La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 5
- Inicio
- Todas las novelas
- La Novia del Príncipe Oscuro
- Capítulo 5 - 5 5 El bosque de los susurros
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
5: 5 | El bosque de los susurros 5: 5 | El bosque de los susurros Elsa La noche de la Gran Cacería llegó con una luna de color sangre, como si el mismo cielo supiera lo que estaba a punto de ocurrir.
No me pusieron un vestido de seda esta vez.
Kaelen me entregó un traje de cuero negro, ajustado como una segunda piel, diseñado para el movimiento y la supervivencia.
Me miré en el espejo de la alcoba.
Las marcas en mi cuello habían tomado un color plateado bajo la luz de la luna, una señal de que mi sangre estaba saturada por el entrenamiento del día anterior.
—Toma esto —dijo Kaelen, entregándome una daga cuya hoja era de un cristal traslúcido.
—¿Cristal?
—pregunté, sintiendo el peso ligero del arma.
—Es colmillo de un Vrykolakas ancestral —respondió él, ajustándome la funda en el muslo—.
No corta la carne, corta la energía.
Si un vampiro se acerca demasiado, esta daga puede paralizar su sistema nervioso por unos minutos.
Es lo único que te dará una oportunidad si nos separamos.
Sus manos se detuvieron en mi cintura, y por un momento, el silencio entre nosotros fue ensordecedor.
—Escúchame bien, Elsa.
La Cacería no tiene reglas.
El Consejo dice que es para “probar el vínculo”, pero Julian ha sobornado a la mitad de los rastreadores.
No solo buscarán a las presas animales.
Te buscarán a ti.
—Lo sé —respondí, mirándolo a los ojos—.
Pero tú dijiste que confías en mi poder.
Kaelen se acercó, pegando su frente a la mía.
Su aroma a sándalo y tormenta me envolvió.
—Confío en tu poder.
Pero no confío en mi capacidad para mantener la cordura si algo te sucede.
Si te pierdo, la maldición me consumirá en cuestión de horas.
No eres solo mi esposa, Elsa.
Eres mi vida.
Literalmente.
El Bosque Prohibido se extendía a los pies del castillo como un océano de sombras retorcidas.
Los árboles eran inmensos, con ramas que parecían dedos esqueléticos tratando de atrapar el cielo.
El aire estaba cargado de una neblina espesa que sabía a hierro y moho.
Cientos de vampiros de alta alcurnia se habían reunido en el linde del bosque.
Vestían ropas de caza opulentas, portando ballestas de plata y lanzas talladas.
La atmósfera era de una excitación obscena; para ellos, esto era un deporte, una forma de romper el aburrimiento de la inmortalidad.
Lady Valerius se adelantó, su vestido blanco destacando como un fantasma en la oscuridad.
—¡Que comience la Gran Cacería!
Que la sangre de los débiles nutra la tierra, y que el vínculo del Príncipe sea probado en el fuego de la persecución.
Un cuerno de hueso sonó, un grito desgarrador que dio inicio a la carnicería.
—¡Corre!
—me gritó Kaelen, tomándome de la mano.
Nos adentramos en la espesura a una velocidad que me cortaba la respiración.
Mis pulmones ardían, pero el Factor Éter en mi sangre parecía estar dándome un segundo aire.
Veía más claro en la oscuridad; los contornos de los árboles se iluminaban con un suave resplandor azulado.
—Se acercan —susurró Kaelen, deteniéndose en seco bajo un roble centenario—.
Tres rastreadores por el flanco izquierdo.
Dos más arriba, en las copas de los árboles.
—¿Cómo lo sabes?
—Puedo oler su excitación.
Y huelo el veneno en sus flechas.
No son del Consejo, son de Julian.
De repente, una flecha siseó a través de la niebla, rozando la mejilla de Kaelen.
Él reaccionó con una velocidad sobrehumana, atrapando la segunda flecha en el aire antes de que me diera en el pecho.
—¡Ve hacia el norte, al Círculo de Piedras!
—ordenó Kaelen, empujándome hacia un matorral espeso—.
Yo los distraeré.
¡No te detengas por nada!
—¡No voy a dejarte!
—¡No me dejas, me estás dando espacio para matarlos sin preocuparme por ti!
¡Ahora, corre!
Kaelen se dio la vuelta y se lanzó hacia la oscuridad, transformándose en una mancha negra y roja que chocó contra los atacantes.
Escuché gritos y el sonido de carne siendo desgarrada.
El príncipe estaba liberando al monstruo que llevaba dentro para protegerme.
Corrí.
Mis pies golpeaban el suelo cubierto de raíces, esquivando ramas que intentaban cegarme.
El bosque parecía estar vivo, susurrando mi nombre con las voces de todos los que habían muerto allí.
“Elsa…
Novia de Sangre…
Tu sangre nos salvará…” —¡Cállense!
—grité, apretando la daga de cristal en mi mano.
De repente, un impacto me golpeó por la espalda, lanzándome contra el tronco de un árbol.
El golpe me dejó sin aliento.
Antes de que pudiera recuperarme, una mano fría me agarró del cuello y me levantó en el aire.
Era Julian.
Su cabello rubio estaba revuelto y sus ojos brillaban con una locura dorada.
No llevaba equipo de caza; no lo necesitaba.
—Vaya, vaya.
La pequeña pajarita ha volado lejos de su nido —se burló, apretando su agarre—.
¿Sabes cuánto han ofrecido por tu cabeza en el mercado negro de los clanes rivales?
Lo suficiente para comprar tres reinos humanos.
Pero yo tengo mejores planes para ti.
—Suéltame…
—logré decir, mi voz apenas un ronquido.
—Kaelen es un romántico débil.
Cree que puede usarte para “curar” su linaje.
Qué aburrido.
Yo quiero ver qué pasa cuando una humana con Factor Éter se rompe.
Quiero ver si tu sangre sabe a estrellas cuando tienes miedo de verdad.
Julian acercó su rostro al mío, inhalando el aroma de mi cuello.
Sus colmillos se deslizaron hacia fuera, largos y sedientos.
—No eres…
el único…
con trucos —dije, cerrando los ojos y concentrándome.
Recordé el dolor en la biblioteca.
Recordé la rabia.
Pero esta vez, no la dejé estallar hacia fuera.
La concentré en mis manos.
Imaginé mi sangre como un río de fuego blanco, una barrera absoluta.
—¿Qué demonios…?
—Julian soltó un grito de dolor.
Su mano, la que sostenía mi cuello, empezó a humear.
El contacto con mi piel le estaba quemando como si hubiera tocado plata hirviendo.
Me soltó, retrocediendo y mirando su palma enrojecida con incredulidad.
—¡Maldita sea!
¿Qué has hecho?
—He decidido que no soy tu cena —respondí, poniéndome de pie.
Mi piel emitía un suave resplandor blanco, el Éter manifestándose como una armadura de luz.
Julian rugió, su rostro deformándose en una máscara demoníaca.
Se lanzó hacia mí con una velocidad que mis ojos apenas podían seguir, pero yo ya no era la misma de ayer.
Mi percepción del tiempo se había ralentizado.
Vi cada uno de sus movimientos como si fuera en cámara lenta.
Esquivé su primer zarpazo y, usando el impulso, clavé la daga de cristal en su hombro.
Julian soltó un alarido que sacudió los árboles.
La daga no sangró, pero el cristal se iluminó de azul, drenando la energía de sus músculos.
Cayó de rodillas, jadeando, sus ojos llenos de una furia impotente.
—Tú…
pequeña…
—masculló, tratando de levantarse.
—Se acabó, Julian —una voz gélida surgió de entre los árboles.
Kaelen apareció, cubierto de la sangre de los rastreadores, con su capa roja desgarrada pero con una presencia imponente.
Se situó a mi lado, poniendo una mano en mi hombro.
Su toque ya no me quemaba; mi poder lo reconocía como parte de mí.
—¿Kaelen?
—Julian escupió sangre—.
Ella…
ella es un monstruo.
—No, Julian.
Ella es una reina —dijo Kaelen, mirando a su primo con desprecio—.
Y tú acabas de firmar tu sentencia de destierro.
Si vuelves a acercarte a ella, no usaré una daga de cristal.
Te arrancaré el corazón y lo alimentaré a los lobos del bosque.
Julian intentó decir algo, pero la parálisis del cristal fue demasiado fuerte.
Se desplomó en el suelo, inconsciente pero vivo.
Kaelen no lo mató; sabía que el Consejo no perdonaría el asesinato de un noble, no todavía.
Kaelen se giró hacia mí.
Sus ojos recorrieron mi cuerpo, buscando heridas.
Cuando vio que estaba ilesa, y que mi resplandor empezaba a atenuarse, soltó un suspiro de alivio que pareció quitarle años de encima.
—Lo hiciste, Elsa.
Lo hiciste sola.
—No estaba sola —dije, sintiendo que mis piernas empezaban a temblar ahora que la adrenalina bajaba—.
Podía sentirte en mi sangre.
Él me tomó en sus brazos, cargándome justo como en la imagen de nuestra boda, rodeados por la oscuridad del bosque y el eco de la cacería que aún continuaba a lo lejos.
Pero esta vez, no se sentía como una captura.
Se sentía como un refugio.
—Hemos ganado esta batalla —susurró, besando mi frente—.
El Consejo tendrá que aceptarte ahora.
Pero Julian ha despertado algo que no podemos volver a dormir.
Has demostrado que eres el arma definitiva, Elsa.
Y ahora, todos los vampiros del mundo vendrán a por nosotros.
—Que vengan —respondí, cerrando los ojos contra su pecho—.
Tenemos mucha sangre que derramar antes de que esto termine.
Mientras regresábamos hacia el castillo bajo la luna roja, me di cuenta de una verdad amarga.
Kaelen tenía razón: mi vida humana había muerto en ese bosque.
Lo que quedaba era algo nuevo, algo que vibraba con un poder antiguo y sediento.
Ya no era la Novia de Sangre.
Era la dueña de la noche.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com