Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La Novia del Príncipe Oscuro - Capítulo 9

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La Novia del Príncipe Oscuro
  4. Capítulo 9 - 9 9 El susurro del abismo
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

9: 9 | El susurro del abismo 9: 9 | El susurro del abismo Elsa El amanecer en el castillo de los Vrykolakas siempre tenía un tinte melancólico, pero hoy, el aire se sentía más pesado de lo habitual.

Aunque habíamos derrotado a Julian, el silencio que dejó su desaparición era más ensordecedor que sus gritos.

Me desperté en la inmensa cama, rodeada de sábanas de seda que aún conservaban el aroma de Kaelen.

Él no estaba a mi lado.

El lugar donde debería estar su cuerpo estaba frío, lo que me indicó que llevaba horas levantado.

Me incorporé, sintiendo un ligero mareo.

Mi cuerpo todavía se estaba recuperando de la explosión de poder del día anterior.

Me toqué la marca en el hombro, la que Kaelen había dejado durante nuestra unión.

Estaba caliente al tacto, latiendo rítmicamente.

Ya no era solo una cicatriz; era una ventana.

A través de ella, podía sentir una corriente de inquietud que no me pertenecía.

Era la ansiedad de Kaelen.

—¿Dónde estás?

—susurré para mí misma.

Me vestí rápidamente con una bata de terciopelo y salí a los pasillos.

Los criados y guardias que encontraba a mi paso se detenían y se inclinaban casi hasta el suelo.

Ya no me miraban como a una humana; me miraban como si fuera una tormenta contenida en un cuerpo de mujer.

Encontré a Kaelen en la torre del observatorio, el punto más alto del castillo.

Estaba de espaldas, mirando hacia el horizonte donde el sol intentaba, sin éxito, perforar la bruma eterna de nuestras tierras.

Sus hombros estaban tensos y sus manos se apretaban contra la barandilla de piedra.

—Has estado teniendo pesadillas —dijo sin girarse.

Su voz era un barítono bajo que vibraba en mi pecho a través de nuestra conexión.

—No eran pesadillas, Kaelen.

Eran tus pensamientos —me acerqué a él, rodeando su cintura con mis brazos.

Apoyé mi mejilla contra su espalda firme—.

No has dormido nada.

¿Qué es lo que te atormenta?

¿Qué fue lo que Julian quiso decir sobre el sacrificio?

Kaelen soltó un suspiro largo y se giró en mis brazos.

Su rostro, usualmente impecable, mostraba signos de fatiga.

Sus ojos dorados estaban velados por una sombra de preocupación que me hizo encoger el corazón.

—Elsa, la profecía de la Novia de Sangre tiene dos caras.

La que todos conocen es la de la salvación: la unión que cura la maldición.

Pero hay una estrofa que los Ancianos han intentado borrar de los anales.

Me llevó hacia un pequeño banco de piedra y se sentó, manteniendo mis manos entre las suyas.

Sus dedos estaban inusualmente fríos.

—”Para que el sol vuelva a brillar sobre el trono, la luz debe ser devuelta a la tierra de donde vino”.

Julian descubrió esa parte antes de exiliarse.

El Vacío no es solo una grieta mágica, es una deuda.

Mi antepasado no solo fue maldito; él robó una esencia que no le pertenecía para obtener la inmortalidad de nuestro clan.

—¿Y qué tiene que ver eso conmigo?

—pregunté, aunque en el fondo ya lo sabía.

—El Factor Éter en tu sangre no es un accidente genético, Elsa.

Es esa esencia robada que ha reencarnado a través de los siglos en una línea de sangre humana.

Por eso eres la única que puede curarme.

Pero la maldición solo se romperá definitivamente si el Éter regresa a su origen.

—Quieres decir que…

¿tengo que morir?

—La palabra salió de mi boca como un trozo de hielo.

Kaelen apretó mis manos con tal fuerza que dolió.

—¡No!

No mientras yo respire.

Pero el mundo sobrenatural no se detendrá.

Ahora que has despertado tu poder, la grieta del Vacío se cerrará solo si absorbe una cantidad masiva de Éter.

Julian quería forzar ese proceso drenándote.

El Consejo…

ellos querrán lo mismo si ven que el mundo empieza a colapsar.

Se puso de pie, caminando de un lado a otro como un animal enjaulado.

—Te he puesto en un peligro mayor al unirme a ti.

He hecho que tu luz sea visible para todos los horrores que habitan en la oscuridad.

He sido egoísta, Elsa.

Te deseaba tanto que no me importó el precio que podrías pagar.

Me levanté y me interpuse en su camino, obligándolo a detenerse.

—Mírame, Kaelen Thorne.

—Le tomé el rostro con ambas manos, obligándolo a enfocar sus ojos en los míos—.

No soy una víctima de tus deseos.

Yo elegí quedarme.

Yo elegí este vínculo.

Si hay un precio que pagar, lo descubriremos juntos.

No voy a dejar que te hundas en la culpa mientras yo sigo viva y con este poder en mis manos.

Por un momento, la máscara de príncipe guerrero se rompió.

Kaelen me atrajo hacia él en un abrazo desesperado, enterrando su rostro en el hueco de mi cuello.

Sentí su respiración errática contra mi piel.

—No sé si soy lo suficientemente fuerte para protegerte de todo lo que viene —susurró.

—Entonces deja que yo te proteja a ti —respondí.

El momento de vulnerabilidad fue interrumpido por un mensajero que apareció en la puerta de la torre, jadeando.

—¡Mi señor!

¡Mi señora!

Un emisario de los Clanes del Norte ha llegado a las puertas.

Dicen que traen noticias de una infestación de sombras en sus fronteras.

Y…

traen a alguien con ellos.

Kaelen recuperó su compostura en un instante.

El hombre de hielo regresó, aunque sus ojos me enviaron una última mirada de advertencia y amor.

—¿Quién es?

—Dicen que es una mujer, señor.

Una que afirma conocer a la Reina Elsa de su vida anterior.

Sentí un escalofrío.

¿Alguien de mi vida anterior?

¿Mi hermana?

No, ella estaba a salvo en la ciudad…

o eso pensaba.

Bajamos al Gran Salón con una sensación de urgencia.

Allí, rodeada de guardias, estaba una mujer vestida con ropas de viaje polvorientas.

Cuando se quitó la capucha, mi corazón dejó de latir por un segundo.

—¿Sofía?

—Mi mejor amiga de la galería de arte.

La que creía que yo me había ido de vacaciones a Europa tras ganar la lotería.

Pero Sofía no se veía como la chica alegre que recordaba.

Sus ojos estaban hundidos y sus manos temblaban.

Cuando me vio, no corrió a abrazarme; cayó de rodillas, sollozando.

—Elsa…

lo siento mucho.

Vinieron por ti, pero no te encontraron.

Se llevaron a los demás.

Dicen que si no regresas al “Origen”, la ciudad será la primera en caer bajo la sombra.

Kaelen se tensó a mi lado, su aura volviéndose gélida.

—¿Quiénes se los llevaron, Sofía?

—pregunté, acercándome a ella.

—No eran vampiros —susurró ella, mirando a Kaelen con terror—.

Eran…

sombras con armadura.

Dijeron que eran los “Custodios del Éter”.

Dijeron que tú eres una ladrona, Elsa.

Kaelen maldijo por lo bajo y me apartó de Sofía.

—Los Custodios.

Los antiguos guardianes de la esencia robada.

Esto es peor de lo que imaginaba.

No solo estamos luchando contra una maldición, estamos luchando contra los dueños originales de tu poder.

Miré a Sofía, luego a Kaelen, y finalmente a mis propias manos, que empezaban a emitir ese brillo blanco involuntario.

La burbuja en la que habíamos vivido desde nuestra noche de pasión acababa de estallar.

La guerra ya no estaba en los límites del castillo; había ido a buscarme a mi hogar.

—Kaelen —dije, mi voz endureciéndose—.

Tenemos que ir a la ciudad.

—Es una trampa, Elsa.

Quieren sacarte de la protección del palacio.

—Mi familia y mis amigos están allí.

No voy a sentarme en un trono de oro mientras ellos mueren por un poder que yo ni siquiera pedí.

Kaelen me miró con una mezcla de orgullo y terror.

Sabía que no podía detenerme.

—Si vamos, iremos con todo mi ejército.

Pero debes saber una cosa: los Custodios no son seres vivos.

No puedes matarlos con espadas ordinarias.

Solo tu Éter puede dañarlos, y cada vez que lo uses, la grieta del Vacío se abrirá un poco más.

—Entonces que se abra —respondí, caminando hacia la salida del salón—.

Si el mundo quiere mi luz, tendrá que aprender a soportar el fuego que viene con ella.

Esa noche, no hubo romance ni susurros al oído.

Hubo el sonido del acero siendo afilado y el rugido de los motores de los carruajes negros.

Mientras me preparaba para la batalla, me di cuenta de que mi transformación estaba completa.

Ya no era la chica que vendía cuadros en una galería.

Era el epicentro de un cataclismo milenario.

Y mientras Kaelen me ayudaba a ajustar mi armadura, sus ojos prometían que, si el mundo caía, él caería conmigo, sosteniéndome hasta el último aliento.

La verdadera cacería acababa de empezar.

Y esta vez, la presa no iba a correr.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo