La novia del rey vampiro - Capítulo 10
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- Capítulo 10 - 10 El novio de Eira
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10: El novio de Eira 10: El novio de Eira Punto de vista de Emmet No puedo dejar de pensar en la Elegida, en la coronación y, sobre todo, en Guisell.
Ella es idéntica a Elizabeth me pregunto si mi abuelo ya la ha visto, o si la conoce, es la viva imagen del gran amor de mi vida, aquel que me fue arrebatado.
La amargura de ese recuerdo es un peso constante en mi pecho.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando un sirviente anunció la llegada de Eira y su familia.
Vaya tendré que investigar asi que b ajé a la gran sala de nuestro recibidor , un espacio amplio con paredes de madera oscura y retratos de ancestros que parecían observar con severidad.
Al entrar, Eira corrió hacia mí con una aparente alegría desbordada.
Sus ojos claros brillaban con una dulzura que yo sabía que era falsa, tras la cual solo se escondía maldad.
—¡Hola, querido Emmet!
¿Me extrañaste mucho, verdad?
—dijo con una voz casi angelical —.
Mira mi hermoso vestido, lástima que mis zapatillas no hagan juego; la tonta de Guisell las arruinó.
Al mencionar a Guisell, sentí que la sangre me hervía.
Un impulso violento, casi incontrolable, de proteger a la muchacha de la que hablaba con tanto desdén me recorrió el cuerpo.
—¿Guisell dices?¿Y por qué haría eso, Eira?
—Solo lo hizo porque tiene envidia de que yo esté aquí y no ella, ya te había dicho cómo es, Emmet.
Al escucharla, el deseo de alejarme, o algo peor, fue tan intenso que tuve que apretar los puños.
Conteniendo la ira, preguntó: —Eira,dime la verdad.
¿No le hiciste daño a Guisell?
—¡Oh, Emmet!
¿Cómo crees?
Yo jamás haría algo así —respondió, y de repente, se acercó y apoyó la cabeza en mi pecho, fingiendo un llanto convulsivo.
Sus padres, al ver la escena, se acercaron con preocupación.
Charlotte, su madre, preguntó qué ocurriría.
—No fue mi culpa—sollozó Eira—.
Les contó lo de las zapatillas…
Observé cómo la madre de Eira esbozaba una rápida sonrisa antes de que su expresión se transformara en una máscara de tristeza.
—Queremos mucho a Guisell—comenzó a decir con voz melosa—, pero últimamente ha cambiado mucho.
Se ha vuelto rebelde, impertinente y, sobre todo, odia a Eira sin razón.
Rayos, no creía ni una palabra de lo que salía de sus bocas.
Cada sílaba sonaba falsa como un eco vacío.
Por suerte, la aparición de mi abuelo en lo alto de la escalera principal interrumpió el teatro.
Todos se secaron las lágrimas y se apresuraron a saludarlo.
Por la forma en que se dirigió a ellos, era evidente que los conocía bien, lo cual era de esperar, dado que ha estado al pendiente de Eira.
Mi abuelo me dirigió una mirada serena.
—Emmet, ¿por qué no llevas a Eira a conocer los jardines del palacio?
—No era una pregunta, sino una orden.
Solo asentí de mal humor, con la mandíbula apretada, y me acerqué a Eira para tomar su mano con una frialdad que esperaba que notara.
Mientras caminábamos por los largos pasillos de mármol rumbo a los jardines, el silencio entre nosotros era pesado.
Para romperlo, le pregunté sin verdadero interés: —Dime,Eira, ¿qué te gusta hacer?
—¡Oh, Emmet!
Qué bueno que te intereses en mí —exclamó, apretando mi mano—.
A mí me encanta cantar, bailar… En mis clases solía ser la número uno, pero decidí tomarme un año para descansar y pensar que otra cosa podría estudiar.
Tengo dieciocho años, ya no debo saber qué hacer con mi vida, ¿no crees?
Tal vez hasta me caso pronto, o no se Intenté desviar la conversación hacia algo de utilidad.
— ¿Y te gustan las finanzas?
Los números?
—¡Oh, Emmet, los números no son lo mío!
—respondió con una risa despreocupada—.
Pero pídeme que cante, y lo haré solo para ti.
Llegamos a los jardines, un oasis de orden y color donde fuentes murmuraban entre rosales perfectamente podados.
La llevé hacia un lago donde nadaban patos de plumas blancas.
—Mira,Eira, a mí me gustan mucho los animales y la naturaleza.
Quisiera que disfrutaras conmigo de estos momentos.
Noté de inmediato cómo su rostro mostraba un leve mueca de disgusto al ver un poco de barro en el camino.
Sin embargo, rápidamente disimuló su molestia y forzó una sonrisa radiante, aferrándose a mi brazo como si no quisiera soltarme nunca.
Aunque es básicamente hermosa, no soporta su aroma dulzón y artificial; Puedo sentir que su alma está podrida.
Solo espero que mi abuelo sepa lo que hace al insistir en esta farsa.
Después de una hora de paseo forzado, regresamos al comedor principal, una estancia iluminada por candelabros donde la mesa estaba puesta con la mejor vajilla.
Sus padres, Charlotte y Robert, nos esperaban con entusiasmo mal disimulado.
—¡Ministro!—exclamó Charlotte al vernos—.
Su nieto y mi hija realmente hacen una hermosa pareja, ¿verdad?
Mi abuelo, sentado a la cabecera de la mesa, solo le dirigió una sonrisa cortés pero ambigua.
La cena transcurrió con una normalidad artificial, con conversaciones banales que apenas lograba mantener.
Lo único que deseaba era que se fuera para poder preguntarle a mi abuelo sobre Guisell.
Una espina de preocupación por ella no se me quitó el pecho.
Al terminar, acompañé a Eira ya sus padres hasta la entrada principal.
Antes de despedirse, Eira se recargó en mi hombro y susurró: —Oh, Emmet, eres un hombre maravilloso.
Nuestras familias se llevan tan bien, tú y yo somos hermosos y adinerados… Hacemos la pareja perfecta de la ciudad.
Solo quería que se callara y se fuera.
Intenté despedirla con un rápido beso en la mejilla, pero la muy astuta giró la cabeza con rapidez y sus labios rozaron los míos.
Fue un contacto breve pero calculado.
Todos los presentes, al ver la escena, comenzaron a aplaudir.
—¡Oh!—gritó Charlotte, eufórica—.
¡Mi Eira es ahora la novia del señor Emmet oh me equivoco !
Mi abuelo, desde atrás, avanzando con la cabeza lentamente, sellando mi destino con ese único gesto.
Un profundo desacuerdo me recorrió.
Sé que es mi deber, pero esto no es lo que quiero.
Con la boca seca y el corazón encogido, confirmó la mentira que acababan de tejer a mi alrededor: —Sí, me gustaria su permiso para ser novios desde hoy.
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