La novia del rey vampiro - Capítulo 13
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
13: secretos 13: secretos Punto de vista de Guisell Un temor helado se había apoderado de mí.
La certeza de que Eira y mi tía podrían hacerme algo esta noche era una losa sobre mis hombros.
La presión era tan asfixiante que solo quería salir corriendo, escapar de esa casa que se sentía más como una prisión.
Para no enloquecer, para no pensar en lo que podría ocurrir, me obligué a concentrarme en una tarea: lavar todas las sábanas.
Mientras frotaba con fuerza las sábanas de mi tía, como si pudiera borrar mis miedos con el jabón, escuché que la puerta principal se abría, eran Eira y mis tíos el corazón se me encogió.
—Así que aquí estás, Guisell —dijo Eira con una voz cargada de dulce veneno—.
¿Crees que puedes seducir a mi novio?
Porque eso es lo que hiciste hoy.
¿Crees que no te vi?
Cómo te lanzaste a sus brazos esta tarde.
No pude evitar que mi cuerpo empezara a temblar.
—Eira, eso no es cierto —logré balbucear—.
Solo…
no me fijé, traía manzanas…
y choque con el —¡Cállate, Guisell!
—me interrumpió con un grito—.
¡Madre, deberías hacer algo con ella!
No puede ir seduciendo a los hombres que se le antojen.
¡Por su culpa Emmet se fue!
Me dijo en mi habitación que no la soportaba y, para no quedar mal, la defendí.
¡Mira cómo acabó todo esto!
Si no fuera por mi encanto, realmente se habría ido y nuestra familia no obtendrá más negocios.
Miré a mi tía.
Su rostro era una máscara de furia y desprecio, y en lo más profundo de mi ser, solo rogaba para que, no me golpeara tan fuerte por si me golpeaba, no lo hiciera demasiado fuerte por favor, no quiero dolor esta noche.
Vi cómo mi tía agarraba el látigo que siempre colgaba de la pared.
—¡No le vas a quitar el novio a mi hija!—empezó a gritarme, acercándose—.
¡Eres igual que tu desgraciada madre!
El primer latigazo cayó sobre mi espalda con un crujido húmedo.
Un dolor agudo y ardiente me recorrió la columna.
Pero para ella no fue suficiente.
Empezó a pegarme una y otra vez, sin piedad.
Sentí un líquido caliente para empezar a correr por mis piernas.
No podía defenderme; solo trataba de detener los golpes con mis manos, que ya ardían como si estuvieran en llamas.
Mis lágrimas caían en una cascada incontrolable, mezclándose con el sudor y, supuse, con la sangre.
—¡Basta, Charlotte!
—escuché de pronto la voz grave de mi tío—.
¿Acaso quieres matarla?
Todavía no puedes hacer eso.
Aún la necesitamos.
Si se muere, tú te harás cargo de todo y quedarás en la pobreza, mientras veia la mirada de eira, era odio puro mezclado con alegría al verme así destrozada No entendía del todo lo que mi tío quería decir, pero ya no podía más.
Mi cuerpo dolia y me sumergí en una oscuridad profunda y acogedora.
En mis sueños, todo era diferente.
Podía ver a mi madre, sentada a la orilla de un lago de una belleza serena.
Era el mismo lago al que solía escapar, pero ahora estaba impecable, rodeado de jardines y lleno de flores de todos los colores imaginables.
Mi madre me habló, y su voz era una caricia para mi alma herida.
—Hija, tienes que luchar —me dijo, tomando mis manos entre las suyas—.
Eres muy especial.
Hay secretos que tienes que descubrir, amor.
No te rindas, levántate.
No te dejes morir, ven a mí, al lago.
Ahí estaré, Guisell, vamos, tú puedes, levántate ya, tienes que luchar, las cosas cambiaran No sabía por qué me decía eso.
Yo solo anhelaba quedarme allí, en esa paz, con ella.
Ya no quería vivir en la realidad; Quería permanecer en ese sueño para siempre.
Pero entonces, sentí una luz cálida que me envolvía y una necesidad imperiosa de ver a mi madre en ese lugar.
Con un esfuerzo sobrehumano, trata de levantarme.
Me sentí extrañamente pegajosa, y al tocarme, comprendí que era mi propia sangre seca, que hacía que mi vestido destrozado se adhiriera a la piel y que cada movimiento fuera una agonía.
Resbalé con el charco que había formado a mi alrededor, pero como pude, me levanté.
Agarré un palo que estaba cerca, usándolo como un bastón tambaleante.
Caminé despacio, arrastrando los pies.
Mi vestido no era más que harapos, pero ya no me importaba si alguien me veía semidesnuda y cubierta de heridas, no les importaría.
Solo una idea guiaba mis pasos: llegar al lugar que mi madre me había mostrado.
Logré salir del palacio.
Sentí que había pasado una eternidad arrastrándome, y cada minuto que pasaba me debilitaba más.
Estaba llegando al patio trasero, cerca del bosque, cuando vi una luz hermosa y tenue que parecía emanar de entre los árboles.
La seguí, avanzando con determinación.
Mis lágrimas no dejaban de caer, limpiando surcos pálidos en la suciedad y la sangre de mis mejillas.
Finalmente, logré ver que ahí, entre la neblina del amanecer, había alguien.
Realmente había alguien.
Una figura alta y oscura.
Con la poca fuerza que me quedaba, traté de correr, de alcanzar esa silueta que representaba una última esperanza.
Pero mis piernas fallaron, y de pronto, choqué contra algo…
o contra alguien, solo deseaba que me llevara con el, pero todo se estaba esfumando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com