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La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 36

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Capítulo 36: 36 | Voto de sangre y oro

Elsa

El Castillo de Hierro ya no era la fortaleza lúgubre que me recibió meses atrás, cuando solo era una “Novia de Sangre” asustada y envuelta en un contrato de venta. Hoy, bajo el cielo del Norte que brillaba con una claridad casi divina, el castillo parecía respirar. Las banderas carmesí y plata ondeaban con una fuerza renovada, y el aire, antes cargado de la paranoia de la traición, ahora vibraba con la expectación de un evento que cambiaría la historia para siempre: la Boda Real del Imperio Eterno.

Esta vez no habría secretos. No habría cláusulas de recolección ni sacrificios ocultos. Esta vez, el mundo entero vería cómo la Emperatriz del Éter y el Rey de las Sombras sellaban su destino por propia voluntad.

En mis aposentos, el bullicio era incesante. Clara corría de un lado a otro, supervisando a las doncellas que terminaban de bordar los últimos detalles de mi vestido.

—Estás radiante, Elsa —dijo Clara, deteniéndose para mirarme. Sus ojos brillaban con una alegría que me hizo olvidar, por un momento, los horrores del Plano Cero—. No es solo el vestido. Es como si la luz ya no saliera de ti, sino que tú fueras la luz misma.

Me miré en el espejo. El vestido estaba hecho de seda de araña lunar, un tejido que cambiaba de blanco puro a un gris perlado según el ángulo. No llevaba joyas humanas; en mi pecho, el fragmento del Origen latía suavemente, integrado perfectamente en mi piel, y en mis hombros, las marcas que Kaelen me había dejado meses atrás ahora brillaban con un matiz dorado.

—Es porque ya no tengo miedo, Clara —respondí suavemente—. He visto el final de todas las cosas, y he elegido volver aquí.

Un golpe firme en la puerta interrumpió la charla. Kaelen no esperó permiso. Entró en la habitación, ignorando las exclamaciones de las doncellas sobre la “mala suerte” de ver a la novia antes de la ceremonia.

Vestía un uniforme de gala negro con hombreras de plata y una capa que parecía hecha de la noche misma. Al verlo, mi corazón dio un vuelco, el mismo vuelco que sentí la primera vez que lo vi en aquella galería de arte, pero ahora cargado con el peso de mil batallas ganadas.

—Salid todos —ordenó Kaelen, su voz era un terciopelo autoritario que no admitía réplicas.

Clara me guiñó un ojo y sacó a las doncellas, cerrando las puertas tras de sí. Kaelen caminó hacia mí, su mirada dorada recorriéndome con una intensidad que me hizo arder bajo la seda. Se detuvo a centímetros de mí, inhalando mi aroma.

—He pasado milenios esperando un momento que fuera real, Elsa —susurró, tomando mi mano y besando los nudillos—. Y ahora que está aquí, siento que si parpadeo, el Arquitecto podría intentar arrebatármelo otra vez.

—Nadie puede arrebatarnos esto, Kaelen. Somos un punto fijo, ¿recuerdas? —Puse mi mano sobre su mejilla, sintiendo el frío plateado de su piel, mi ancla perfecta—. Hoy no nos casamos por un imperio. Nos casamos porque no existe un universo donde yo no quiera ser tuya.

Kaelen me atrajo hacia él, sus manos cerrándose en mi cintura con esa posesividad que antes me asustaba y que ahora me hacía sentir invencible. Me besó con una pasión contenida, un anticipo de la noche que nos esperaba. El “Spicy” entre nosotros no necesitaba de seducción; era una fuerza de la naturaleza, una corriente eléctrica que amenazaba con derretir las paredes del castillo.

La ceremonia tuvo lugar en la Plaza del Origen, frente a miles de testigos de todos los clanes. Incluso los representantes del Desierto de Ámbar habían regresado, enviando regalos de oro y mirra en señal de sumisión.

Caminamos juntos hacia el altar, sin que nadie nos guiara. No había sacerdotes; nosotros éramos los sumos pontífices de nuestra propia fe. Al llegar al centro, el Abad el-Moro nos esperaba con el Cáliz de la Eternidad.

—En el pasado, la sangre se usaba para encadenar —dijo el Abad, su voz resonando en todo el valle—. Hoy, la sangre se usará para liberar.

Kaelen tomó una pequeña daga de plata y se hizo un corte limpio en la palma de la mano. Yo hice lo mismo. Juntamos nuestras manos sobre el cáliz, dejando que su sangre plateada y mi sangre dorada se mezclaran. Al tocarse, el líquido en el cáliz estalló en una llama blanca que se elevó hacia el cielo, disipando cualquier rastro de nubes.

—Yo, Kaelen Thorne, te tomo como mi Emperatriz y mi igual —dijo él, su voz firme y profunda—. Juro proteger tu luz con mis sombras, y caminar a tu lado hasta que el último hilo de la realidad se desvanezca. Mi sangre es tuya, mi alma es tuya, y mi eternidad te pertenece.

—Yo, Elsa Croft, te tomo como mi Rey y mi hogar —respondí, sintiendo el poder del Origen vibrando en mi garganta—. Juro equilibrar tu oscuridad con mi fuego, y ser el ancla que te mantenga en este mundo. No soy tu sierva, ni tú eres mi dueño; somos el nudo que nadie podrá desatar.

Bebimos del cáliz. En ese instante, el vínculo en nuestros hombros se completó. Ya no eran dos marcas separadas; era un tatuaje continuo que rodeaba nuestros cuellos, un collar de luz y sombra que sellaba nuestra unión ante los ojos de los hombres y de los dioses.

La multitud estalló en un grito que sacudió las montañas. Pétalos de rosas blancas y negras cayeron desde las torres, y por primera vez en siglos, se escuchó música de alegría verdadera en las tierras del Norte.

El banquete fue una celebración de excesos, pero Kaelen y yo apenas probamos bocado. Nuestras miradas estaban fijas el uno en el otro, comunicándonos a través del vínculo. Podía sentir su impaciencia, la forma en que su deseo tiraba de mi energía, pidiendo privacidad.

En cuanto el protocolo lo permitió, nos retiramos. Kaelen me llevó en sus brazos por los pasillos, ignorando las reverencias de los guardias, hasta llegar a nuestra alcoba.

Esta noche, la habitación había sido decorada con velas que emitían una luz suave y dorada, y el aire olía a las flores del desierto que habíamos conocido. Kaelen me depositó sobre la cama de seda y comenzó a despojarme del vestido con una lentitud que era casi una tortura.

—Te amo, Elsa —susurró, su voz cargada de una emoción cruda—. No como un príncipe a su reina. Te amo como un hombre que estuvo muerto por siglos y que volvió a la vida solo para poder verte sonreír.

—Demuéstramelo —respondí, tirando de él hacia mí.

La pasión de esa noche fue diferente a todas las anteriores. No había miedo al olvido, no había sombras de Lilith ni amenazas del abismo. Éramos dos seres completos, celebrando que habíamos vencido al destino mismo. Cada roce de Kaelen era un poema de gratitud, y cada respuesta mía era una promesa de eternidad. La luz y la sombra se fundieron en la habitación, creando un aura de paz absoluta mientras nos entregábamos el uno al otro.

Horas después, mientras el amanecer empezaba a teñir el cielo de un color rosa pálido, me quedé despierta, observando a Kaelen dormir a mi lado. Su rostro estaba relajado, la tensión de los siglos finalmente desaparecida de su frente.

Me levanté y caminé hacia el balcón, mirando hacia el horizonte. El imperio estaba en paz. Los Tejedores habían retrocedido y el Arquitecto nos había dejado el lienzo en blanco.

Sin embargo, en el borde de mi visión, un pequeño destello azul captó mi atención. No era una amenaza, sino un mensaje. Una mariposa de luz azul, idéntica a las que el Guardián del Desierto usaba, se posó en la barandilla.

—La historia ha comenzado de nuevo —susurró una voz en el viento—. Pero recordad, Emperatriz: un lienzo en blanco es una invitación para nuevos pintores.

Sonreí, cerrando el puño sobre la mariposa, que se deshizo en polvo de estrellas. No me importaba quiénes fueran los nuevos pintores. Tenía a mi lado al hombre más poderoso del mundo, y en mi interior, el poder para reescribir cualquier final.

Kaelen apareció detrás de mí, envolviéndome en su capa y abrazándome por la cintura.

—¿Qué miras? —preguntó, besando mi hombro.

—El futuro, Kaelen —respondí, girándome para besarlo—. Y se ve perfecto.

La Novia de Sangre ya no existía. Solo quedaba la Emperatriz del Imperio Eterno, lista para enfrentar lo que fuera que el nuevo mundo tuviera preparado para ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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