La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 49
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Capítulo 49: 49 | Laberinto de identidades
Elsa
Cruzar el umbral del Núcleo de la Creación no fue como atravesar una puerta, sino como ser desmantelada átomo por átomo y vuelta a montar en un lienzo de posibilidades infinitas. El blanco cegador del Plano Cero se fragmentó en un caleidoscopio de espejos flotantes, cada uno reflejando una versión distinta del universo. Aquí, el sonido no viajaba por el aire, sino por la intención, y el olor de la nostalgia —ese aroma a lluvia sobre tierra seca y metal frío— lo impregnaba todo.
Aidan me soltó la mano por un segundo, sus ojos galácticos girando con una velocidad vertiginosa. Su pequeña figura emitía pulsos de una luz violeta que mantenía a raya la estática del vacío.
—Madre, el laberinto se está cerrando —advirtió Aidan, su voz resonando como si hablara desde mil direcciones a la vez—. El Arquitecto está usando los recuerdos del mundo para ocultar a padre. Cada espejo que ves es una vida que él pudo haber tenido. Si eliges el equivocado, quedarás atrapada en esa historia para siempre.
—No elegiré el equivocado, Aidan —respondí, apretando la empuñadura de la espada de luz negra. El arma vibraba, tirando de mi brazo hacia la derecha, donde un espejo inmenso mostraba una penumbra familiar.
Caminamos sobre un suelo que parecía hecho de nubes de diamante. A nuestro alrededor, las versiones de Kaelen empezaron a manifestarse.
El Primer Espejo: El Monje de la Sangre.
Vi a un Kaelen que nunca fue un guerrero. Estaba sentado en una celda de piedra, vestido con harapos blancos, con los ojos vendados. Emanaba una paz absoluta, una santidad que me hizo dudar por un instante. En esta realidad, él había transmutado su sed de sangre en una oración perpetua por la humanidad.
—Ven, Elsa —susurró el Kaelen monje, extendiendo una mano limpia de pecado—. Aquí no hay guerras, ni imperios, ni dolor. Solo el silencio del espíritu.
Me detuve. La pureza de su aura era embriagadora. Pero al acercarme, busqué la marca. No estaba. Su piel era perfecta, sin las cicatrices de las batallas que libramos juntos, sin el rastro de mis propios dientes.
—Tú eres hermoso —le dije, con el corazón encogido—, pero no eres el hombre que me compró en un contrato para salvar a su raza. Eres una idea, no un hombre.
El espejo se resquebrajó y desapareció.
El Segundo Espejo: El Monstruo Sin Freno.
El siguiente reflejo era una pesadilla. Un Kaelen de tres metros de altura, con garras de obsidiana y alas de cuero desgarrado. Estaba de pie sobre una montaña de cadáveres, bebiendo de una copa hecha con el cráneo de un rey. No había rastro de humanidad en sus ojos, solo un hambre roja y eterna.
—¡CARNE! —rugió el Kaelen monstruo, lanzándose contra el cristal del espejo—. ¡EL ORIGEN ES MÍO!
Aidan retrocedió, su luz violeta parpadeando. Yo, en cambio, di un paso al frente. Sentí el terror, pero también sentí la sombra que él ocultaba.
—Incluso en tu monstruosidad, te reconocería —susurré—. Pero este Kaelen ya no tiene el hilo plateado. Se ha perdido en su propio vacío.
El espejo estalló en un humo negro.
A medida que avanzábamos, el olvido que la Vestal mencionó empezó a surtir efecto. Sentí que el nombre de Kaelen se volvía resbaladizo en mi mente. ¿Cómo se llamaba el hombre que me amaba? ¿Kaelen? ¿Kael? La imagen de su rostro en mi memoria empezaba a pixelarse, reemplazada por las versiones falsas del laberinto.
—¡Madre, resiste! —gritó Aidan, tomándome del brazo. Su poder estaba flaqueando; el Núcleo estaba intentando absorbernos como “datos erróneos”—. ¡Usa el vínculo físico! ¡El “Spicy” de vuestra unión es lo único que el Arquitecto no puede simular!
Me dejé caer de rodillas, cerrando los ojos. Ignoré lo que veía y lo que oía. Me concentré en lo que sentía.
Recordé el calor de su aliento en mi cuello la noche de nuestra boda. Recordé la presión de sus dedos en mis caderas cuando me reclamó en el desierto. Recordé el sabor metálico y dulce de su sangre plateada. El deseo, ese fuego que nos había consumido y salvado tantas veces, empezó a arder en mi centro, transformando mi luz blanca en una incandescencia carmesí.
—No eres un monje, ni eres un monstruo —gemí, dejando que mi energía se proyectara como un grito de pasión pura—. ¡Eres el hombre que me hace arder! ¡Eres el que se queda despierto para verme dormir! ¡Eres Kaelen Thorne, y me perteneces!
En el centro del laberinto, un último espejo apareció. No mostraba una vida gloriosa ni una tragedia épica. Mostraba una habitación pequeña y oscura, idéntica a la que tuvimos en nuestra primera noche en el Castillo de Hierro.
Allí, sentado en el suelo, rodeado de hilos de plata que se desvanecían, estaba él.
No tenía armadura. Estaba semidesnudo, con la piel cubierta de ceniza y las manos encadenadas por hilos de luz blanca del Arquitecto. Sus ojos dorados estaban apagados, fijos en la nada, como si ya hubiera aceptado que su nombre había sido borrado de la existencia.
—Kaelen… —mi voz no fue un grito, fue un susurro cargado de una sensualidad y una ternura que hicieron que el vacío del Núcleo vibrara.
Atravesé el espejo sin dudarlo. El frío del cristal se transformó en el calor de esa habitación recordada. Me arrodillé frente a él y tomé su rostro entre mis manos. Su piel estaba tan fría que sentí que mis dedos se congelaban, pero no lo solté.
—¿Quién… quién eres? —preguntó él, su voz era un susurro roto. El olvido también lo estaba afectando a él; ya no recordaba por qué estaba allí ni quién era la mujer de luz que lo sostenía.
—Soy el motivo por el que sigues vivo —respondí, y lo besé.
Fue un beso que contenía toda la historia del Volumen 1, 2 y 3. Un beso que sabía a rebelión, a sangre y a una promesa de eternidad. Al contacto de mis labios, la marca en su cuello —la cicatriz de plata fría— estalló en un fuego carmesí. Las cadenas del Arquitecto se fundieron instantáneamente, incapaces de contener la energía de una identidad recuperada a través del deseo.
Los ojos de Kaelen recuperaron su brillo dorado. Sus manos, antes débiles, se cerraron sobre mis hombros con una fuerza que me hizo soltar un gemido de alivio. El “Spicy” de nuestro reencuentro en medio del Núcleo fue una explosión de realidad. Nuestras esencias se fundieron de nuevo, y en ese abrazo, el nombre “Kaelen Thorne” se grabó con fuego en el tejido de la creación.
—Elsa… —dijo él, su voz recuperando esa autoridad gélida y apasionada que me hacía vibrar—. Me habías olvidado. Por un momento… yo ya no era nadie.
—Nunca serás nadie mientras yo respire, Kaelen.
Aidan entró en la habitación, sus ojos llorosos de alegría. Se lanzó a los brazos de su padre, y por un momento, la trinidad de luz y sombra estuvo completa de nuevo en el corazón del enemigo.
Pero el alivio duró poco. Las paredes de la habitación empezaron a disolverse. El Arquitecto no iba a permitir que recuperáramos la pieza robada tan fácilmente. El vacío blanco regresó, y con él, una figura colosal de geometría pura que bloqueaba la salida del Núcleo.
—Habéis recuperado la sombra —dijo el Arquitecto, su voz era ahora un terremoto sónico—. Pero el precio del olvido no ha sido pagado. El mundo ya no lo recuerda. Si sale de aquí, será un intruso. Su presencia provocará el colapso de la realidad que intentáis proteger.
Kaelen se puso en pie, protegiéndonos a Aidan y a mí con su cuerpo. Su sombra plateada era ahora más densa, impregnada de la luz carmesí de mi rescate.
—Si el mundo no me recuerda, entonces construiré un mundo nuevo —dijo Kaelen, desenvainando su espada, que voló hacia su mano desde la mía—. Pero no me quedaré en tu telar un segundo más.
—Madre, padre, ¡mirad! —Aidan señaló hacia abajo.
A los pies de Kaelen, sus huellas no dejaban marcas en el suelo blanco. Estaban siendo borradas en tiempo real. El olvido era una fuerza activa. Kaelen era físicamente real, pero históricamente inexistente.
—Tenemos que huir de aquí antes de que el borrado llegue a su corazón —dije, uniendo mi luz a la sombra de Kaelen—. Kaelen, no importa que el imperio no te conozca. Yo te presentaré de nuevo a cada ciudadano. Te coronaré de nuevo cada mañana.
—No habrá tiempo para coronaciones si el Arquitecto nos borra ahora —respondió Kaelen, mirando a la entidad geométrica—. Elsa, Aidan… combinad vuestro poder. Necesitamos rasgar el Núcleo desde dentro.
Lo hicimos. Fue la Sinfonía más potente de nuestra vida. Oro, plata y violeta se unieron en un rayo de energía pura que impactó contra el pecho del Arquitecto. El Núcleo de la Creación se tambaleó, y una grieta se abrió en el espacio-tiempo.
Saltamos.
Despertamos en el patio del Castillo de Hierro. El sol estaba alto, pero el ambiente era extraño. Los guardias estaban en sus puestos, pero no nos miraron con el respeto de siempre.
Valerius se acercó a nosotros, con la mano en su espada. Miró a Elsa, se inclinó ante ella como su Emperatriz, y luego miró a Kaelen con una confusión total.
—Majestad, habéis regresado —dijo Valerius a Elsa—. Pero… ¿quién es este guerrero que os acompaña? ¿Y por qué viste la armadura de los antiguos Thorne?
Kaelen me miró, y vi en sus ojos una pizca de la agonía que el olvido le causaba. Nadie lo conocía. Su propia guardia, sus generales… para ellos, Kaelen Thorne era solo una leyenda de los libros, un hombre que murió hace siglos.
—Él es… —comencé, pero las palabras se me atascaron en la garganta. El hechizo del olvido era tan fuerte que incluso intentar pronunciar su rango causaba dolor físico.
—Soy el nuevo Consorte de la Emperatriz —dijo Kaelen, dando un paso al frente, con una arrogancia que ni el olvido podía borrar—. Y sugiero que bajéis vuestras armas antes de que os enseñe por qué esta armadura me queda tan bien.
Elsa y Kaelen de vuelta en su castillo, pero como extraños en su propia casa. El precio había sido pagado. Kaelen estaba vivo, pero era un fantasma con cuerpo.
La lucha por recuperar el imperio acababa de empezar de nuevo. Pero esta vez, Kaelen no tenía un contrato de sangre. Tenía algo mucho más peligroso: tenía que enamorar a su propio pueblo —y quizás a la realidad misma— de nuevo.
¡REENCUENTRO AMARGO! Kaelen ha vuelto, pero el “Precio del Olvido” ha borrado su existencia de la memoria colectiva. Este nuevo arco promete ser fascinante: Kaelen como un “extraño” que debe reconquistar su lugar mientras el Arquitecto observa desde las sombras. El romance se reinicia con una tensión nueva y deliciosa. ¿Cómo reaccionará Clara al ver a un hombre que no recuerda pero que siente familiar? ¡No olviden dejar sus Power Stones para el Capítulo 50: “El Consorte Desconocido”!
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