La novia del rey vampiro - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 21 ¡¡Advertencia en mis sueños!!
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21: ¡¡Advertencia en mis sueños!!
21: ¡¡Advertencia en mis sueños!!
Punto de vista de guisell.
Tío por favor ya basta me estas lastimando, para ya por favor no podía creer que tuviera una vida de esclavos.
– Oh guisell eres increíble nos pasaremos increíbles días, sentí como otra vez ese líquido caliente salia entre mis piernas, podía sentir su aliento asqueroso en mi cara gimiemdo como cerdo.
– Tío ya me puedo ir?
—Claro que no, Guisell —dijo mi tío con voz firme—.
Pediré comida a domicilio.
Te bañarás aquí… y de aquí no saldrás.
Comida… ¿podré comer comida de verdad?
No lo podía creer.
¿Y ducharme?
¿Con agua caliente?
Pero… ¿a qué precio lo estoy pagando?
Sentí que mis ojos se inundaban de lágrimas al pensarlo.
Me apresuré a ir al baño.
Cuando el agua caliente comenzó a caer sobre mi cuerpo, un estremecimiento recorrió mi piel.
Hacía tanto tiempo que no sentía algo tan simple, tan humano.
El vapor llenaba el pequeño baño, y cerré los ojos, dejando que el agua se llevara un poco de mi tristeza.
Tomé una de las botellas que había en el estante —mi tía tenía muchas, de diferentes colores y aromas—.
Elegí la primera al azar.
Al abrirla, el aroma a fresas dulces me envolvió por completo.
Era un olor tan delicioso, tan suave… que casi me hizo llorar otra vez.
Me lavé el cabello lentamente, disfrutando la sensación.
Había olvidado lo que era sentirse limpia.
Después, me vestí con la poca ropa que tenía y salí del baño.
El cuarto olía increíble.
Mi tío había acomodado una pequeña mesa con dos sillas, y sobre ella humeaba un plato de comida.
El aroma era tan tentador que se me hizo agua la boca.
—Ven, Guisell, siéntate aquí —dijo él, sonriendo con una amabilidad que me resultaba extraña—.
Mira, son albóndigas.
Sé que te gustan.
También hay espagueti, pan y ensalada.
Por primera vez, mi tío se comportaba de una forma casi tierna, atento, como si de verdad le importara.
Frente a mí había un plato lleno de mis comidas favoritas.
No comía albóndigas desde hacía años.
Me senté, y él me sirvió un buen plato.
Cuando probé la primera albóndiga, sentí un nudo en la garganta.
El sabor era tan real, tan cálido, que mis ojos se llenaron de lágrimas.
Traté de contenerlas; no quería que mi tío me viera llorar.
Saboreé cada bocado, el espagueti suave, el pan recién horneado, caliente y esponjoso.
Durante tanto tiempo solo había comido pan duro… pan que ni siquiera era para humanos, sino para los cerdos.
Mientras comía, noté que mi tío me observaba con una mirada fija, casi hipnótica.
No quise prestarle atención; tenía demasiado miedo de perder ese momento de paz.
Solo quería comer, llenarme, aprovechar cada bocado… porque no sabía cuándo volvería a hacerlo.
Cuando terminé, me sentí exhausta.
El calor del baño, la comida y la extraña calma del momento me pesaban en el cuerpo.
Me acosté en la cama.
Era tan suave, tan distinta a las tablas frías donde solía dormir, que me dormí encogida, buscando sentirme protegida.
Últimamente me sentía débil, cansada… demasiado.
Pronto me encontré en un sueño.
Estaba en un bosque enorme, cubierto de un manto de neblina plateada.
Los árboles parecían murmurar mi nombre.
A lo lejos se alzaba un castillo majestuoso, y más allá se extendía una ciudad luminosa, llena de vida.
Pero no estaba sola.
Sentí una presencia.
Detrás de un árbol, alguien me observaba.
—¿Hola?
¿Quién está ahí?
—pregunté, mi voz temblaba entre la brisa.
No hubo respuesta.
Di unos pasos hacia el árbol, y de pronto apareció una mujer.
Era hermosa, tan hermosa que parecía hecha de luz.
Su vestido blanco brillaba como si estuviera tejido con hilos de luna.
—Hola, Guisell —dijo con una voz suave, como un canto—.
No tengas miedo.
No huyas.
Acércate a mí.
Me quedé inmóvil.
No entendía cómo sabía mi nombre, pero algo dentro de mí me decía que no debía temer.
Había paz en su presencia.
Paz… y una tristeza infinita.
—Ven, Guisell.
Debo hablar contigo —añadió mientras extendía su mano.
La tomé sin pensarlo.
Su piel estaba tibia, y una corriente de energía recorrió mi cuerpo.
Caminamos juntas hasta una pequeña banca de piedra cubierta de musgo, y nos sentamos.
—Escúchame con atención, mi niña —dijo la mujer con urgencia—.
No tenemos mucho tiempo.
Pero no te dejaré sola.
Seguiré apareciendo en tus sueños.
Sus ojos, tan claros como el agua, se llenaron de compasión.
—Sé que has pasado por cosas horribles, Guisell.
Pero debes ser fuerte.
Pronto vendrán cosas peores.
Mi corazón se detuvo un instante.
¿Cosas peores?
¿Peores que esto?
No… no quería escuchar más.
—En tu vientre llevas vidas, Guisell —continuó ella, y sus palabras me helaron—.
Pero esas vidas no durarán mucho.
No fueron concebidas con amor.
Sentí que el aire me faltaba.
—Tú no eres de este mundo —dijo la mujer con voz serena—.
Despertarás recuerdos, visiones, poderes… No te asustes.
Deja que la vida siga su curso.
—¿Qué estás diciendo?
—murmuré—.
¿Qué tengo vidas en mi vientre?
¿Quieres decir que… estoy embarazada?
Mi voz se quebró.
No podía ser.
No… no quería creerlo.
Y menos si… si el hijo era de mi tío.
Las lágrimas me nublaron la vista.
De pronto, todo se desvaneció.
Desperté alterada, jadeando.
Mi corazón latía con fuerza.
La habitación estaba en penumbras… y allí, sentado en la silla frente a la cama, estaba él.
Mi tío.
Me observaba.
Y esa mirada… era hambrienta.
Guisell despertaste justo a tiempo querida, pensé que tendría que despertarte, sabes no puedo creer que alguien tan hermosa como tu este aquí en mi cama, tienes un cuerpo increíble guisell, con curvas extraordinarias ahora entiendo porque mi hija y mi esposa te odian, te odian porque eres más hermosa que ellas y tienes el cuerpo increíble.
– Tío déjame dormir por favor pero parece que, solo abusaria de nuevo dejándome pegajosa de nuevo, no quise dormir así y fui a ducharme y a observar mi estómago en el espejo y quede en shock.
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