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La novia del rey vampiro - Capítulo 23

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Capítulo 23: Aborto

Mi tío se durmió rápidamente, y supe que esa era mi oportunidad. Tenía que escapar esa misma noche. Tomé la bolsa que ya tenía preparada, con mis pocas pertenencias y el dinero que le había quitado sin que se diera cuenta. En silencio, conteniendo la respiración, comencé a caminar hacia la salida de la recámara. Antes de abrir la puerta, me aseguré de que siguiera dormido.

Podía sentir la libertad en la boca, casi saborearla, pero el miedo no me soltaba. Aun así, estaba segura de que cualquier cosa sería mejor que seguir viviendo ahí.

Con la llave que le había sacado a mi tío, abrí la puerta cuidadosamente. El pasillo estaba en penumbra. Sentía que estaba a solo unos pasos de mi libertad, así que me apresuré… pero justo cuando puse un pie afuera, choqué con alguien.

Al levantar la vista y reconocer quién era, sentí que mis piernas se congelaban y que el aire me abandonaba los pulmones.

—¿Qué haces aquí? —gritó—. ¡Guisell, por qué carajos estás en mi recámara! ¡Responde!

No podía creerlo. Era mi tía. Se suponía que no llegaría ese día, y mucho menos a esa hora. La luz tenue del pasillo fue suficiente para confirmar que no era un fantasma. Sus gritos despertaron a mi tío, que salió pálido, desorientado.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó—. Amor, ¿acabas de llegar? ¿Guisell, qué haces en nuestra recámara?

—¿Qué está pasando? —exigió mi tía—. ¿Por qué está ella aquí? ¿Qué estabas haciendo con ella?

—Nada, amor, no sé qué está pasando —respondió él, nervioso—. No sé por qué está aquí.

No tuvo tiempo de decir más. Sentí cómo mi tía me jaló del cabello con fuerza y comenzó a arrastrarme por el pasillo.

—¿Así que quieres quitarme a mi esposo, estúpida?

—¡No, tía, por favor! ¡No hice nada! —supliqué entre sollozos.

De pronto se detuvo y vio la bolsa.

—¿Y esto? ¿Acaso me estabas robando?

—Tía, por favor, para…

No me dejó terminar. Tomó un palo que tenía cerca y empezó a golpearme en la espalda. Caí al suelo. Cuando logré darme la vuelta, vi cómo su mirada se clavaba en mi vientre.

—¿Qué es esto, Guisell? ¿Por qué tienes la panza así?

Su voz temblaba.

—No… no puede ser… ¿Estás embarazada?

Sus labios temblaban, había miedo… y algo más.

—¿Quién te embarazó? ¿Quién fue?

Levantó la vista lentamente hacia mi tío.

—Tú hiciste esto, ¿verdad? —le gritó—. ¡La tocaste! ¿Cómo te atreves a tocar a tu propia sobrina, sucio!

—No, cariño, yo no la toqué —se defendió—. Seguro se escapó y anduvo de fácil.

—¡No te creo! ¡La tocaste!

—Tal vez se metió a mi cama, como ahora —dijo—. Ella se me insinuó. Tú acabas de ver que estaba saliendo de nuestra recámara.

Mi tía me miró con desprecio.

—Eres la peor zorra. Si tus padres vieran esto, se volverían a morir de la vergüenza. Pero esto no se va a quedar así.

Entonces levantó el palo y comenzó a golpearme en el vientre.

—¡Tía, no lo hagas, por favor! —grité desesperada.

Con mis manos intenté cubrirme, proteger a mis bebés, pero los golpes no paraban. Ya no sentía mis manos. Había sangre en ellas. El dolor era insoportable, sentía que iba a desmayarme. Mi tía solo gritaba, pero ya no entendía sus palabras.

De pronto sentí un líquido caliente correr por mis piernas y supe que todo había terminado.

¿Por qué tenía que sufrir así?

¿Por qué yo?

¿Qué había hecho para merecer tanto dolor?

La oscuridad me envolvió.

Desperté por la mañana con un dolor agudo entre las piernas, en el vientre y en las manos. Apenas podía mover los dedos. Con mucho esfuerzo me levanté… y lo vi. Eran los bebés.

Salí como pude al patio trasero y los coloqué dentro de una maceta entre tulipanes. No dejaba de llorar ni de lamentarme. Luego me arrastré hacia el sótano, pero antes de entrar, unos hombres me sujetaron de los brazos.

—¡Por favor, suéltenme! ¿Qué hacen?

Me arrastraron por la casa. En la salida estaba mi tía.

—¿Qué pensabas, Guisell? ¿Que te dejaría salir con la tuya? Desde hoy serás una esclava en la ciudad.

Mientras les gritaba a los hombres que me llevaran.

Mi destino no podía ser peor que quedarme ahí. Así que dejé de resistirme cuando me arrojaron dentro de una jaula y si me llevaron con ellos, ahora no se que me espera en la ciudad.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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