La novia del rey vampiro - Capítulo 16
- Inicio
- Todas las novelas
- La novia del rey vampiro
- Capítulo 16 - 16 Lágrimas en el sotano
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Lágrimas en el sotano 16: Lágrimas en el sotano Punto de vista de Guisell ¿Por qué la vida es tan miserable para los indefensos?
Mi primera vez… debía ser para el hombre que algún día sería mi esposo, no para él… nunca imaginé que sucedería así, y menos por culpa de mi propio tío.
Lo peor es que no puedo decirle a nadie lo que pasó.
Si mi tía lo descubriera, me mataría…
o, peor aún, me vendería como una esclava.
Antes de que él regrese, debo ir a lavarme al lago, pero será mejor esperar hasta la noche.
No quiero toparme con ese ser repulsivo.
Mis lágrimas caen sobre mi vestido, tan gastado como mi alma.
Siento que ya no me quedan lágrimas para llorar.
Escucho que mi tía llegando junto con Eira; al parecer les fue bien.
Están tan alegres, tan entusiasmadas… ¿Por qué las personas malas siempre parecen ser más felices que las desdichadas?
Oigo pasos.
Es mi tía.
Pero alguien la detiene.
—No —dice una voz áspera—, está muy lastimada.
Si la obliga a trabajar, lo perderemos todo.
No entiendo qué es eso que podría “perder”, pero reconozco la voz: es la bestia de mi tío.
Silencio.
No escucho nada más.
Quiero creer que todos ya están durmiendo.
Con el corazón latiendo a mil por hora, salgo del sótano.
Camino descalza, apenas iluminado por la luna.
Duelo de cada paso.
Cada movimiento me recuerda su asqueroso aliento, su peso, su voz.
Llego al lago.
El agua está tan fría que, al sumergirme, mi cuerpo entero tiembla.
Pero el dolor comienza a ceder poco a poco.
A veces pienso que estas aguas tienen algo mágico, como si pudieran curar las heridas del cuerpo… ojalá también curaran las del corazón.
Mi estómago ruge.
Tengo hambre.
Salgo del agua y busco entre los árboles algunas manzanas.
—Te lo juro, pancita —susurro mientras corto una tras otra—, cuando logre escapar de aquí, nunca volverás a pasar hambre.
Comerás todo lo que quieras, lo prometo.
Tomo unas diez manzanas, suficientes para sobrevivir varios días sin comida.
A veces se olvidan de mí; otras, simplemente no les importan.
Hasta los perros de la casa comen tres veces al día… y yo ni una.
Regreso al sótano y empiezo a morder las manzanas una por una.
Son dulces, jugosas… casi puedo sentir un poco de felicidad al probarlas.
Por la mañana, algo me despierta.
Siento una presencia.
Miro hacia la pequeña ventana del sótano… alguien se asoma.
El corazón me da un vuelo.
¿Será él?
No…
no puede ser.
Eira entra poco después, con esa sonrisa arrogante que siempre me provoca náuseas.
—Oye, Guisell —dice con voz burlona—, por cierto, Emmet te envía saludos.
Pero no te emociones, ¿eh?
Ese hombre ya es mío.
Mañana mismo nos iremos de viaje para conocernos mejor.
Ojalá mi madre se encargue de tus “castigos” mientras no estoy… no quiero que te me pongas rebelde, o le diré a mis amigas que vengan a visitarte y no te gustara nada verdad.
Se ríe y se va, dejándome con un nudo en el estómago.
Poco después, mi tía y mi tío llegan al comedor.
Mi tío me observa con una mirada que me hiela la sangre, se saborea como si fuera su presa.
Mi tía, en cambio, me mira con repugnancia.
—No seas tonta, Guisell —escupe con desprecio—.
¿Qué haces ahí parada?
¡Sirve y lárgate!
Últimamente apestas.
No soporto verte cerca de mi hija… ni de mi esposo.
Me apresuro a obedecer, pero antes de salir tropiezo con algo… o más bien, con alguien.
Levanto la mirada y me encuentro con Emmet.
Su expresión no es como la de los demás.
Sus ojos son suaves, preocupados.
—Guisell, ¿a dónde vas tan asustada?
—pregunta con voz cálida—.
Vine a ver a Eira, pero parece que todos desayunaremos juntos.
Me gustaría que tú también comieras con nosotros.
Antes de que pudiera responder, mi tía interviene con una sonrisa fingida: —Oh, ella ya desayunó, Emmet.
Siempre tan amable, pero no hace falta preocuparse por las sirvientas, a ella le gusta trabajar aquí.
Él frunce el ceño, disgustado por sus palabras, pero antes de que la situación empore, salgo corriendo, no quiero más miradas, ni más humillaciones.
Corro hasta el establo, donde me espera mi único amigo: mi caballo favorito.
Al verlo, mi corazón se aligera.
Su suave relincho, el brillo de su pelaje, el calor que emana de su cuerpo… todo en él me hace sentir viva otra vez.
Comienzo a cepillarlo con cuidado, y por un momento…
solo por un momento, la felicidad regresa a mí.
Pero luego la sombra del miedo vuelve.
Porque sé que, cuando caiga la noche… mi tío podría venir por mí de nuevo, pero debo estar prepara para que no entre al sotano.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com