La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 2 La primera noche
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2: 2 | La primera noche 2: 2 | La primera noche Elsa La puerta se cerró tras de nosotros con un estruendo sordo que resonó en mis huesos.
El sonido del pestillo encajando fue como el martillazo final en un ataúd de lujo.
Estábamos solos.
La habitación era tan vasta que el apartamento que compartía con mi hermana en la ciudad habría cabido tres veces solo en el área de la cama.
El techo era una cúpula de cristal oscuro que permitía ver la luna llena, proyectando sombras plateadas sobre los muebles de madera tallada y las alfombras de terciopelo.
En el centro, una chimenea rugía con llamas de un azul extraño, que no emitían calor, sino un magnetismo gélido.
Kaelen se alejó de mí.
Se quitó la pesada capa roja con un movimiento fluido y la arrojó sobre un diván de cuero.
Sin la capa, se veía menos como un rey de cuento de hadas y más como un depredador en reposo.
Sus hombros eran anchos, y la camisa de seda negra se tensaba contra sus músculos cada vez que se movía.
—Puedes dejar de temblar —dijo sin darse la vuelta—.
No voy a drenarte esta noche.
—No estoy temblando —mentí, aunque mis manos estaban tan rígidas que apenas podía sentir mis dedos.
Me acerqué a la chimenea, buscando algo que se sintiera normal.
El vestido de novia pesaba toneladas; el encaje me picaba en el cuello y el corsé me impedía respirar con libertad.
Me sentía como una ofrenda envuelta en papel de regalo.
—¿Por qué yo, Kaelen?
—pregunté, mirándolo a través del reflejo en un espejo de marco dorado—.
Hay miles de humanas.
Hay mujeres en tu corte que darían su inmortalidad por estar en mi lugar.
¿Por qué buscar a alguien que no sabe nada de tu mundo?
Kaelen se sirvió un líquido espeso en una copa de cristal.
Se detuvo y me miró a través del espejo.
Sus ojos dorados aún conservaban ese brillo residual del beso en el jardín.
—Porque no eres solo humana, Elsa.
Tu sangre tiene el Factor Éter.
Es una anomalía genética que solo aparece una vez cada mil años.
Para mi especie, es el combustible definitivo.
Para mi maldición…
es el único sedante.
Se acercó a mí con pasos tan silenciosos que no lo escuché hasta que estuvo justo detrás.
Podía sentir el frío que emanaba de su cuerpo, un aura que parecía absorber el aire de mis pulmones.
—Las mujeres de mi corte solo quieren el poder que conlleva mi apellido —continuó, su voz bajando a un barítono peligroso—.
Tú, en cambio, me miras con un asco tan genuino que resulta refrescante.
No quieres mi corona.
Quieres tu libertad.
Y eso te hace…
útil.
—Útil —repetí, la palabra dejando un sabor amargo en mi boca—.
Soy una herramienta para que el gran Príncipe no se convierta en polvo.
—Exactamente.
Me giré bruscamente, quedando a escasos centímetros de su pecho.
El olor de Kaelen era embriagador: sándalo, lluvia fresca y ese matiz metálico que solo la sangre posee.
Era un aroma diseñado para atraer a la presa, y mi cuerpo, a pesar de mi mente, estaba respondiendo.
Mi corazón latía con una fuerza que él seguramente podía escuchar como un tambor de guerra.
—Entonces, ¿cuál es el plan?
—lo desafié—.
¿Me mantendrás encerrada aquí como una batería humana?
¿Me llevarás a banquetes para lucirme como un trofeo de caza?
Kaelen dejó la copa sobre la repisa de la chimenea.
Sus manos, grandes y pálidas, se movieron hacia mi cara.
Estuve a punto de retroceder, pero me obligué a quedarme quieta.
Sus dedos rozaron mi mandíbula, subiendo hasta mi oreja, donde desprendió con cuidado una de las horquillas de diamantes que sujetaba mi velo.
—El plan es que sobrevivas —susurró—.
Mañana, el Consejo de Ancianos exigirá pruebas de que el vínculo se ha completado.
No les basta con un beso en un jardín.
Quieren ver que mi sangre y la tuya se han entrelazado.
—¿Pruebas?
—un nudo de pánico se formó en mi garganta.
—No es lo que piensas —dijo, notando mi reacción.
Una sonrisa cínica curvó sus labios—.
No tengo interés en forzar a una humana asustada.
Pero mañana debo presentarme ante ellos con la marca del vínculo en mi cuello.
Y tú…
tú llevarás la mía.
—¿Me vas a morder?
—mi voz salió como un hilo.
Él se inclinó, su rostro a milímetros del mío.
Pude ver los colmillos asomando apenas por debajo de su labio superior, dos puntas de marfil letales.
—Es un contrato, Elsa.
Un intercambio.
Tú me das la fuerza para resistir la maldición, y yo te doy la protección de mi nombre.
Nadie en este reino se atreverá a tocarte si hueles a mí.
Pero para eso, la marca debe ser real.
El silencio que siguió fue denso.
Podía escuchar el crepitar de las llamas azules y el viento aullando contra el cristal de la cúpula.
Estaba en una encrucijada.
Si me negaba, el contrato se rompía y mi familia pagaría el precio.
Si aceptaba, dejaba de ser Elsa Croft para convertirme en la propiedad de un monstruo.
Pero cuando miré a Kaelen a los ojos, no vi solo a un monstruo.
Vi a alguien que estaba muriendo lentamente.
Había una grieta en su armadura, una debilidad que intentaba ocultar con arrogancia.
—Hazlo —dije, cerrando los ojos.
Sentí sus manos en mis hombros, apartando el cabello de mi cuello.
Su tacto era firme, posesivo.
Me estremecí cuando sentí su aliento frío golpeando mi piel sensible.
Kaelen dudó un segundo; sentí cómo su cuerpo se tensaba, luchando contra el instinto de simplemente alimentarse.
—Mírame, Elsa —ordenó.
Abrí los ojos.
Él estaba allí, su rostro transformado por el hambre.
Sus pupilas se habían dilatado tanto que sus ojos eran pozos de obsidiana.
—Si duele, es porque estás luchando —dijo con voz ronca—.
No luches.
Déjame entrar.
Antes de que pudiera procesar sus palabras, sus colmillos se clavaron en mi cuello.
No fue un pinchazo.
Fue una explosión de sensaciones.
Al principio, un dolor agudo me hizo soltar un gemido, pero casi de inmediato, una calidez extraña empezó a fluir desde el punto de contacto.
No era solo que él estaba bebiendo de mí; era como si estuviéramos compartiendo el mismo torrente sanguíneo.
Imágenes que no eran mías cruzaron mi mente: campos de batalla antiguos, el sabor del vino milenario, la soledad insoportable de los siglos.
Mis piernas flaquearon.
Kaelen me sujetó por la cintura, pegándome a él para que no me cayera.
Mis manos, por puro instinto de supervivencia, se enterraron en su cabello oscuro, tirando de él mientras mi cabeza se echaba hacia atrás.
No era sexo, pero era algo mucho más íntimo.
Era una invasión total de mi ser.
Él soltó un gruñido bajo, un sonido animal que vibró contra mi piel.
Su hambre era voraz, insaciable.
Por un momento, temí que realmente no pudiera detenerse.
Sentí que mi energía se desvanecía, que mi conciencia se volvía borrosa, como si estuviera flotando en un mar de rosas rojas.
—Kaelen…
—susurré, mi voz apenas un suspiro.
En el último instante, él se retiró.
Se apartó de mí con tal violencia que tropezó contra la mesa.
Tenía la boca manchada de carmesí, y sus ojos brillaban con una intensidad aterradora.
Respiraba con dificultad, como si hubiera corrido kilómetros.
Yo me llevé la mano al cuello, sintiendo el calor de la herida que ya empezaba a cerrarse mágicamente, dejando solo dos cicatrices perfectas.
Me sentía mareada, pero también extrañamente alerta.
—Vete a la cama —dijo Kaelen, su voz era un gruñido que intentaba recuperar el control—.
Ahora.
Antes de que olvide que eres mi esposa y empiece a tratarte como mi cena.
No esperé a que me lo dijera dos veces.
Tropecé hacia la cama inmensa, hundiéndome en las sábanas de seda que olían a él.
Lo vi caminar hacia el balcón, abriendo las puertas de par en par para dejar entrar el aire helado de la noche.
Se quedó allí, de espaldas a mí, con las manos apoyadas en la barandilla de piedra, su silueta recortada contra la luna.
Me quedé allí tumbada, con el corazón todavía galopando, mirando su espalda.
Había sobrevivido a la primera prueba, pero sabía que esto era solo el principio.
Había un vínculo ahora, una cuerda invisible que nos unía.
Podía sentir su rabia, su hambre y, extrañamente, su miedo.
Kaelen Thorne no era solo mi carcelero.
Era mi destino.
Y mientras el sueño me vencía bajo la mirada de la luna llena, una idea aterradora cruzó mi mente.
No tenía miedo de lo que él pudiera hacerme.
Tenía miedo de lo que yo podría llegar a hacer para salvarlo.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Gianna_Viteri_2804 ¡Vaya capítulo!
La tensión está por las nubes.
Elsa acaba de recibir su primera marca y ha sentido los recuerdos de Kaelen.
¿Qué creen que pasará cuando el Consejo los visite por la mañana?
¿Podrá Elsa fingir que es una esposa enamorada?
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