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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 16

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  4. Capítulo 16 - 16 16 El susurro del abismo
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16: 16 | El susurro del abismo 16: 16 | El susurro del abismo Elsa El amanecer en el palacio de los Vrykolakas nunca traía la calidez del sol, sino una luz pálida y tamizada por la bruma eterna que rodeaba nuestras tierras.

Desperté en la inmensa cama de dosel, sintiendo el peso de las sábanas de seda negra sobre mi piel.

A mi lado, el lugar de Kaelen estaba vacío, aunque el aroma a sándalo y tormenta todavía flotaba en el aire, recordándome la intensidad de la noche anterior.

Me incorporé lentamente, sintiendo un ligero mareo.

Mi cuerpo todavía se estaba recuperando de la explosión de poder en la ciudad humana.

Me toqué la marca en el hombro; estaba caliente, latiendo con un ritmo suave que no era el mío.

Era el latido de Kaelen.

A través del vínculo, podía sentir su inquietud, una corriente de ansiedad que recorría los pasillos del castillo.

—Kaelen…

—susurré, su nombre dejando un sabor dulce y metálico en mis labios.

Me vestí con una túnica de seda carmesí, el color que ahora definía mi estatus como la Reina de la Sangre.

Al salir de la alcoba, los guardias se inclinaron tan bajo que sus frentes casi rozaban el mármol.

Ya no me miraban con el hambre de antes; ahora me miraban con el terror que se le tiene a una tormenta contenida en un cuerpo de mujer.

Encontré a Kaelen en la torre del observatorio.

Estaba de espaldas a la puerta, mirando hacia el horizonte donde el cielo se encontraba con las Tierras Sombrías.

Sus hombros estaban tensos, y su capa roja ondeaba ligeramente con un viento que solo él parecía sentir.

—Has tardado en despertar —dijo sin girarse.

Su voz era un barítono bajo que vibró directamente en mi pecho.

—Mi cuerpo todavía está procesando lo que hicimos en la catedral —respondí, acercándome a él hasta que pude sentir el frío que emanaba de su piel—.

Y tú no has dormido nada.

Puedo sentir tu mente gritando a través de la marca.

Kaelen se giró, y por un momento la máscara de príncipe guerrero se rompió.

Sus ojos dorados estaban velados por una sombra de cansancio y algo que se parecía peligrosamente a la culpa.

Me tomó por la cintura, pegándome a su pecho con una urgencia que me dejó sin aliento.

—Julian no fue el final, Elsa.

Fue solo el mensajero —susurró, hundiendo su rostro en el hueco de mi cuello—.

El Origen ha despertado por completo.

La grieta que cerraste no fue más que un rasguño en la piel del mundo.

Para cerrarla de verdad, la profecía exige un precio que no te he contado.

Me tensé en sus brazos.

—Dímelo, Kaelen.

No más secretos.

Dijiste que éramos uno.

Él me soltó y caminó hacia la barandilla, apretando la piedra hasta que esta empezó a agrietarse bajo su fuerza.

—El Factor Éter no es un regalo de los dioses, Elsa.

Es una deuda.

Hace milenios, mi antepasado robó la luz del Origen para salvar a nuestro clan de la extinción.

La maldición no es un castigo, es un proceso de recuperación.

El Origen quiere su luz de vuelta.

—¿Y eso significa que yo debo morir?

—pregunté, mi voz sonando más firme de lo que me sentía.

—Peor —respondió él, volviéndose hacia mí con una mirada atormentada—.

El sacrificio final no reclama tu cuerpo, sino tu esencia.

Si el Éter vuelve al Origen, tú seguirás viva, pero…

olvidarás.

Olvidarás este mundo, olvidarás tu poder.

Y me olvidarás a mí.

Volverás a ser la humana que eras antes de que yo entrara en tu vida, y yo volveré a ser el monstruo condenado a la soledad eterna.

El silencio que siguió fue absoluto.

El viento parecía haber dejado de soplar.

Olvidar a Kaelen.

Olvidar la forma en que su tacto incendiaba mi sangre, la forma en que me miraba como si fuera lo único real en un universo de sombras.

Ese era el verdadero veneno de la profecía.

—No permitiré que ocurra —dije, caminando hacia él y tomando su rostro entre mis manos—.

Si el Origen quiere su luz de vuelta, tendrá que venir a buscarla a través de mi cadáver.

No voy a ser borrada, Kaelen.

—Soy un egoísta —dijo él, cerrando los ojos ante mi tacto—.

Prefiero que el mundo se consuma en el Vacío antes que vivir un solo día sabiendo que me miras y no me reconoces.

Preferiría que me odiaras antes que tu indiferencia.

Me puse de puntillas y lo besé, un beso que sabía a desesperación y a una promesa sellada en sangre.

El “Spicy” entre nosotros regresó como una corriente eléctrica, un recordatorio de que nuestra conexión era física, espiritual y ahora, desafiantemente eterna.

—Entonces lucharemos —susurré contra sus labios—.

Contra el Origen, contra el Consejo y contra el destino mismo.

La calma duró poco.

Al bajar de la torre, nos encontramos con un comité de bienvenida que no esperábamos.

En el Gran Salón, los seis Ancianos restantes del Consejo estaban de pie, rodeando a una figura que no debería estar allí.

Una mujer de belleza gélida, con el cabello dorado como el sol y ojos de un azul tan claro que parecían de cristal, estaba sentada en un trono lateral.

Vestía ropas de viaje hechas de piel de lobo blanco y seda.

—Lilith —masculló Kaelen, su mano yendo instintivamente a la empuñadura de su espada.

La mujer se puso de pie con una gracia inhumana.

Su mirada se clavó en mí, escaneándome de arriba abajo con un desprecio que hizo que mi Éter vibrara con una advertencia hostil.

—Así que esta es la famosa “Novia de Sangre” —dijo Lilith, su voz era como el hielo rompiéndose—.

No es más que una niña asustada envuelta en las sábanas de un príncipe caído.

—Lilith es la líder del Clan de las Rosas Negras —me explicó Kaelen, su voz tensa—.

Y fue mi prometida antes de que la maldición se volviera insoportable.

Sentí un chispazo de celos que me sorprendió por su intensidad.

La marca en mi hombro ardió.

—He venido a reclamar lo que es mío, Kaelen —continuó Lilith, ignorándome por completo—.

El Consejo me ha llamado.

Dicen que esta humana es inestable y que su presencia solo atrae a los Custodios.

Exigen que el Éter sea transferido a un recipiente digno.

A un recipiente de sangre pura.

—¡Eso es imposible!

—rugió Kaelen—.

El Éter no se puede transferir sin matar al portador.

—Un sacrificio que el Consejo está dispuesto a aceptar por la seguridad del reino —intervino Lord Silas desde las sombras—.

La Cumbre de Sangre se celebrará en tres días.

Allí, los clanes decidirán si Elsa Croft sigue siendo reina…

o si se convierte en la ofrenda que siempre debió ser.

Lilith se acercó a mí, invadiendo mi espacio personal.

Su olor era empalagoso, como flores muertas.

—Disfruta de tus últimas noches, humana.

Porque cuando termine la Cumbre, Kaelen volverá a mi lado y tú serás solo un recuerdo borroso en un libro de historia que nadie leerá.

No lo pensé.

Mi mano se movió sola y abofeteé a la mujer con una fuerza alimentada por el Éter.

El impacto hizo que Lilith retrocediera, su mejilla blanca tornándose roja instantáneamente.

—La próxima vez que me hables —dije, mi voz resonando con una autoridad que hizo que los Ancianos retrocedieran—, lo harás de rodillas ante tu reina.

No soy un recipiente, Lilith.

Soy el volcán que va a reducir tu clan a cenizas si te atreves a tocar lo que es mío.

Kaelen soltó una carcajada oscura, colocándose a mi lado y rodeando mi cintura de forma posesiva.

—Ya la habéis oído.

La audiencia ha terminado.

Preparad vuestra Cumbre si queréis, pero sabed esto: cualquier mano que se levante contra mi esposa será cortada antes de que pueda tocarla.

Salimos del salón con la cabeza alta, pero sabía que la guerra política acababa de empezar.

Lilith no era una enemiga que se pudiera matar con una espada; era una experta en el veneno de la corte.

—¿La amaste?

—le pregunté a Kaelen cuando estuvimos solos en el pasillo.

Él se detuvo y me miró a los ojos, su expresión volviéndose suave.

—Nunca supe lo que era amar hasta que te vi a ti, Elsa.

Con ella fue un contrato.

Contigo es mi vida.

Me tomó en sus brazos y me llevó de vuelta a la alcoba, donde el romance y la pasión se convirtieron en nuestra única armadura contra el mundo.

Esa noche, el “Spicy” fue más que deseo; fue un acto de rebeldía.

Cada beso era una marca, cada caricia una forma de decir que, sin importar lo que el Consejo o Lilith dijeran, nuestras almas ya estaban irrevocablemente entrelazadas.

Pero mientras me dormía en sus brazos, una duda quedó flotando en mi mente.

¿Y si Lilith tenía razón?

¿Y si yo era el peligro que destruiría el mundo de Kaelen?

La Cumbre de Sangre estaba a la vuelta de la esquina, y con ella, el juicio final de nuestra historia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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