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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 33

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  4. Capítulo 33 - Capítulo 33: 33 | El nexo de las sombras perdidas
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Capítulo 33: 33 | El nexo de las sombras perdidas

Elsa

Caminar por el borde de la realidad se sentía como caminar sobre el filo de una navaja hecha de cristal y recuerdos. Tras dejar atrás la Ciudad de Hierro —o lo que quedaba de su versión original—, Kaelen y yo nos adentramos en el Desfiladero de los Suspiros. Pero ya no eran vientos lo que silbaba entre las rocas, sino ecos de conversaciones que nunca tuvimos y gritos de batallas que aún no habían ocurrido.

El suelo bajo nuestros pies era inestable; a veces piedra sólida, a veces una superficie translúcida que mostraba un abismo estrellado debajo. Kaelen me sostenía la mano con una fuerza que me recordaba que, aunque el universo se estuviera deshilachando, su presencia era mi única constante física.

—No mires a los lados, Elsa —advirtió Kaelen, su voz resonando con un eco metálico—. Los Tejedores se alimentan de la duda. Si empiezas a cuestionar cuál de estas realidades es la tuya, te perderás en el tejido.

—Es difícil no mirar, Kaelen —respondí, mi voz temblando ligeramente.

A nuestra izquierda, vi una versión de nosotros mismos en el desierto. Pero en esa imagen, yo no era la Emperatriz; era una esclava encadenada al trono de Azar, y Kaelen… Kaelen yacía muerto a sus pies, convertido en una estatua de sal. El dolor de esa visión, aunque falsa, me golpeó como un mazazo físico. La llama dorada en mi pecho parpadeó, respondiendo a la angustia.

—¡Elsa, mírame a mí! —Kaelen se detuvo y me obligó a encararlo. Sus ojos dorados eran pozos de una voluntad inquebrantable—. Eso no es real. Lo único real es este momento, el calor de mi mano y el latido de tu corazón. Lo demás son solo hilos sueltos que Lilith está agitando para asustarnos.

Asentí, tomando aire. El aire sabía a ozono y a papel quemado. Continuamos avanzando hasta que el desfiladero se abrió en lo que solo podía describirse como el Nexo.

Era una cúpula infinita hecha de hilos de luz verde esmeralda que se cruzaban y se retorcían en un patrón caótico. En el centro, suspendida en el aire, estaba Lilith. Pero ya no era la vampiresa aristocrática que conocíamos. Su cuerpo estaba envuelto en filamentos de realidad, y sus dedos se movían con una rapidez frenética, como si estuviera tocando un arpa invisible. A su lado, tres Tejedores de Realidad la rodeaban, guiando sus manos.

—Bienvenidos al final de vuestra pequeña farsa —la voz de Lilith llegó a nosotros no desde su boca, sino desde el tejido mismo—. ¿No es hermoso? Estoy deshaciendo cada nudo que los Thorne ataron. Estoy borrando la mancha de vuestro amor de la historia del mundo.

—¡Basta, Lilith! —rugió Kaelen, desenvainando su espada. La hoja plateada vibró con una intensidad violenta, cortando los hilos verdes que intentaban enredarse en sus pies—. ¡Lo que estás haciendo destruirá todo! No puedes reescribir el mundo sin colapsar el Origen.

—El Origen ya es mío, Kaelen —sonrió ella, y vi que en su pecho brillaba una gema verde que palpitaba con una luz enfermiza—. Los Tejedores me han mostrado que tú y Elsa sois solo un error de cálculo. En la realidad que estoy terminando de coser, tú nunca saliste de tu tumba para buscar a una humana. En mi realidad, tú me amas a mí, y esta “Emperatriz” es solo una campesina que murió hace años en un incendio.

De repente, el Nexo brilló con una intensidad cegadora. El suelo desapareció por completo y Kaelen y yo fuimos lanzados a una serie de visiones rápidas, como si estuviéramos cayendo a través de un caleidoscopio de pesadillas.

Visión 1: El Incendio.

Me vi a mí misma, de diez años, atrapada en la galería de arte de mis padres. Pero esta vez, el fuego no fue controlado. Vi a Kaelen pasar por la calle, con su armadura de caballero, mirando hacia la ventana. En la realidad real, él sintió mi Éter y me salvó. En esta visión, él simplemente siguió de largo, su rostro gélido y desinteresado. Me vi morir, convertida en cenizas, mientras él se encontraba con Lilith en la esquina.

El dolor de la muerte de esa “otra yo” fue tan real que grité. Sentí que mi consistencia física se desvanecía. Si aceptaba esa muerte, dejaría de existir en el Nexo.

—¡RECHÁZALO, ELSA! —la voz de Kaelen llegó desde algún lugar del vacío.

Visión 2: El Rey Sombrío.

Vi a Kaelen en el trono del Castillo de Hierro. Estaba rodeado de sombras, pero no eran las sombras plateadas que yo amaba; eran sombras negras y viscosas que devoraban su alma. Lilith estaba sentada a su lado, bebiendo de una copa de sangre mientras él la miraba con una devoción vacía, como un títere sin voluntad. No había rastro de la pasión, de la lucha o del respeto que nos unía. Era un matrimonio de muerte.

Vi a Kaelen en la visión mirar hacia el “vacío” donde yo estaba. Sus ojos no me reconocieron. Para él, yo no era nadie.

—¡Kaelen, no! —intenté alcanzarlo, pero mis manos atravesaban la visión como si fuera humo.

Regresamos al Nexo con un impacto que nos dejó sin aliento. Kaelen estaba de rodillas, sangrando por los ojos; la lucha mental contra las visiones de Lilith estaba destrozando su psique vampírica. Yo me sentía etérea, mi piel volviéndose translúcida a medida que los hilos de Lilith ganaban terreno.

—¿Lo veis? —Lilith descendió del aire, caminando sobre los hilos de luz—. Vuestro vínculo es tan frágil como la seda. Solo existe porque yo permití que existiera. Pero ahora…

Lilith extendió su mano hacia mí, y los hilos verdes empezaron a enroscarse alrededor de mi garganta, asfixiando mi luz dorada.

—Ahora, voy a cortar el último hilo que te une a este mundo, Elsa. Y Kaelen finalmente será el rey que siempre debió ser… el mío.

Kaelen levantó la vista. Su rostro estaba desencajado, pero en medio de la agonía, vi cómo su sombra plateada empezaba a mutar. No se estaba rindiendo; estaba aceptando el vacío que los Tejedores tanto temían.

—Tú no entiendes nada, Lilith —dijo Kaelen, poniéndose de pie con un esfuerzo sobrehumano. Cada paso que daba hacía que los hilos verdes bajo sus pies se quebraran—. Dijiste que nuestro amor fue un error de cálculo. Pero los errores son lo que hace que la vida sea real.

Kaelen llegó hasta mí, ignorando los ataques de los Tejedores, que intentaban borrar su consistencia física. Me tomó del rostro con sus manos ensangrentadas y me besó.

Fue un beso que desafió a la creación. El “Spicy” de nuestra conexión no fue solo deseo; fue una explosión de identidad. En ese beso, le recordé quién era yo y él me recordó quién era él. Compartimos cada secreto, cada pecado y cada victoria en un solo segundo de contacto absoluto. Nuestra unión creó una frecuencia que el Nexo no podía procesar.

—¡ANOMALÍA! ¡ERROR CRÍTICO! —gritaron los Tejedores, sus cuerpos facetados empezando a agrietarse.

Mi luz dorada estalló desde mi centro, alimentada por la sombra de Kaelen. Ya no era luz blanca, ni gris. Era una luz carmesí y dorada, el color de la vida que se niega a ser borrada. Los hilos verdes de Lilith empezaron a arder, convirtiéndose en hilos de fuego que retrocedieron hacia ella.

—¡NO! ¡ESTO NO PUEDE ESTAR PASANDO! —gritó Lilith, mientras el tejido que estaba cosiendo empezaba a deshacerse—. ¡YO SOY LA AGUJA! ¡YO SOY EL DESTINO!

—Tú eres solo una costurera envidiosa, Lilith —dije, mi voz resonando con el poder de todas las versiones de mí misma que se habían negado a morir—. Y nosotros somos el nudo que nunca podrás desatar.

Junté mis manos con las de Kaelen, y juntos lanzamos un pulso de energía pura hacia el centro del Nexo. El impacto fue como el nacimiento de una estrella. La realidad falsa de Lilith colapsó sobre sí misma. Los Tejedores, al ver que su lienzo había sido destruido, se desvanecieron en el vacío, regresando a los rincones oscuros de la existencia de donde nunca debieron salir.

Lilith fue lanzada hacia atrás, la gema verde en su pecho estallando en mil pedazos. Cayó al abismo del Nexo, gritando mientras los ecos de las realidades que intentó crear la engullían.

El Nexo se desintegró. El vacío fue reemplazado por la solidez de la piedra y el aire frío del Norte.

Despertamos en el centro de la plaza de la Ciudad de Hierro. La fuente de los Thorne estaba en su lugar, el agua clara y fría de siempre. No había árboles de cristal ni edificios vibrantes. El mundo era, una vez más, el nuestro.

Kaelen estaba tumbado a mi lado, respirando con dificultad. Me giré hacia él y lo abracé, sintiendo la solidez de sus músculos y el latido fuerte de su corazón bajo mi oído.

—¿Estamos… estamos de vuelta? —preguntó, acariciando mi cabello.

—Estamos de vuelta, Kaelen. Y esta vez, la historia está escrita en piedra.

Nos pusimos de pie, y los ciudadanos, que parecían haber despertado de un sueño confuso, empezaron a rodearnos, inclinándose con un respeto que ya no era por miedo, sino por el reconocimiento de que sus soberanos habían luchado por su propia existencia.

Sin embargo, mientras caminábamos hacia el Castillo, sentí un ligero peso en mi mano. Al abrirla, vi un pequeño hilo de seda verde, quemado en los extremos, pero intacto.

—¿Qué es eso? —preguntó Kaelen, frunciendo el ceño.

—Un recordatorio —dije, cerrando el puño—. Lilith ha caído, pero el tejido del mundo sigue siendo frágil. Los Tejedores no se han ido; simplemente han retrocedido.

Kaelen me atrajo hacia él, besándome frente a todo el pueblo, un gesto de soberanía y amor que selló nuestra victoria.

—Entonces tendremos que ser más fuertes que cualquier hilo. Porque no dejaré que nadie, ni siquiera el destino, intente escribir un final para nosotros que no hayamos elegido nosotros mismos.

Esa noche, en la seguridad de nuestra alcoba, la pasión fue una celebración de la realidad. Cada caricia era una confirmación de que estábamos vivos, de que éramos nosotros, y de que el imperio, por fin, tenía un futuro que no dependía de hilos, sino de la voluntad inquebrantable de una Emperatriz y su Rey.

La Guerra de la Reescritura había terminado. Pero en las sombras del Nexo, algo mucho más grande se había percatado de nuestra existencia. Los Tejedores eran solo los criados.

El Verdadero Tejedor acababa de despertar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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