sentir como un espécimen en un frasco.

—Así que esta es la famosa “Ladrona” de la que habla el Origen —dijo Lilith, poniéndose de pie y bajando los escalones del estrado con una gracia inhumana—.

Es…

pequeña.

Y muy humana.

Me pregunto qué parte de ella ha logrado cautivarte, Kaelen.

¿Es su sangre o simplemente la novedad de su mortalidad?

Se detuvo frente a mí, invadiendo mi espacio personal.

Olía a rosas muertas y a sangre vieja.

—Elsa Croft —dijo mi nombre como si fuera un insulto—.

Debes saber que el Éter que corre por tus venas pertenece a mi linaje por contrato.

Los Thorne lo robaron, pero las Rosas Negras siempre cobran sus deudas.

—Si quieres cobrarla, Lilith, tendrás que intentar quitármela —respondí, dando un paso adelante.

Mis manos empezaron a emitir un calor blanco que hizo que los pétalos de su vestido se marchitaran levemente—.

Pero te advierto: no soy tan dócil como las sombras de tu pasado.

La tensión en el salón se volvió insoportable.

Los vampiros de la corte contuvieron el aliento.

Kaelen puso una mano en mi cintura, un gesto posesivo que hizo que los ojos de Lilith destellaran de furia contenida.

—Basta de presentaciones —intervino Julian desde su trono, su voz resonando con la frialdad del Origen—.

La Cumbre de Sangre ha comenzado.

El primer punto del día: la legitimidad de la Reina Elsa y la prueba de que su poder puede cerrar las brechas del Vacío sin destruir nuestro mundo.

—Para eso —sonrió Lilith, recuperando su compostura—, propongo un Duelo de Esencia.

Si la humana es realmente la Novia de Sangre, podrá resistir la sed de un ancestro sin perder el control de su Éter.

Si falla…

bueno, se confirmará que es solo una ladrona y será ejecutada aquí mismo.

Kaelen dio un paso al frente, su aura negra explotando a nuestro alrededor.

—¡No permitiré que la trates como a un juguete en tus juegos de poder!

—No es un juego, Kaelen —dijo Lilith, acercándose a él hasta que sus pechos casi tocaron el pecho de mi esposo—.

Es la ley de la Cumbre.

O ella demuestra su valor, o el Origen nos borrará a todos.

¿O acaso tienes miedo de que tu pequeña humana no sea suficiente?

Miré a Kaelen.

Vi la duda en sus ojos, el miedo a perderme.

Pero también vi que, en este lugar, si él peleaba mis batallas, me convertiría en su debilidad permanente.

Tenía que demostrarles quién era yo.

—Acepto el duelo —dije con firmeza.

—¡Elsa, no!

—me susurró Kaelen, tomándome del brazo—.

El Duelo de Esencia es una tortura.

Te obligarán a entrar en un estado de trance donde tu sangre llamará a todos los depredadores del salón.

Si tu voluntad flaquea un solo segundo, te drenarán.

—Confía en mí, Kaelen —le dije, mirándolo fijamente—.

Tú me enseñaste a ser un cazador, no una presa.

Es hora de mostrarles lo que sucede cuando el Éter se cansa de ser robado.

Julian levantó su mano de plata.

—Que así sea.

El duelo tendrá lugar mañana a medianoche.

Mientras tanto, disfrutad de la hospitalidad del Castillo de Hierro.

Kaelen me llevó a nuestras habitaciones en la torre oeste.

En cuanto la puerta se cerró, me tomó por los hombros y me pegó contra la pared.

Sus labios buscaron los míos con una violencia que sabía a miedo y a un deseo posesivo que me quemaba.

Sus manos recorrieron mi cuerpo como si estuviera asegurándose de que seguía siendo de carne y hueso.

—Eres una insensata —gruñó contra mis labios—.

Lilith es una maestra en la manipulación de la sangre.

Ella buscará cualquier grieta en tu confianza para destruirte.

—Ella está celosa, Kaelen —respondí, devolviéndole el beso con la misma intensidad—.

Ella cree que todavía tiene poder sobre ti.

Pero mañana, le voy a demostrar que tú eres mío, y que mi poder es algo que ella nunca podrá poseer.

Kaelen se detuvo y me miró con una mezcla de asombro y adoración.

Me tomó en sus brazos y me llevó a la cama, donde el “Spicy” entre nosotros se desató con una fuerza renovada por los celos y la adrenalina.

Cada caricia de Kaelen era un reclamo, una forma de decirme que, sin importar lo que pasara en el duelo, mi esencia estaba grabada en la suya.

Mientras nos hundíamos en las sábanas de seda negra, bajo la luz de la luna que entraba por la ventana, supe que el Duelo de Esencia no era solo por mi vida.

Era por el derecho a amar a este monstruo sin pedir perdón a nadie.

Mañana, las rosas negras se teñirían de blanco.

O yo me convertiría en la última víctima de un pacto que nunca debió existir.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gianna_Viteri_2804 ¡El enfrentamiento ha comenzado!

Lilith ha lanzado el guante y Elsa lo ha recogido.

El Duelo de Esencia promete ser uno de los momentos más tensos de la novela.

¿Logrará Elsa resistir la sed de los ancestros?

¿Qué trucos tiene Lilith bajo la manga?

¡Voten con sus Power Stones y comenten para el Capítulo 15!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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