La novia del rey vampiro - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: El tío astuto 19: El tío astuto Punto de vista de Guisell Salí corriendo como pude, las lágrimas empañaban mi vista y el aire me quemaba los pulmones.
Corrí hasta el sótano, mi refugio, mi único lugar seguro.
Sabía que estaba en problemas… esta vez era grave, muy grave.
Mi tía me matará, pensé, mientras me acurrucaba contra la pared fría.
El corazón me latía tan fuerte que parecía querer escapar de mi pecho.
—¿Por qué la empujé?
—susurré entre sollozos—.
¿En qué estaba pensando?
Arruiné la fiesta, su compromiso, su vestido… su noche perfecta.
No hay duda, mi tía me matará.
No tengo a dónde ir, no tengo a nadie.
Las lágrimas corrían sin control por mis mejillas, hasta que escuché los pasos acercarse.
Tacones.
De mujer.
La puerta del sótano se abrió con un chirrido, y allí estaba ella, mirándome con un odio tan puro que me heló la sangre.
—¿En qué estabas pensando, Guisell?
—escupió mi tía con voz venenosa—.
¿Acaso eres estúpida?
¿Querías matar a mi hija?
¡Tu prima!
Su mirada me atravesaba.
—Nosotras te cuidamos desde que murieron tus padres —continuó con una furia que me hizo temblar—.
Sabías que Eira no sabía nadar, y no te importó.
Si no fuera por su prometido… ¡no quiero imaginarlo!
Estoy harta de ti.
Siempre desee que hubieras muerto junto a ellos.
Pero se acabó.
No te golpearé hoy, porque si empiezo no podré detenerme.
En una semana te irás de esta casa… te venderé como esclava.
—No, tía… por favor, no hagas eso —rogué entre sollozos.
Antes de que pudiera seguir, su mano me cruzó la cara con tal fuerza que vi estrellas.
—¡Cállate!
—gritó—.
No me llames tía, no soy nada tuyo.
Agradece que te perdono la vida.
Pero Emmet no lo hará.
Ahora todos saben qué clase de monstruo eres.
Aquí la víctima es Eira… y eso me encanta.
—Por favor, señora —dije con voz temblorosa—.
Déjeme irme.
No me venda.
Ella soltó una risa cruel.
—No irás a ninguna parte hasta que yo lo decida.
Ahora debo disculparme con todos por tu comportamiento.
Y se fue, dejando la puerta abierta detrás de ella y un silencio que pesaba como plomo.
Me quedé sola, abrazándome las rodillas.
No podía permitir que me vendieran.
Sabía lo que les hacían a los esclavos.
Abusos, maltratos… una vida sin alma ni dignidad.
Tenía que escapar.
Pasé toda la noche despierta, esperando que Eira entrara a golpearme, pero la puerta no volvió a abrirse.
Cuando amaneció, el silencio seguía allí.
Subí con cautela.
No había nadie.
Ni risas, ni música, ni voces.
La casa parecía abandonada.
Me acerqué a las habitaciones: vacías.
Bajé a la sala y allí lo vi.
Mi tío, sentado en el sofá, con un vaso de whisky en la mano y una sonrisa que me heló la sangre.
—Hola, Guisell —dijo con una calma perturbadora—.
Ya era hora de que despertaras.
Como ves, no hay nadie aquí.
¿Sabes por qué?
Todos creen que intentaste matar a Eira.
Emmet se las llevó al castillo, a ella y a su madre.
Dicen que es lo mejor… y, la verdad, estoy de acuerdo.
Le dio un trago a su vaso y me miró con los ojos entrecerrados.
—Así que estaremos solos tú y yo.
A tu tía le dije que me iría de viaje, pero no… me quedaré aquí contigo.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Había algo en su voz… una sombra, una intención.
—No pongas esa cara —susurró con una sonrisa torcida—.
No te haré daño si haces lo que te pido.
Si eres obediente, te daré tu libertad y dinero para empezar una nueva vida.
Negué con la cabeza, retrocediendo.
—No te creo… Su mirada se endureció.
—Entonces no me dejas opción —dijo mientras se ponía de pie, acercándose con pasos lentos, seguros, como un cazador acorralando a su presa—.
Mi cuerpo temblaba.
Intenté correr hacia la puerta del patio, pero estaba cerrada con llave.
—No corras, Guisell.
No hay salida —su voz sonaba casi divertida—.
Todo está cerrado.
El aire se volvió pesado, imposible de respirar.
Lo escuché acercarse, sentí su aliento mezclado con el olor del alcohol.
Una repulsión profunda me recorrió el cuerpo.
—Vamos, Guisell.
Ven aquí… Sus palabras eran un veneno.
Mi corazón latía desbocado, mi mente gritaba que corriera, que escapara, pero mis piernas no respondían.
Y en ese instante lo supe: nadie vendría a ayudarme.
Estaba sola.
Completamente sola.
Se acercó hasta mi cuello, con su aliento a whisky diciendo te tratare bien, te alimentare, no te haré daño, serás mi reina y obtendrás tu libertad, en otra ciudad te estoy salvando de un destino fatal siendo esclava, no podía creer todo lo que me decía sin decir nada, tomo mi silencio como un si.
Me cargo como si fuera una novia y me llevo a la habitación en donde dormía con mi tía y me puso con mucho cuidado en la cama, mientras el me veía entusiasmado, comenzó a quitarse la ropa, mientras yo me fui a la esquina de la cama y me hice bonita llorando, sabía lo que haría mi tío.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com