La novia del rey vampiro - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 La unión de Eira y Emmet
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20: La unión de Eira y Emmet 20: La unión de Eira y Emmet Punto de vista de Emmet —Abuelo, espero que entiendas la decisión que tomé al traer a Eira y a su madre a vivir con nosotros.
Al parecer no estaban a salvo…
Esa chica, Guisell, estuvo a punto de matarla hoy.
—No te preocupes, Emmet, lo sé —respondió con su voz grave, cargada de sabiduría y antigüedad—.
Debemos proteger a nuestra futura reina.
Además, estás a punto de casarte con ella; será lo mejor.
Pero también debes ir preparándola…
cuando llegue el momento de decirle que eres un rey vampiro, y que ella restaurará la paz.
—Lo he estado pensando —dije con un suspiro pesado—.
No sé cómo reaccionará.
Pero, ¿no crees que ya debería empezar a sentirse diferente?
Debería comenzar a despertar sus poderes.
Mi abuelo me observó en silencio, con esa mirada que atravesaba el alma.
—Lo sé, Emmet.
Tal vez el estrés que vive aún los mantiene dormidos.
Pero contigo cerca…
a tu lado…
deberían empezar a manifestarse.
Sabes que no podemos esperar más tiempo, sabes a lo que me refiero.
Entre más rápido la reclames, más rápido despertará su poder.
Asentí, sabiendo exactamente lo que quería decir.
Tenía razón ya no podía perder más tiempo.
El aire se volvió más denso, cargado de algo que no sabía si era miedo, deseo o destino.
Me dirigí a la habitación donde descansaba Eira; ella dormiría cerca de la mía, y su madre, junto a la de mi abuelo.
Toqué la puerta con suavidad.
—Hola, Eira… ¿cómo estás?
Quería asegurarme de que te sintieras bien y cómoda aquí.
Sé que extrañas tu cama, tus cosas… tu mundo.
Ella levantó la vista, y su sonrisa bastó para que mi corazón, muerto desde hace siglos, diera un vuelco.
—Estoy bien, Emmet y mejor aún si es a tu lado, ven… quiero que te acuestes conmigo un momento.
Necesito tu consuelo.
Tragué saliva, tratando de mantener la compostura.
—Claro, Eira —respondí con voz ronca.
Me recosté junto a ella.
Apenas pasaron dos minutos antes de que se moviera, colocándose sobre mí.
Su cabello cayó como una cascada dorada sobre mi rostro, su respiración se mezcló con la mía… y entonces la sentí.
Eira me besó con una urgencia desconocida, devorando mis labios como si en ese contacto se jugara su vida.
Y fue en ese instante, entre su calor y mi inmortalidad, que comprendí lo que mi abuelo decía: nuestra unión no solo era inevitable… era el inicio del despertar de su poder.
decía si nos uniamos tendría que sentir su poder en ella Eira espera, pero sentí cómo sus labios devoraban los míos, le di la entrada a mi boca y tenía razón mi abuelo entre más rápido sea esto será mejor, así que rápido me puse arriba de ella, eira esta noche serás mía, así que empecé a besar su cuello sentía como nuestras respiraciones se volvían pesadas, erraticas, sus pezones eran como.botones no dude en succionar los, eira te necesito, necesito estar dentro de ti cariño, deseo fundirme a tu lado está noche, no se si me seguiría mi ritmo, pero esta noche la llevaría al placer más delicioso que hay entre lo superficial, sabía que eira no era virgen pero no sabía si podría con mi miembro, pero no fui delicado con ella cada embestida qué daba ella gritaba por toda la habitación Tranquilo emmet, no me voy a ir amor, shh eira tomaras todo lo.que te de, esta noche querida, cada embestida era más inte sa entre besos y jadeos me vine adentro de ella, pero no sentí nada, que raro no decidí esperar y decidí tomarla toda.la noche se que la cansaría pero necesito acabar rápido esto.
—Emmet, cariño… no estamos usando protección —susurró Eira, su voz aún temblando entre mis labios.
—No la necesitamos, mi reina —respondí sin apartar mis ojos de los suyos—.
Pronto lo comprenderás.
No importa lo que ocurra después… esta unión es necesaria.
La besé una vez más, con la intensidad de quien mezcla deseo y destino.
Esa noche fue interminable, una sucesión de suspiros, promesas y energía ancestral recorriendo nuestros cuerpos.
No me detuve hasta que ella, agotada, se quedó dormida entre mis brazos.
Mientras la observaba, envuelta en las sábanas, pensé en lo que mi abuelo había dicho: la unión despertará su poder.
Mañana vería si eso era cierto.
Pero no podía apartar de mi mente el rostro de Guisell.
Durante tanto tiempo creí que era la víctima… y resultó ser la cazadora.
Una crueldad que no imaginé.
Vaya sorpresa.
Al amanecer, los primeros rayos del sol se filtraron por las cortinas.
Me acerqué a Eira, que aún dormía profundamente.
—Eira, cariño, debes despertar.
Tienes que recuperar fuerzas… vamos a desayunar, querida.
Ella abrió los ojos lentamente y sonrió con picardía.
—Oh, Emmet… después de anoche creo que necesitaré una doble porción de desayuno.
Nunca imaginé que fueras tan codicioso de mi cuerpo… y tan incansable.
No pude evitar sonreír.
—Es porque no soy un humano ordinario, Eira, hay algo que debes saber.
Pero antes… dime, ¿cómo te sientes?
—Me siento… increíble, Emmet —respondió, tocándose el pecho, como si su corazón latiera distinto.
—Perfecto.
Pero prométeme que, si notas algo extraño, me lo dirás.
¿De acuerdo?
Ella me miró confundida.
—¿A qué te refieres?
¿A que no usamos protección y podría quedar embarazada?
—rió nerviosa—.
Sería una locura, Emmet.
No quisiera eso todavía, somos jóvenes… debemos disfrutar, ¿no crees?
Qué ingenua, pensé.
Si tan solo supiera lo que realmente fluye en su sangre.
—Ve a tomar una ducha, te espero abajo para desayunar —le dije suavemente, levantándome—.
Debo ir a ver a mi abuelo.
En el camino hacia su despacho, me crucé con la madre de Eira.
Su sonrisa me pareció forzada, casi antinatural.
—Hola, Emmet —dijo con un tono dulce que no me engañó—.
¿Cómo dormiste anoche?
Aunque… no creo que mucho, ¿verdad?
Apreté los dientes.
A veces no sé qué pretende esta mujer, pensé.
Es tan falsa que debería regresar a su casa.
—Disculpe, señora, si la hice pasar una mala noche.
No volverá a ocurrir —contesté con un leve gesto.
Ella soltó una risa baja.
—Oh, Emmet, no tienes por qué disculparte.
Tú y mi hija se aman, y son jóvenes… disfruten, querido , me imagino que Eira estará descansando.
—Se está duchando.
Pronto bajará a desayunar.
Si me disculpa, debo ver a mi abuelo.
—Claro, Emmet —respondió, aunque su sonrisa se mantuvo congelada.
Al llegar al despacho, toqué la puerta.
—¿Puedo pasar, abuelo?
—Entra, hijo.
Dime, ¿qué sucede?
—Aún no pasa nada con Eira… Me uní a ella anoche, pero no noto ningún cambio.
Mi abuelo lo pensó un instante antes de hablar.
—Tranquilo, Emmet.
Debes tener paciencia.
Los dones de su linaje no se despiertan de inmediato.
Ven, acompáñame al comedor.
Además… he sido contactado.
Les informé que ya tenemos a la elegida.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
El destino de todo un reino descansaba ahora en las manos de una joven que aún no sabía quién era… ni el poder que dormía dentro de ella.
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