Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

La novia del rey vampiro - Capítulo 4

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. La novia del rey vampiro
  4. Capítulo 4 - 4 la cueva de lobos
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

4: la cueva de lobos 4: la cueva de lobos Punto de vista de Emmet ¿Quién es esa mujer que tanto le provocó temor a Guisell?

La imagen de sus ojos aterrorizados me invade la mente y aprieto fuertemente el puño.

La rabia me hierve en la sangre.

¿Por qué la habría asustado así?

Harto de la falsedad que me rodea, me marche al bosque con paso firme, necesitando a solas contemplar la luna.

No tengo ganas de lidiar con personas que solo piensan en lo superficial.

El claro del bosque, mi refugio, está bañado por una luz plateada que se filtra entre las ramas de los robles centenarios.

El musgo brilla tenuemente y el aire fresco de la noche transporta el aroma de tierra húmeda y hierbas silvestres.

Me recargo contra la corteza rugosa de un árbol anciano, dejando que la quietud me calme.

Pero de repente, todo cambia.

El viento arrastra un nuevo aroma, dulce y metálico: el inconfundible olor a sangre humana.

Una sonrisa instintiva se dibuja en mis labios.

Mi cena se acerca.

Me lamo los colmillos, anticipando el momento.

Sin embargo, la paz no se rompe por unos pasos cautelosos, sino por una voz chillona que corta el silencio como un cuchillo.

—¡Hola!

Tú eres Emmet, ¿verdad?

¿El nieto del ministro de nuestra ciudad?

Me giro y la veo.

Es una mujer bonita, es cierto.

Su cabello rubio como el trigo le llega hasta la espalda baja, ondeando con un brillo artificial bajo la luz de la luna.

Sus ojos son de un azul intenso, como el mar en un día de verano, pero en su profundidad no hay calma, solo olas de una maldad sutil y arrogante, igual que en todos los demás.

Todos excepto Guiselle.

Lleva un vestido amplio y elegante de seda azul celeste, con encajes y cintas, la imagen misma de la riqueza y la frivolidad.

—Hola.

Sí, soy el nieto del ministro —respondo, mi voz más fría de lo que el aire nocturno—.

¿Y tú eres?

—¡Soy Eira!

Mi padre es el alcalde, y este es mi bosque —anuncia con una sonrisa de superioridad, como si incluso los árboles le deberían el aire que respiran.

Con que eres la hija… Eira.

Me acerco lentamente, rodeándola como un depredador evalúa a su presa.

El aroma de su sangre es embriagador, pero hay algo más en ella, un perfume cargado y empalagoso que intenta ocultar su esencia.

—Dime, ¿cómo me encontraste en el bosque?

Es peligroso para alguien como tú andar sola por aquí.

—¡Oh, no te preocupes, Emmet!

Me encanta el bosque, vine a dar un paseo y, ¡qué casualidad!, me encontré contigo.

Y sé que estoy segura contigo —responde, con una seguridad que raya en la ingenuidad más estúpida.

Los hombres como yo somos los más peligrosos de todos, pequeña tonta, pienso.

Continúo caminando a su alrededor, y la pregunta que realmente me quema por dentro sale con un tono casual.

—Dime, ¿conoces a la chica que anda por ahí?

ando con un vestido roto y sucio ¿La de nombre Guisell?

Su reacción es instantánea e ilustrativa.

Se pone nerviosa, sus dedos se enredan en los pliegues de su vestido.

Y entonces, como una máscara que se resquebraja, surge en su rostro una mueca de odio y asco tan puro que casi puedo saborearlo en el aire.

—Oh, disculpa, señor, si te molestó.

Ella es… muy torpe y no sabe de modales.

Mis padres la acogieron cuando quedó huérfana; dijo muy complaciente con ella.

Pero es rebelde y testaruda.

Siempre anda imponiendo modas raras, ¿sabes?

Le gusta andar sucia… Me disculpo en su nombre si te molestó, señor.

Sus palabras son vacías, venenosas y falsas como monedas de oro de juguete.

Cada sílaba confirma lo que ya sospechaba: Guisell sufre, y esta mujer frente a mí es una de las causas.

—Muy bien, Eira —digo, y en un movimiento rápido, rodeo sus hombros con mi brazo, atrayéndola hacia mí con una falsa camaradería—.

Te acompañaré a tu palacio.

No es seguro.

Una chispa de triunfo ilumina sus ojos azules.

Cree que es una victoria, que he caído en su juego.

Camina con una gracia afectada a mi lado, mientras avanzamos por el sendero que lleva de vuelta a la ciudad.

El contraste no puede ser mayor.

Dejamos atrás la paz del bosque y llegamos a los imponentes portones de hierro forjado de la mansión del alcalde.

El «palacio», como ella lo llama, es una estructura de mármol blanco con fuentes iluminadas y jardines impecables y simétricos, un lugar donde la naturaleza ha sido domada y sometida para demostrar poder.

Al entrar en el salón principal, las miradas se clavan en nosotros inmediatamente.

La habitación es vasta, con techos altísimos decorados con frescos de dioses olvidados, candelabros de cristal despiden una luz dorada que se refleja en el suelo de mármol pulido.

Los vestidos de seda y las chaquetas impecables de los invitados forman un mosaico de colores vibrantes y susurros sofocantes.

Y entonces, se acerca a ella.

Una mujer de edad madura, vestida con un austero y carísimo vestido negro de terciopelo.

Su cabello está recogido en un severo moño que no deja escapar un solo cabello fuera de lugar.

Su entrada es elegante, fría, calculadora.

Pero son sus ojos los que me paralizan.

Son del mismo azul gélido que los de Eira, pero infinitamente más viejos y vacíos.

Y los reconozco al instante.

Son los ojos que vi en la ventana.

Los ojos que observaban, impasibles, el terror de Guisell.

—Buenas noches, señor —dice con una voz suave como la seda, pero tan fría como el hielo—.

Soy Charlotte, la madre de Eira.

Es un honor recibir al nieto del ministro en nuestra humilde morada.

Todo, de repente, encaja.

El odio de Eira, el miedo de Guisell, la elegancia cruel de esta mujer.

No estoy en un salón.

Estoy en la guarida del lobo.

Y Guisell está atrapado aquí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo