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La novia del rey vampiro - Capítulo 14

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  4. Capítulo 14 - 14 Súplicas no contestadas
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14: Súplicas no contestadas 14: Súplicas no contestadas Punto de vista de Guisell ¿Quién eres?

¿Por qué estás aquí?

Esa luz blanca, inquietante, que me observaba…

Al abrir bien los ojos, me di cuenta de que no había nada; solo era el reflejo pálido de la luna filtrándose entre las ramas.

Con lo que había chocado era, simplemente, con el viejo árbol de manzanas.

Como pude, arrastrándome sobre la hierba húmeda, me sumergí en las aguas cristalinas del lago.

Pude observar cómo se teñían de un rojo oscuro, manchándose con mi sangre, mientras mis lágrimas no dejaban de caer, mezclándose con la superficie perturbada.

— ¿Qué les hice a estas personas, querida luna, para que me traten así?

—susurré al vacío—.

Haga lo que haga, siempre me pegan, me humillan, me maltratan… Ya no puedo más, querida luna.

Solo deja que esta noche muera y me reencuentre con mis padres.

Solo quiero estar con ellos y, como la niña pequeña que fui, nunca soltarlos.

Pero mis súplicas no llegaron a ninguna parte.

De pronto, sentí una comezón en la espalda y, al tocarme con cuidado para no lastimarme más, noté con asombro que no tenía heridas.

Sorprendida, empecé a recorrer mi cuerpo con las yemas de los dedos: no había rasguños, moretones ni sangre.

No sentí dolor físico alguno, solo el dolor profundo y desgarrador del alma.

¿Qué acababa de pasar?

No lograba comprenderlo.

Así que, con la voz quebrada, solo le preguntó a la luna: —¿Por qué?

¿Qué me espera?

Ya no quiero sufrir más.

Solo quiero huir de aquí.

Tengo que encontrar la manera de irme, tenia que buscar la manera de huir, antes de que llegue el invierno y sea difícil escapar de la ciudad.

Sabía que mi madre no era de esta ciudad.

Tal vez, si lograba investigar, podría escapar.

Con esa determinación renaciente, salí del lago y, con manos temblorosas, recogí unas cuantas manzanas más del suelo.

Sabía las consecuencias: tal vez me encerrarían en los lavaderos por días, pero era un riesgo que no pensaba correr.

Sin hacer ruido, como una sombra, caminé de regreso y entré al sótano frío y húmedo que llamaban mi hogar.

Allí, limpié los restos de sangre seca de mi piel y ropa, esperando poder acostarme en mi jergón y descansar un poco.

No sabía qué me esperaba al día siguiente.

Pero no podía dejar de pensar en Emmet.

¿Por qué no lo podía sacar de mi mente?

—Vamos, Emmet, tienes que salir de mi cabeza —me rogué en silencio—.

No quiero problemas, o me costará la vida.

Esta mañana, nadie vino a buscarme.

Se me hizo raro; Tal vez pensaron que no me podría levantar después de la golpiza.

Decidí quedarme en el sótano, en el silencio en la penumbra, para que mantuvieran esa idea de huir y planear mi plan de escape y para eso tenia que así descansar un poco.

Pero el aburrimiento y una añoranza inexplicable por la paz del lago pronto me dominaron.

Me asomé por la pequeña y sucia ventana del sótano que daba al patio.

Allí pude observar a eira, impecable con su vestido, subiendo al automóvil con el chófer.

Me imaginé que la llevaría a algún lugar importante.

Al menos sabía que no vendría a buscarme hoy para maltratarme.

Y, ¡oh, vaya!, mi tía también iba con ellos, era mi oportunidad.

Era el momento de investigar en la oficina de mi tío sobre mi mamá.

Sabía que él no estaría hoy y que las sirvientas tenían descanso.

Sin perder un segundo, salí corriendo del sótano.

Observé por ambos lados del pasillo principal, asegurándome de que no hubiera nadie, y me apresuré a subir las escaleras de madera que crujían con cada paso.

Sentía cómo mis pies empezaban a temblar, un temblor que subía por mis piernas y se apoderaba de mis manos.

Al llegar frente a la maciza puerta de roble de la oficina, giré la perilla con fuerza y ​​en un segundo ya estaba dentro, cerrándola a mis espaldas, tenia tanto miedo de que alguien me viera aqui, entonces si me matarían mis tios y nadie podría ayudarme.

La habitación olía a cuero viejo, polvo de libros y tabaco caro.

El escritorio de caoba era un caos de papeles importantes.

Mi corazón latía desbocado.

Pero al voltear, el aire se heló en mis pulmones.

Mi tío estaba allí, sentado en su sillón de cuero, girando lentamente para enfrentarme.

Su presencia llenaba la habitación, fría y amenazante.

—Guisell, ¿qué haces aquí?

—dijo su voz, serena pero cargada de peligro—.

Pensé que estarías muy mal hoy, pero puedo observar que te ves… muy bien.

¿Qué te pusiste, no importa pero te ves increíble hoy, eres muy hermosa lo sabias, por eso tu tia y tu prima te odian, por lo hermosa que eres, pero dime vienes a verme ?

Yo solo empecé a tartamudear, las palabras atrapadas en mi garganta por el miedo.

Pero entonces, su mirada cambió.

Dejó de fijarse en mis ojos y comenzó a recorrer mi cuerpo, deteniéndose con una intensidad repulsiva en mis pechos.

En ese instante, supe, con una certeza absoluta y aterradora, que tenía que correr por mi vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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